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Columnas Cuestiones y enfoques

Un año más

La encomienda de López Obrador es complicada, pero tiene a su favor que una gran parte del pueblo todavía cree en él y los que no le creemos estamos ansiosos de un verdadero cambio de ruta, de un lugar seguro al cual nos pueda conducir.

Por Martín Holguín

Se están quitando la máscara, dijo AMLO, refiriéndose a los opositores, en su Informe. Insiste en ver enemigos por doquier. ¿Por qué no ver críticos auténticos? ¿Por qué meter a todos en la misma canasta? ¿Hay intereses particulares e intentos de manipulación?, por supuesto que sí, pero no son todos ni siquiera la mayoría. Hay quienes queremos un mejor País, que estamos hartos de las crisis, de la corrupción, del presidencialismo a rajatabla, de los gobernantes que llegan y se creen perfectos, tan perfectos que según ellos nunca se equivocan. 

Y éste no es diferente a todos aquellos. En su primer año ha querido apropiarse de todo, en un claro mensaje de que solamente él tiene la verdad. Creo que mientras no modifique ese estilo nos va a llevar al mismo despeñadero del pasado. Así pida uno, dos o 10 años más.

No es perfecto. Llegó a la presidencia porque supo aglutinar todo ese descontento social. El hartazgo de años y años que tuvo una luz de esperanza con Fox, pero no se cristalizó porque este no supo qué hacer con el poder y le dio manga ancha a su esposa, que era terriblemente nociva y extrañamente ambiciosa.

La encomienda de López Obrador es complicada, pero tiene a su favor que una gran parte del pueblo todavía cree en él y los que no le creemos estamos ansiosos de un verdadero cambio de ruta, de un lugar seguro al cual nos pueda conducir. Pero no lo va a lograr con su insistencia de tener la verdad única, no lo va a lograr con su intento de controlar todo desde Palacio Nacional. No lo va a lograr con incondicionales en los organismos autónomos ni poniendo a sus adláteres en el Poder Judicial, mucho menos con legisladores entregados a sus deseos personales.

Lo va a lograr si se abre al pueblo, si entiende la necesidades urgentes. Culiacán y Ovidio desnudaron sus carencias, dejaron claras sus fallas estratégicas en seguridad, pero sigue empeñado en no cambiar: Ni de acciones ni de hombres y mujeres a su alrededor.

Para poder avanzar debe ser autocrítico y asumir sus imperfecciones, ver que su gabinete tiene hoyos por donde se puede fugar toda la credibilidad. Es humano y debe equivocarse para poder entender y enmendar, pero no parece dispuesto a aceptar esa condición.

Insisto que con Fox tuvimos la misma esperanza y su superficialidad nos dejó estancados, tanto que ocasionó el regreso del mismo PRI de toda la vida a la Presidencia. Los críticos no somos rivales, pero tampoco nos preocupa que nos vea así, porque eso ha sido siempre. Todos han usado las mismas estrofas de la misma canción: Si me criticas eres enemigo, si hablas bien de mi es que “algo quieres”, no pago para que me peguen, como si el dinero fuera de ellos en lo personal.

Escuchar el Primer Informe de Gobierno, quizá el décimo sexto según sus cuentas, fue un “déjá vu” bastante desagradable. Todo bien desde estas alturas. Vamos creciendo, somos eficaces, saldremos adelante porque yo sé cómo hacerlo. ¿Creen que vamos mal?, ¿eso dicen sus números?, es que no ven bien, no saben de qué se trata esto. Unos reprimían y ocasionaban crisis, descontento, dolor en las familias, otro usa el camino opuesto, (¿el ying del yang?), y nos trae las mismas crisis, el mismo descontento, el mismo dolor. Abrazos no balazos. No queremos ni una cosa ni la otra, simplemente que se castigue a los delincuentes y proteja a la población honesta, cumplidora, esa que sólo espera un México con certeza, que quiere salir de su casa e ir a trabajar con ahínco para regresar sano y salvo a su familia. Así de simple y así de complicado.

Pero algo anda mal en nuestro sistema político cuando el líder de la Nación se embriaga con los aplausos y mete en una canasta de rivales imberbes y corruptos a todos los que señalan sus equivocaciones.
Quién tiene los datos correctos es lo menos importante, aquí lo trascendente, lo preocupante, es que los ciudadanos ya estamos hartos de sentirnos acorralados, atosigados, vulnerables, sin derecho a expresarnos cuando diferimos de quien tiene la batuta política de la Patria. 

El mensaje del primer año fue decepcionante porque alguien que promete un cambio, un rumbo diferente, se escuchó exactamente igual que Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto.

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