Columnas ¿Desaparecen?, ¿huyen?

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Un joven que huye de su casa es una víctima de las circunstancias. Para que esto no suceda, debemos enseñarles cómo enfrentar sus problemas en lugar de huir de ellos. Con mayor razón si el problema son sus padres. Hay que enseñarlos a no huir de cualquier circunstancia que se le presente en la vida. Son muchos los adolescentes que abandonan su hogar. Cuando un hijo huye, es una situación difícil de afrontar. Suele suceder porque en la pubertad el desarrollo y los cambios hormonales transforman el cuerpo niño en cuerpo adulto. Pero a nivel psicológico también hay cambios. Este es el principal motivo que desencadena síntomas que muestran el "dolor". En este tiempo, el joven busca entre sus amistades las referencias, los afectos, los pilares sobre los cuales construir su identidad, olvidando los valores inculcados. La adolescencia es una época de rupturas y pérdidas. El adolescente se siente fuera de lugar, las normas que antes se le aplicaban de forma efectiva ya no sirven, penetran en él nuevos valores e inquietudes. Muchos entran en el caos y otros pasan sin problema. La rebeldía es necesaria para que el joven defina sus criterios. En muchas ocasiones el problema estriba en que los padres siguen tratándolos como niños, no teniendo en cuenta el crecimiento que se ha producido. O, todo lo contrario, casos en que definitivamente no les ponen atención alguna. Son jóvenes y necesitan orientación, apoyo y firmeza. La adolescencia es una prueba de fuego para el joven y para los padres. Aprender a ser padres también es un trabajo, aunque hoy en día muchos no se preocupan de eso. El asunto es identificar si los errores, cuando los haya, son del joven o de sus padres. Los niños no necesitan las 24 horas a sus padres, pero sí requieren cuidados básicos y, por supuesto, criterios claros y firmes. Generalmente los padres no piensan cómo hay que educar a los hijos, cómo hay que afrontar su crecimiento, incluso muchos no se han parado a solucionar sus propios problemas de pareja que suelen reflejarse en hijos problemáticos. No existe "varita mágica" para solventar un problema. Cada familia es distinta como lo es cada uno de los miembros que la integran. Sólo a través de la educación, la tolerancia, la paciencia es posible un crecimiento saludable. Tampoco hay que olvidar que en esta época de la vida hay depresión, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, psicosis, anorexia, bulimia, etc. Por lo que no hay que desatender cuando el hijo o hija se muestra "raro" en la adolescencia. Es la alarma de que algo falla. Los jóvenes que huyen de casa sólo están escapando de las presiones. La mayoría son niñas entre los 14 y los 17 años; y al contrario de lo que muchos piensan, la mayoría de estas adolescentes provienen de familias completas y acomodadas. Pasamos horas trabajando, no tenemos comidas familiares, luchamos contra el tráfico y luego solo queda tiempo para descansar. ¿Y los hijos? Los jóvenes requieren tiempo de calidad. Debemos enseñarles cómo enfrentar sus problemas, incluso si esos somos nosotros mismos. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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