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Columnas Humo blanco en América del Norte

Diálogo empresarial

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Finalmente, luego de más de un año y medio de intensas y por momentos complicadas negociaciones, México, Estados Unidos y Canadá reafirman su voluntad de continuar trabajando como socios comerciales. Lo que durante 24 años conocimos como Tratado de Libre Comercio o Nafta, se llama ahora Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (Uscma por sus siglas en inglés). No es poco lo que estaba en juego. Tan sencillo como que la derrama económica anual derivada de esta sociedad comercial fue calculada en 566 mil 482.4 millones de dólares durante 2016, más de cinco veces superior a los 84 mil 920.3 millones registrados en 1993, previo a la entrada en vigor del TLC. El presidente Enrique Peña Nieto puede despedirse con la tranquilidad de haber llevado a buen puerto una negociación que hace menos de un año parecía complicadísima. En las primeras semanas de Donald Trump en la Casa Blanca, en medio de un clima de hostilidad y desencuentros, no fueron pocos los expertos que pronosticaron el inminente fin de este acuerdo trilateral. La renegociación puede considerarse desde ahora un éxito histórico de la diplomacia mexicana. Justo es reconocer que el canciller Luis Videgaray y su equipo tuvieron siempre muy claro el objetivo y jamás claudicaron, ni siquiera cuando el escenario lucía turbulento. La capacidad como negociador mostrada por Videgaray y su buena relación personal con Jared Kushner, yerno de Trump, fueron fundamentales para mantener vivo el diálogo e inclinar la balanza favorablemente cuando la situación era más tensa. Hay que destacar también la labor del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, cuya perseverancia fue clave en el acuerdo. Ahora, a reserva de la aprobación de los respetivos congresos, tendremos un acuerdo comercial vigente por los próximos 16 años, sujeto a revisión cada cinco. Los mayores cambios se dan en el sector automotriz, que se mantiene libre de aranceles, pero siempre y cuando se garantice un 75% (y ya no un 62%) de fabricación con sello regional; el automóvil debe contener un mínimo de acero y aluminio procedente del país fabricante, y el 45% del producto final debe ser manufacturado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares la hora. También se introducen importantes cláusulas referentes a las nuevas tecnologías de la información, al comercio en línea y a la propiedad intelectual. En el último momento, cuando México y Estados Unidos ya estaban llegando a un acuerdo, lo más complicado parecía ser que Canadá se sumara. Un desacuerdo en materia de exportación de lácteos estuvo a punto de hacer que el país de la hoja de maple se quedara fuera del acuerdo comercial. El primer ministro Justin Trudeau convocó a una reunión de gabinete en Ottawa a altas horas de la noche y literalmente en el último minuto los canadienses se sumaron. Esta renegociación es una de las mejores noticias para el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y para su canciller Marcelo Ebrard, que podrán empezar a trabajar el 1 de diciembre con la tranquilidad de saber que el acuerdo ha sido negociado favorablemente. El acuerdo a su vez, nos condiciona como socios a no emprender ninguna política de gasto irresponsable y a mantener finanzas públicas sanas. Por lo que a los empresarios de la frontera respecta, la continuidad de nuestra sociedad comercial en América del Norte resulta alentadora y estimulante. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar y a emprender en un entorno de competencia e intercambio global y estamos listos para los retos del futuro mediano e inmediato. Al final, los tres países hemos salido ganando y hay razones para ser optimistas. * El autor es presidente del Consejo Coordinador Empresarial Tijuana.

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