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Columnas Vía libre

Mes de la Patria y de informes

Agregaría a ese entusiasmo la destacada austeridad con que se llevó a cabo la ceremonia; es el toque distintivo de esta administración y no podía estar ausente en tan simbólica ocasión.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

Las festividades y rendición de cuentas septembrinas iniciaron con el mensaje que AMLO dio en el Palacio Nacional con motivo del primer informe de su administración. Se trató de un mensaje pues el informe propiamente dicho fue entregado ese día por la secretaria de Gobierno a la presidencia de la Cámara de Diputados ahora representada por una legisladora panista. ¿Qué agregar a lo mucho que se ha dicho del mensaje y del informe? Como se comentó en este mismo espacio, el Presidente no defraudó, aunque tampoco superó las expectativas. Fue lo que es: No evadió el conflicto y calificó a sus detractores conservadores como moralmente derrotados. Parecería rudeza innecesaria, pero habría que decir en su descargo que simplemente recurrió al legítimo derecho de réplica luego de las innumerables descalificaciones y motes de que ha sido objeto: Mesías tropical, Chávez mexicano, comunista, socialista, castrista, populista, peligro para México, ignorante, inútil y un largo etcétera. En fin, dejó claro que es un Presidente que no se deja y que no fue elegido para florero.

Después del mensaje López Obrador tomó el avión rumbo a Hermosillo. No vino a inaugurar la Cuatro Carriles, como originalmente estaba agendado, sino a cumplir un compromiso con los padres de la guardería ABC. Se desconocen con exactitud los acuerdos alcanzados, pero dada la satisfacción expresada por los papás resulta evidente que el arreglo, o el principio de arreglo, fue positivo. El Estado mexicano nunca podrá saldar a cabalidad esa dolorosa deuda, pero al menos deberá aceptar su responsabilidad y comprometerse a hacer todo lo que esté a su alcance para que tragedias como esa jamás se repitan.

El mes patrio siguió con el Grito de Independencia y el desfile conmemorativo. Tirios y troyanos han coincidido en señalar que ambos eventos fueron diferentes y realmente despertaron el fervor patrio. Una muestra de esa satisfacción cuasi unánime es que, hasta Catón en su escrito de ayer en este espacio, anotaba que el Grito recogió la pluralidad cultural de México y se recuperó la alegría observada años atrás, como bien se recreaba en las viejas películas de la época de oro del cine mexicano.

Agregaría a ese entusiasmo la destacada austeridad con que se llevó a cabo la ceremonia; es el toque distintivo de esta administración y no podía estar ausente en tan simbólica ocasión. López Obrador, acompañado por su esposa, salió al balcón presidencial a apreciar los juegos pirotécnicos y la algarabía de los asistentes a la plancha del Zócalo capitalino. Recordamos cuando, en otros Gritos, el balcón central se atiborraba de familiares cercanos y no tan cercanos al mandatario en turno; todos, era la costumbre, con atuendos tan lujosos que llegaban a provocar un poco de pena ajena.

Del desfile militar del 16 de Septiembre, en lo personal lo que más me gustó fueron las interpretaciones de la orquesta integrada por militares y dirigida también por uno de ellos. La selección fue inmejorable y la emoción se desbordaba sobre todo cuando la multitud se sumó al coro con el “cielito lindo”: Nunca habíamos sido testigos de un acto conmemorativo de septiembre tan emotivo. Ojalá que esa emoción no sea sólo flor de un día y que el renovado patriotismo que ahora se respira sirva para sacar al País del atolladero y abone a cimentar un futuro digno y promisorio como el que como mexicanos nos merecemos.

Septiembre también es el mes de los informes para los presidentes municipales de la entidad. Es posible sostener que no pocos de ellos acumulan más pasivos que activos: La imparable inseguridad y el deterioro de la infraestructura vial en los cascos urbanos afectada por las recientes lluvias, deslucieron las buenas cuentas que los munícipes intentaban ofrecer a la ciudadanía. Ya tendremos tiempo de analizar con detenimiento los avances, retrocesos y sobre todo los pendientes que acumulan los actuales alcaldes sonorenses. 

Álvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.

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