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Columnas Proyecto Puente

Punto de quiebre: AMLO, Durazo, Célida y David

El Presidente tiene el diagnóstico. Sabe la grave problemática heredada. Pero no entiende algo: Vivimos la época del fin del poder.

Por Luis A. Medina

A 40 días de que cumpla un año en el ejercicio de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) enfrenta su mayor crisis de seguridad. Lo mismo pasa en el caso de Hermosillo: Célida López tiene su primera crisis en el Ayuntamiento con la caída de la persona en el socavón. Seis días han pasado y no lo encuentran.

El Presidente tiene el diagnóstico. Sabe la grave problemática heredada. Pero no entiende algo: Vivimos la época del fin del poder. Sí, vale la pena evocar a Moisés Nahím a los gobiernos de Morena que no entendieron los gobiernos priistas: “El poder dura menos: Cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder”. Ahora se debe gobernar bajo esa visión. Y no lo procesan aún diferentes gobiernos y sus líderes. Ya no puede centrarse un Gobierno en una sola persona. Es todavía más riesgoso apostarle a la popularidad de un gobernante para atacar los problemas. Pero está fallando también la formas en que se ejerce el poder y en las que se comunica. AMLO tiene razón: Violencia para enfrentar la violencia genera más violencia. Las masacres en el pasado no pacificaron a México. 

Estaban en peligro en Culiacán 200 personas. Pero el mensaje que se dio al dejar que el grupo de narcotraficantes ganara la batalla al Ejército, la Guardia Nacional y los policías locales, deja al Estado mexicano rebasado frente a la delincuencia. Eso, tampoco es bueno. La percepción internacional, no sólo nacional, es que se está fallando en la política de seguridad. “La errática política de seguridad de López Obrador se topa con la violencia sin control”, “La gente compara Culiacán con Iraq”, eran titulares y crónicas de 

El País de España ayer, escritas por los periodistas Jacobo García y Luis Beauregard, respectivamente. Los programas sociales que atacan las causas de la inseguridad surtirán efecto a largo plazo. No a corto tiempo. Es momento de dar un giro, un golpe de timón. 

De avocarse a construir un relato, una nueva narrativa de Gobierno, de pensar lo que se dice, de no estar impulsando divisiones y ataques sólo porque se critica al Gobierno. Pero tampoco es sano lo que vemos: Un montaje de campañas negras contra Alfonso Durazo. Él tiene el apoyo del Presidente. Algunos hasta festinan lo que ocurrió. Hay una especie de saña, de patear el árbol caído que tampoco ayuda. Alfonso es leal a AMLO y se ha ganado su confianza. Sabrá salir adelante de esta situación. Tiene la experiencia suficiente para manejar una crisis. No es la primera ni la última que enfrentará. No tomará una decisión personal ni política ni de seguridad si no se la comparte primero con el Presidente. Pero por el bien de México no queremos otro operativo fallido. Esto debe reforzar la inteligencia y coordinación en seguridad.

Célida López deberá mandar un mensaje a su gabinete municipal: Hay algunas dependencias que no están funcionando. Se dan el lujo de hasta organizar eventos políticos que no les corresponde. El grave problema del socavón se pudo haber evitado. La crisis de los baches en la capital debe servir para relanzar su Gobierno. Ella sabe qué y quiénes no están haciendo su trabajo.

No habrá política pública ni presupuesto que alcance para combatir los problemas, menos la inseguridad. George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, decía que no se podía gobernar al mundo sin Dios y la Biblia. No hablo de religión sino de un enfoque espiritual que nadie está volteando a ver. El rescate de Ciudad Juárez en su momento fue motivado por iglesias cristianas. Por eso me dio mucho gusto ver a David Anaya Cooley, secretario de Seguridad Pública, estar en una misa cristiana. Estaba con sus esposa en Familia Amistad Sur que preside el pastor Duane Grasma. Un líder cristiano que no condena a los que piensan diferente ni a las minorías ni los homosexuales, feministas, a nadie. Sólo predica la palabra de Dios sin fanatismo. Ayer en la sesión de los domingos hizo una pausa para orar por Culiacán. Ahí estaba presente David Anaya con una sencillez pocas veces vista en funcionarios. Sin un aparato de guaruras. No sé qué religión sea ni me interesa porque mientras demos un mensaje de paz, amor, de estar bien, no importa el origen. Duane, quien también pidió por las autoridades de Sonora, apoya a la Comandancia Sur de Hermosillo en la instalación de refrigeración. Un pastor que impulsa un despertar espiritual con bajo perfil. Enhorabuena.

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