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Columnas Los negocios y la ética

Casillero

Por Ignacio Calderón Tena

“Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.” Albert Camus La empresa es un factor fundamental de la convivencia social, no solamente desde su rol de animadora de la economía, de proveedora de recursos materiales destinados a satisfacer las necesidades de los hombres, sino también desde el de promotora de su autorrealización. Sus decisiones condicionan el presente y el porvenir de la sociedad, por lo que resulta indispensable que las mismas se adopten en el marco de la ética y de la honestidad de las costumbres. La empresa es una unidad económica, en la cual están agrupados y coordinados - alrededor de un proyecto a realizar en conjunto - los factores materiales y humanos de la actividad económica; en un espacio de libertad, de creatividad, de realización y de fraternidad, la empresa constituye el punto de encuentro de quienes aportan el capital, la materia gris y la capacidad de trabajo hacia una causa final: el cliente. Día a día el hombre se encuentra frente a dilemas que debe responder. ¿Es esto bueno para mi empresa?, ¿debo hacer esta transacción o no? No hay empresario que se salve de las decisiones. El buen empresario no es aquel que le salva la vida a las personas que no quieren prosperar, es el que sabe decidir bien para que sus acciones lo orienten a conseguir una vida plena. El buen empresario busca hacer lo correcto. Esta postura es una decisión radical, una opción de vida que nos obliga a aceptar la evidente valoración de nuestro alrededor. Cada acción se nos presenta, siempre, con algún valor: nos parece buena, mala, conveniente, incómoda, etcétera. El empresario ético se planta frente a las injusticias y trabaja por el completo y buen desarrollo de sí y de los hombres con los que se relaciona; el verdadero empresario es quien trabaja por el bien común, sustentando su camino en la justicia, que es dar a cada otro lo que es suyo y mantener para sí lo propio por derecho y en la benevolente búsqueda de beneficiar a cada otro y a sí. Cuando se habla de valores, tenemos que hacerlo en dos sentidos: aquellos valores que consideramos instrumentales y que hacen a la función específica del rol del empresario como lo es el crear, el emprender, el ser eficiente; y aquellos a los que llamamos fundamentales como ser la honestidad, la equidad y la justicia entre otros. Los primeros son medios que se justifican conforme a los fines a que los se destinan. Los segundos son fines en sí mismos y por ello son fundamentales. En este sentido, las conductas empresariales deben basarse en dichos valores fundamentales, en la interacción con los públicos con que la empresa actúa, llámese comunidad, autoridades, clientes, proveedores, competidores, personal, sindicato, accionistas y entidades financieras El empresario debe comprender que la práctica de conductas empresariales conforme a valores fundamentales es, además de un deber moral, la creación de un valor agregado para su empresa que por añadidura le dará mayor prestigio y desarrollo. * El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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