Columnas La dispersión del poder

Casillero

Por Ignacio Calderón Tena

“El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad” Fénelon Para las matemáticas, la dispersión se refiere al nivel de distanciamiento que hay entre un conjunto de valores respecto a un valor medio. En política el fenómeno es similar, pues tiene que ver cuando la actividad pública recae en distintas fuerzas políticas que muchas veces son antagónicas entre sí y distanciados de los valores de un plan común. Antiguamente, La concepción tradicional del poder en los diferentes sistemas internacionales se basaba en un análisis considerando a los estados como unidades básicas que estructuraban el sistema a partir de sus patrones de interacción en condiciones de anarquía, es decir, de ausencia de una autoridad que se superpusiera y regulara sus acciones. Es precisamente de esa época la formulación de conceptos tales como bipolaridad y hegemonía. Efectivamente, si se concibe el poder como un todo, las opciones son específicas: fraccionamiento del poder que correspondería a una disposición de fuerzas similares; multipolaridad, la existencia de varios centros de poder, cada uno con sus áreas de influencia; bipolaridad, dos grandes polos; unipolaridad, un gran centro de poder que regula la política internacional y que equivaldría a la hegemonía en el sistema y, por último el imperio en el cual todas las unidades perderían su independencia ante ese gran centro de poder. El tema del poder y la autoridad, lo asume de manera muy puntual Alexis de Tocqueville, el cual se fundamenta en el hecho de que aquella autoridad nombrada por la mayoría, no es un criterio infalible y puede colocar al frente de un gobierno no necesariamente al más capaz, con el resultado de que se otorga el poder a alguien que en realidad carece de autoridad por no contar con méritos para el ejercicio de la función pública. En las democracias modernas, la dispersión del poder tiene que ver con la necesidad de coaligarse con distintas fuerzas políticas para lograr hacer gobierno. Cada día es más frecuente que los gobiernos pacten sus programas de gobierno con otros grupos cediendo en algunos puntos para conseguir avanzar en esquemas democráticos. El estado de derecho, las instituciones y una sociedad civil participativa, son elementos fundamentales para construir la gran nación democrática, próspera y equitativa que deseamos. Por eso en la medida en la que aumenta el apoyo de los ciudadanos al estado de derecho, se margina el comportamiento ilegal. Los ciudadanos dejan de ser observadores neutrales y se vuelven partícipes del estado de derecho al denunciar los delitos y evitar las prácticas de corrupción. En el caso de México, estamos frente a un escenario en donde la dispersión del poder se vuelve algo del pasado. La nueva composición del Poder Legislativo permite que el Ejecutivo que entrará en vigor en diciembre próximo, pueda maniobrar sin necesidad de pactar con otros sus proyectos, lo cual es positivo, aunque también suele ser un riesgo si ese poder no viene acompañado de principios rectores que eviten la tentación de caer en el absolutismo, como ocurría en el pasado. La moneda está en el aire. * El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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