Columnas Así se vieron

De política y cosas peores

Por Catón  

López Obrador debe estar agradecido con Jaime Rodríguez Calderón: lo salvó de quedar en último lugar en la calificación que puse a los aspirantes a la Presidencia después del primer debate en que participaron. La aberrante -me resisto a usar el calificativo "estúpida"- propuesta que hizo El Bronco de cortarle la mano a quien incurra en corrupción o robo lo vuelve por sí sola indigno de estar en la contienda. Ni siquiera como artimaña para hacerse notar es admisible esa torpe, grotesca sugerencia. Por su parte AMLO evidenció una falta absoluta de recursos para debatir, una ineptitud total para desenvolverse ahí donde no está rodeado de sus incondicionales. En el debate se le vio nervioso, aturrullado, incapaz de responder a los cuestionamientos que se le hicieron, evasivo. Buena parte del tiempo se la pasó agachado, buscando papeles en vez de dar la cara. Beber de la botella de agua ante las cámaras hizo pensar que tenía la boca seca. Sus adeptos deben estar preocupados ante el paupérrimo desempeño de su líder. El tercer lugar de mi calificación lo ocupó Meade, que no estuvo ni bien ni mal sino todo lo contrario. Ni fu ni fa. Si algún adjetivo le cuadra es "anodino". Apareció sin fuerza, sin mística, sin determinación. Su voz, débil y carente de matices, no le ayuda nada. Y sin embargo fue Meade quien le asestó el mejor golpe a López Obrador con el asunto ese de los departamentos que AMLO ofreció regalarle si le probaba que son suyos. Meade presentó ya el registro de dos de ellos a nombre del tabasqueño, y en buena ley éste deberá entregarlos al candidato priista, pues conforme a derecho un bien es propiedad de la persona a cuyo nombre aparece inscrito en el Registro Público de la Propiedad, más allá de arreglos privados que el propietario haya hecho. Pese a todas sus argucias y artimañas López Obrador debería cumplir el ofrecimiento que hizo ante millones de espectadores si no quiere aparecer como un rajón que falta a su palabra. En este caso Meade, a quien el tabasqueño llama "ternurita" con machacona y monótona insistencia, lo puso en un aprieto nada tierno. Otro buen golpe lo dio El Bronco cuando le dijo a AMLO, a propósito del avión presidencial, que no anduviera vendiendo lo que no le pertenece. En segundo lugar coloqué a Margarita Zavala. Me sorprendió por eso conocer la opinión según la cual fue la que más decepcionó. Ciertamente se le observó sobreactuada, con ademanes excesivos y perdiendo la serenidad ante las alusiones a la gestión de su marido, pero en general estuvo asertiva y segura. Su intervención final fue la que mejor me pareció. En los próximos debates deberá ser más ella misma, pues su peinado y maquillaje impidieron ver a la verdadera Margarita, sencilla y natural. El indiscutible ganador fue Anaya. A diferencia de López Obrador, dio a ver que tiene estatura de Presidente. Con su excelente desempeño hizo pensar a muchos que podría vencer a AMLO. Si el prigobierno recobrara la razón dejaría de atacar a Anaya y propiciaría que el voto útil fuera para él. El desprestigio del régimen, empero, seguirá favoreciendo mayormente a López Obrador. Pese a su aplastante derrota en el debate será difícil que su popularidad baje significativamente en las encuestas, pues así como el PRI cuenta con su voto duro, el candidato de Morena cuenta con su voto ciego. La inmensa mayoría de sus seguidores son, más que ciudadanos, feligreses que miran en AMLO a su pastor, al redentor que los sacará de pobres. Así pierda éste mil debates sus adeptos no cambiarán su voto. Sin embargo todavía falta tiempo para la elección. López Obrador se pondrá en riesgo si sigue creyéndose el seguro ganador. FIN.

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