Columnas Decir una mentira dice la verdad de nosotros

Águilas y serpientes

Por Rafael Liceaga

Es muy fácil comprobar si la gente ha cambiado o no. Solo vea las formas con las que se están promoviendo los candidatos en esta contienda electoral 2018. Unas más o menos decentes, y la mayoría engañosas, simuladoras, sucias y ridículas, que es lo de siempre. Y en esta ocasión, para bajar del primer lugar a su principal rival. Y para saber también si los ciudadanos hemos cambiado, solo vea todo lo que sube y comparte la gente en sus muros de redes sociales, pocos promoviendo a su candidato y muchos ayudando a difundir las barbaridades. Pocos son los que juegan limpio. Así, vemos la fotografía instantánea de lo que somos: diseño absoluto del enemigo. Mañosos incurables. Vea usted. Los candidatos que dicen que uno de ellos es un peligro para México, son los peligrosos de siempre. Los que dicen que el otro miente, son los mentirosos de siempre. Los que critican las propuestas de los otros y señalan que son irrealizables, son los mismos que pocas veces han realizado las suyas. Los que dicen que los otros están rodeados de ladrones, son los que siempre han encubierto a los ladrones. Ninguno puede convencer con el ejemplo. Dejemos a los tontos que compartan tonterías que otros tontos, tontamente, inventan. Detrás de cada bobo, siempre habrá un engañabobos que lo someta, por bobo. Y le meta ideas que no razona, y le meta miedo que lo condiciona. El que dice mentiras, es porque tontamente se las cree, o piensa que los demás son tontos y le creerán. El primer caso es lamentable. El segundo, insultante. En la antigüedad, para ganar las guerras a como diera lugar, o de la forma más rápida y cruel, se recurría a los soldados mercenarios. Hoy vemos en las guerras políticas a esos mercenarios, pero ahora con las armas de las redes sociales, intrigando, engañando y dañando; rompiendo cualquier código civilizado con el que una persona cabal debe de enfrentar a un rival. La mayoría, que se ven perdidos, acuden a las mismas bajezas por las que la tarea política está tan devaluada. Es decir, para convencernos, nos quieren engañar con los mismos métodos por los que los aborrecemos. Por todo lo anterior, no compartamos tontamente y quedemos como tontos. Porque desde la cueva mental en la que habitan los primitivos, no pueden salir ideas de desarrollo, progreso, construcción de sociedad y convivencia. Paradójicamente, siempre hemos deseado que concuerden los políticos de varias corrientes ideológicas. Ahora, esas, son más corrientes que ideologías, pero se ve que ya acordaron. ¿Sabe en qué? En bajar al puntero a como de lugar. Es decir, solo se juntan para reventar a un tercero. Recordemos todos que una mentira dice la verdad de nosotros. Me despido con una frase de Antonio Machado que nos viene bien en estos tiempos: “De cada diez cabezas, una piensa y nueve embisten. Nunca extrañéis que un necio se descuerne luchando por la idea”. * El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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