Columnas La urgente segunda vuelta electoral en México

Casillero

“La democracia es el peor sistema de gobierno. Con excepción de todos los demás.” Winston Churchill Se trata de un esquema surgido en Francia, en 1852 con la instauración del segundo imperio francés de Napoleón III y que toma singular importancia en la segunda mitad del siglo XX, principalmente en Europa, en donde hoy en día es una práctica común. Es un esquema que se utiliza en muchos países del mundo y tiene por objeto obtener un mayor consenso en la elección de candidatos cuando la arena electoral es muy competida y el triunfo de los candidatos puede ser cuestionada, como ocurrió en el 2006 en México cuando el Presidente Calderón ganó por 243,934 votos, que representaron menos del 1 por ciento sobre el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador. En este esquema de votación se busca que cuando en una elección presidencial ninguno de los candidatos supera un determinado porcentaje de los votos (por lo general mayoría absoluta), se realiza una segunda vuelta para decidir entre los dos primeros candidatos. Para evitar la aduana de la segunda vuelta electoral es necesario para el candidato en cuestión, obtener más de la mitad de los votos emitidos. Este ejercicio tiene, como todo, ventajas y desventajas. Entre lo positivo se puede destacar el hecho de que abona a aumentar el respaldo hacia un candidato, además de darle legitimidad, evitando que llegue al poder alguien que como en el caso del actual alcalde de Tijuana, que resultó electo por el 7.5 del electorado. Frente a estos escenarios, los votantes tendrían la responsabilidad de elegir entre las 2 fuerzas dominantes punteras, logrando un voto más reflexivo y menos sentimental. Los resultados electorales serían más contundentes. Como posibles desventajas estaría el hecho de que se generaría mayor gasto, sin embargo, si reducimos el presupuesto a partidos políticos se podría lograr esto sin aumentar el abultado costo de nuestras elecciones. Otro argumento en contra tiene que ver con la posibilidad de que, al tener, por decirlo así, 2 elecciones en vez de una, duplicaría la posibilidad de impugnaciones a dichos procesos, creo que se puede salvar con una revisión a la ley y sobre todo a los tiempos de impugnación. Me parece que los beneficios en materia de legitimidad, claridad y transparencia de los procesos electorales serían motivo suficiente para aplicar la segunda vuelta electoral que en la mayoría de los países ya se aplica con excelentes resultados. Hace poco leí un artículo de Enrique Krauze en el que menciona que las democracias se pueden suicidar cuando no se alimentan de la participación ciudadana, por eso resulta importante analizar si somos capaces como nación de avanzar hacia una mayor civilidad por la vía de modificaciones profundas a nuestras leyes e instituciones, de no lograrlo nuestra democracia seguirá instalada en la ambigüedad y la confusión que hoy nos agobia. En nosotros está que perdure y se perfeccione la democracia. No tengamos miedo a la segunda vuelta electoral. * El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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