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La historia no debe repetirse: Hijo de Pablo Escobar

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Por Eliana Alvarado

La historia no debe repetirse: Hijo de Pablo Escobar

La historia no debe repetirse: Hijo de Pablo Escobar

A Sebastián Marroquín le da igual si lo llaman por ese nombre, o por el nombre con el que fue registrado al nacer. Dice que está acostumbrado a que lo sigan llamando Juan Pablo Escobar Henao, aunque su camino haya sido distinto al que, aparentemente, estaba destinado a seguir como hijo de Pablo Escobar.

Pablo Emilio Escobar Gaviria, mejor conocido como Pablo Escobar, fue uno de los principales protagonistas en la violencia del narcotráfico en la década de los ochenta en Colombia, al ser el jefe del cártel de Medellín, uno de los grupos de droga más grandes del mundo. Fue muerto en un operativo del Bloque de Búsqueda en el techo de su casa del barrio de América en Medellín mientras intentaba huir.

El hijo cambió su identidad legal a los 16 años de edad, tras la muerte de su padre, para salvar su vida y la de su familia. Hoy, asegura que ha aprendido a desligarse de un nombre y un apellido y definirse sólo por sus acciones.

“Creo que cuando aprendemos a desarraigarnos de nuestros nombres, de nuestra identidad, de nuestra familia, podemos alcanzar, a mi juicio, una mayor libertad a la hora de decidir qué queremos hacer con nuestras vidas”, señala.

Escobar Henao, hoy arquitecto, diseñador y escritor de libros, es crítico de la figura de Pablo Escobar que las series de televisión han idealizado y enaltecido; también es defensor de la idea de que el prohibicionismo de las drogas sólo fortalece el negocio.

Explica: “Parecen las leyes diseñadas para favorecer los intereses de las economías más consumidoras en el mundo, que son los verdaderos beneficiados de esa idea de prohibir, que por ende encarece y multiplica las ganancias de productos que son drogas y que no son tan caros de producir si no estuviesen prohibidos”.

A continuación la entrevista completa con Juan Pablo Escobar Henao:

Le ha llamado a su conferencia “Una historia para no repetir”. ¿En qué momento decide no repetir esa historia?

JPE: Definitivamente soy el propio ejemplo de que esta historia no debe repetirse porque quizá fui uno de los que estuvo más cerca para poder aprender de sus consecuencias, y al ser testigo de tanta violencia me parecería que estaría insultando el legado de la vida misma si hiciera caso omiso de esas enseñanzas, de eso que me mostró, y hubiese querido continuar recorriendo caminos similares a los de mi padre.

Creo que de haberlo hecho pues habría insultado no solamente a esa experiencia sino a mí mismo, también. Y desde ese momento creo que hay un parteaguas y es en el acto en el que amenazo al país de vengar la muerte de mi padre y 10 minutos después de reflexionarlo llamo de nuevo a los medios para arrepentirme de esas declaraciones y tuve la oportunidad, digamos, de cumplir con la segunda promesa y no con la primera de la venganza.

Ha dicho que era consciente de los crímenes de Pablo Escobar, pero que al mismo tiempo era un padre amoroso. ¿Cómo fue crecer con ambas realidades?

JPE: Difícil distinguir unas aguas de las otras cuando están mezcladas, cuando están los afectos del padre, un tipo que te da una crianza con mucho cariño y te inculca valores que no practica. Me tocó aprender a aceptar esa realidad, esa doble condición de mi padre, que era un buen papá, a la vez que por fuera de casa era ese bandido, que usaba para auto describirse.

¿Añoraba compartir más momentos como familia?

JPE: Sin duda, muchos momentos él se los perdió por estar enfocado en sus negocios, en su ambición, en el manejo de su poder. Creo que te terminas volviendo más adicto al poder y al dinero mismo, y eso hizo que él priorizara algunas cosas, que me parece que ya era demasiado tarde, se le salieron de las manos y no pudo retomar el control de su vida y el control de sus afectos.

Ha sido crítico de las series sobre Pablo Escobar. ¿Qué aspectos han quedado fuera de estas historias?

JPE: Yo creo que Pablo Escobar, como está retratado hoy en todas estas series, sin hacer alguna distinción en particular, primero, se aleja mucho de la realidad, y segundo, es un personaje absolutamente plástico y deshumanizado. Yo sé que a muchos no les gusta la posibilidad de humanizar a Pablo Escobar, pero Pablo Escobar era una persona, era mi padre, hizo muchas cosas malas e hizo otras menos reprochables. Y no creo que tenga ninguna persona el derecho de quitarle la humanidad a otra.

Siento que tenemos que hacer un esfuerzo por contar esas historias con un amplio sentido de la responsabilidad sin caer en el error de las series de la glorificación y de convertir en una especie de seudo héroe a mi padre del inframundo.

Y en ese caso creo que han hecho un terrible daño a la sociedad, a la juventud actual estas series porque les están marcando una sentido a la juventud que no es el correcto, les están haciendo pensar que Pablo Escobar es un caso de éxito y no lo es.

Para mí, éxito es lo que verdaderamente puedes disfrutar en el tiempo, si no, ¿para qué lo quieres, si no tienes chance de disfrutar nada de lo que adquieres?

Basado en ese concepto, ¿se considera una persona con éxito?

JPE: Yo me considero con éxito porque he podido conservar creo que lo más valioso que tiene un ser humano, que es la libertad, a través de un comportamiento que si bien miles de veces ha querido ser cuestionado yo me he mantenido en una posición firme y en una posición férrea respecto a mi postura.

Nunca me he creído el cuento de que porque soy el hijo de Pablo Escobar entonces eso me da más libertades y derechos que los demás; al contrario, siento una mayor responsabilidad en cada cosa que digo, en cosa que hago, en cada proyecto que genero, cómo va a impactar en los jóvenes, haciendo un esfuerzo para que no impacte de una manera negativa y no busquen imitar a mi padre.

¿Ha tomado en cuenta esa responsabilidad al escribir libros su padre?

JPE: Hace un par de años presenté mi segundo libro en Buenos Aires y un chico de 13 años se me acercó con un sobre y con mis dos libros, que se veían que estaban bastante leídos por él, señalados, marcados, las hojas dobladas, subrayados y demás. Y me dice ‘esto es para que lo leas después’.

Y cuando lo abro ya me había ido, me encuentro con su historia personal, me dice que desde los 8 años él conocía la figura de mi padre a través de su abuela, que era fanática de las ‘narcoseries’. Y el confiesa en su carta que desde entonces se fanatiza por la figura de mi padre, con el beneplácito de sus papás empieza a comprar películas, documentales, revistas, libros, todo lo relacionado con Pablo Escobar. Y llega un momento de su obsesión con mi padre que quería ser como él.

Hasta que lee mis dos libros y cambia de parecer y decide que él no quiere ser ese mafioso que le vendían en las series y demás, que ahora le interesa más ser un periodista que un bandido. Yo digo que si ese es el efecto que puede seguir generando en la juventud mis libros, pude por lo menos plasmar en ello lo que a mí en esta vida me enseñó.

Si algún día alguien me dice ‘porque leí tus libros quiero ser Pablo Escobar’, los sacamos del mercado al día siguiente.

¿Quedan historias por contar sobre Pablo Escobar? ¿Hay algo que no se haya dicho todavía?

JPE: Mi padre siempre es una caja de sorpresas. Yo creía que lo conocía. Te voy a decir algo, cuando escribí mi primer libro dije ‘ahí está toda la historia, ya está todo contado’. Ya me contradije, pues ya publiqué el segundo con historias nuevas que yo desconocía. Mucha gente murió, se llevó esas historias a la tumba, otros están escondidos, otros el miedo no los deja hablar.

El segundo libro me da la oportunidad a mí de invitar a mi madre a que escriba sus memorias y ahí conozco a otro papá muy diferente del que yo conocía hasta entonces.

En el caso mexicano, ¿cree que la captura y juicio del “Chapo” Guzmán abonan a la lucha contra el narcotráfico?

JPE: No voy a hacer una referencia puntual sobre la persona, pero sí desde la generalidad. Ninguna captura, ninguna baja, en el mundo del narcotráfico, hace posible decirle a ningún político que vamos bien en la lucha contra el narcotráfico. De hecho, la lucha contra las drogas, como está planteada desde hace 100 años, lo único que hace es abonar el terreno para que tengan más poder económico y militar los narcotraficantes.
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