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Sonora

Un día con... El mar y la pesca forman parte importante de su vida

El guaymense Arturo Molina Fourcade es pescador desde hace 50 años y desea seguir por siempre en esa actividad.

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Por Yesicka Ojeda

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Hasta el último día de su existencia piensa trabajar en la pesca el señor Arturo Molina Fourcade.(Yesicka Ojeda)

Hasta el último día de su existencia piensa trabajar en la pesca el señor Arturo Molina Fourcade. | Yesicka Ojeda

Arturo Molina Fourcade y Fernando Fourcade Romero tienen más de 50 años en la pesca ribereña, en Guaymas.(Yesicka Ojeda)

Arturo Molina Fourcade y Fernando Fourcade Romero tienen más de 50 años en la pesca ribereña, en Guaymas. | Yesicka Ojeda

Arturo Molina Fourcade desde hace 50 años es pescador de ribera y aunque le ha tocado vivir experiencias donde pone en riesgo su vida y la de sus seres queridos, asegura que no dejará el oficio hasta que muera.

Molina Fourcade y su primo Fernando Fourcade Romero siguieron la tradición de sus ancestros de convertirse en pescadores del sector social de bahía como la mayoría de los miembros de la dinastía Fourcade, que habita en la colonia La Cantera, en Guaymas.

Los viejos lobos de mar casi a diario salen a pescar las especies de temporada, desde las 04:00 horas y en ocasiones de noche, sin saber el horario de su regreso, pues eso depende de la producción que se registre durante sus labores de captura.

La competencia en el mar no sólo es con sus compañeros, sino con los lobos marinos y las toninas.

Sacan fuerzas

Arturo Molina Fourcade, a sus 64 años de edad, denota fuerza como de una persona de 35 ó 40 años de edad, pero su cuerpo y su cara se ven cansados, pues recién cumplió 50 años en la pesca de ribera y el buceo de moluscos.

"Si nos cansamos, pero uno se impone al trabajo, haya viento o no, hay que trabajar, con frío, con hambre, nosotros sufrimos para todo, esa es la vida del pescador", externó.

El hombre de mar, el domingo zarpó de la calle 20, a la altura de La Paloma, con su primo Fernando Fourcade Romero en busca de camarón o sardina que usarían como carnada para pescar escama, y permitió a EL IMPARCIAL que los acompañaran.

Antes de salir a la captura de especies, el guaymense se puso su impermeable y sus botas de hule, subió un remo y varias hieleras a la panga, se aseguró que el celular tuviera pila y el bidón la suficiente gasolina para el viaje que realizaron.

Como patrón de la embarcación menor, tomó el control del motor y se enfiló al área que se ubica frente al almagre grande, donde tiró por primera ocasión el chinchorro y esperó por casi 30 minutos para ver si había tenido suerte en la captura de sardina.

Con la ayuda de su familiar, poco a poco sacó la red que mantuvo extendida con apoyo de boyas en un rango de hasta 200 metros de longitud, topándose con varias sardinas tipo ‘bocona’ y algunos pargos que serían servidos en su mesa ese mismo día.

Al ver la escasez de producción en ese punto, decidió correr hacia el Sur, donde otra embarcación menor permaneció por alrededor de una hora, sin embargo el éxito fue nulo, pues la red en esta ocasión salió sólo con dos conchas.

Como viejo lobo de mar, sabe que si en dos puntos de la costa no hubo producción, sus recorridos tendrían que dirigirse hacia afuera de la bahía de Guaymas, pero al resultar limitada su gasolina, prefiere regresar a tierra y preparar las sardinas que pescó como carnada para regresar otro día a pescar escama con piola.

Momentos difíciles

Además en una ocasión por mal tiempo perdió el motor de la panga, lo que causó que naufragara junto a su hijo José Arturo Molina Díaz, a unos kilómetros de la entrada a la bahía y aunque en el camino se encontró con otros compañeros nadie los quiso remolcar al muelle.

Para su fortuna, como es su costumbre, traía consigo un pequeño remo con el que pudo enfilar la panga hasta la calle 20 y poner a salvo su vida y la de su hijo, aunque el sentimiento que el resultado fuera distinto quedó marcado en su vida.

Molina Fourcade es de los pocos pescadores ribereños que accedió a una pensión del Instituto Mexicano del Seguro Social, de poco más de 2 mil pesos mensuales, y por su cuenta contrató un seguro de vida, pues sabe los riesgos a los que se enfrenta.

"Nosotros dependemos de la pesca, no sabemos hacer otra cosa, toda mi vida he hecho esto, es mi trabajo, y mi familia depende de la pesca, la mayoría depende de la pesca, antes había más producción aunque pagaban menos", subrayó.

Cada vez que aumenta la producción de cierta especie, el precio se reduce en un 50 ó 100%, como lo que pasó hace unos días, con la pesca de sierra que de tener un valor en playa de 40 pesos el kilo se desplomó hasta 20 por los volúmenes registrados.

Deben pescar mucho

Para sacar los gastos de gasolina, de aceite, de alimentación y pagar los sueldos de los dos o tres tripulantes que lleva cada embarcación, es necesario que las pangas pesquen 100 kilos de escama o unos 50 de camarón.

Lo anterior, porque el precio del litro de gasolina hoy en día es de 20 pesos, y al cancelarse el subsidio al consumo de gasolina ribereña que les entregaba la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura, los pescadores del sector social de bahía, ahora sólo acceden a un descuento del IPES de poco más de 2 pesos.

"Por ejemplo esos que salieron a la sierra, sacaron una tara nomás, eso no les alcanza para pagar la gasolina hasta Miramar, a donde fueron a pescarla porque el precio bajó a 20 pesos", subrayó.

Esta situación ha obligado a que las nuevas generaciones de los Fourcade vean otras opciones de supervivencia, incluso sus nietos, que aunque les gusta salir de pesca en la panga, sólo les llama la atención el paseo.

"A mi hijo a esa edad ya le gustaba meter mano con las piolas o los chinchorros, con los nietos es diferente, a ellos ya no les interesa la pesca, el paseo sí, pero que ellos se involucren no", finalizó.

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