Columnas Elecciones en Brasil

Casillero

Por Ignacio Calderón Tena

“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.” Winston Churchill Este domingo se llevó a cabo en Brasil, a través del mecanismo de segunda vuelta electoral, (figura que deberíamos tener en México y de lo que hemos hablado bastante), la elección del candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro, el cual ha dado mucho de qué hablar por sus comentarios misóginos, en contra de los grupos LGBT, así como en contra de cualquier movimiento de izquierda. Daniel Cossío Villegas y Enrique Krauze, mencionan que en México existe la “ley del Péndulo” que significa que después de tener un gobierno abierto al exterior, por ejemplo, el siguiente será uno opuesto y que cada sexenio nos ha tocado ver esquemas diferentes al anterior. Esto lo he observado que se repite en otras latitudes, como en los Estados Unidos, que después de varios gobiernos abiertos y sobre todo tolerantes, como los de Clinton y Obama llega otro conservador e incluso xenófobo. Esto mismo le ha ocurrido a Brasil, quien después de cuatro victorias consecutivas del PT y de la izquierda, con Lula da Silva y Dilma Rousseff entre 2002 y 2014, han optado ahora por un gobierno diametralmente opuesto a los anteriores. Bolsonaro fue un candidato irreverente, como lo fue Trump en los Estados Unidos, o López Obrador en México y mucho de esto le ganó las simpatías de los grupos opositores al régimen, sin embargo, muchas de sus propuestas representan un serio peligro para Brasil, como lo es la defensa de la pena de muerte o que decir de su cercanía con la Iglesia Universal del Reino de Dios, conocida en todo el continente con el famoso: “pare de sufrir”, que logró en 2016 colocar a uno de sus obispos como alcalde de Río de Janeiro. De origen militar, Bolsonaro colocará como Vicepresidente al General Hamilton Mourão, así como varios de sus ministros y desde luego distintos legisladoras que llegaron al congreso por el “efecto bolsonaro”. Bolsonaro condena públicamente la homosexualidad y se opone a la aplicación de leyes que otorguen derechos a las personas LGBT, como el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de hijos por parejas homosexuales, además de la alteración en el registro civil para transexuales. Llama la atención que una de sus principales propuestas sea permitir a la población en general, la portación de armas como una medida para garantizar la seguridad. Apoyar penas duras para crímenes de violación, que incluyen la castración química voluntaria a cambio de la reducción de la pena y desde luego otorgarles un cheque en blanco a las policías que deban usar sus armas, ofreciendo un respaldo total del gobierno por las muertes que causen en el ejercicio de su trabajo. Al final, un común denominador a la realidad mexicana ganó en Brasil, los grandes escándalos de corrupción de los anteriores gobiernos ayudaron para que la población optara por una opción de gobierno distinta, con la esperanza de encontrar una mejor solución a sus problemas. * El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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