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Libre como el viento

Conocí a la verdadera Gabriela Cisneros de la serie “Tijuana”, de Netflix.

Por Juan Carlos Zúñiga

Conocí a la verdadera Gabriela Cisneros de la serie “Tijuana”, de Netflix. La real Gabriela Cisneros no es la actriz que le da vida en la pantalla -Tamara Vallarta- sino la co-directora del Semanario Zeta, Adela Navarro Bello.

Cisneros, la de la serie, es una joven reportera que sueña con trabajar en el periódico “Frente Tijuana” y que pronto sus enormes habilidades periodísticas la llevarán a descubrir una trama de narco-corrupción que la pondrán en serio peligro de vida.

“Tijuana” es la serie de Netflix inspirada en la historia del Semanario Zeta, publicación con un enorme prestigio de independencia y al que han atacado matando a su co-director Héctor “El Gato” Félix Miranda en 1988 y a su editor de Información General, Francisco Javier Ortiz Franco, en 2004. El co-director Jesús Blancornelas sufrió un atentado en 1997 a manos del narcotráfico donde perdió la vida su escolta y él quedó gravemente herido.

Zeta, cuyo lema es “Libre como el viento”, cumplirá en abril próximo 40 años de vida y a lo largo de su existencia ha tenido fuertes eventos de censura, como cuando en 1985 toda una edición fue sacada de circulación por el entonces gobernador Xicoténcatl Leyva Mortera tras la publicación de la incursión de su hermano en el narcotráfico. Por cierto, el padrino del actual gobernador electo de Baja California, Jaime Bonilla, es Leyva Mortera y para los periodistas de Zeta el nuevo mandatario significa una regresión de 30 años.

Desde 1988, Zeta ha denunciado que no ha sido detenido el autor intelectual del homicidio de Félix Miranda, el empresario Jorge Hank Rhon, quien ha sido protegido por gobiernos del PRI, del PAN y ahora de Morena; y, además, permanecen en la impunidad el asesinato de Ortiz Franco y al atentado contra Blancornelas.
“La historia de Zeta es peor”, me responde Adela cuando le pregunto si la historia de Netflix es la historia de Zeta, “tiene cosas que uno no lo cree, tiene más amenazas, más presiones por parte de entidades que concentran poder”.

De las épocas más difíciles, recuerda Navarro, es cuando asesinaron a Francisco Javier Ortiz Franco, quien publicó una investigación de cómo la Procuraduría General de Justicia de Baja California entregó credenciales de policías a miembros del cártel de los Arellano Félix. La respuesta de ambos bandos -Gobierno y narco- no fue investigar y castigar a los responsables sino matar al mensajero.

Blancornelas pensó seriamente en cerrar el periódico por no haber condiciones en México para ejercer periodismo en libertad. Batallaron mucho para convencer a don Jesús que no tomara tal decisión y en esa circunstancia pesó bastante el papel de los lectores.

Zeta ha logrado sobrevivir económicamente en estos casi 40 años gracias a las audiencias, porque ha habido etapas en las que el Gobierno corta la publicidad oficial y amenaza con represalias a los negocios privados que se anuncian en la publicación.

La última amenaza contra Zeta fue en 2017 cuando el cártel Jalisco Nueva Generación les dijo que los atacarían cuando estuvieran trabajando en el edificio.
“¿Cómo nos defendemos? Lo publicamos a los lectores y les decimos que estamos haciendo periodismo bajo amenaza”, señala Adela, “porque aceptar escoltas del Mecanismo de Protección a Periodistas, tratándose de policías federales, abre la duda de si ahí están para proteger o para ser los verdugos”.

Adela Navarro Bello, con 29 años de experiencia en el Zeta, estuvo en el Centro de las Artes de la Universidad de Sonora el jueves pasado en el Festival Internacional de Periodismo “Contar(nos)” y demostró que es posible tener en México medios independientes que realicen investigaciones que combatan la corrupción.

Sobre el otro periodismo, el que ha estado cerca del poder, el que puso de moda Carlos Denegri, recientemente perfilado por el escritor Enrique Serna en el libro “El vendedor de silencio”, por ser chayotero y lisonjero, la co-directora de Zeta dice que no lo critica, porque los lectores saben identificar quién les habla con verdad, y para ejemplo está Televisa que está perdiendo audiencia de manera estrepitosa.

De la publicidad oficial hay que regularla, indica, los medios deben transparentar su uso sin comprometer las líneas editoriales, y los periodistas también deben de decirle a sus lectores cuáles son sus ingresos y sus conflictos de intereses, algo así como presentar la declaración “3 de 3”.

En fin, tuvimos a una de las grandes aquí en Hermosillo y mi conclusión es que, efectivamente, Adela Navarro Bello no es Gabriela Cisneros, pero cómo se parecen, mujeres valientes que quieren cambiar al mundo y a nuestro País desde el periodismo, arriesgando la propia vida. Una de la vida real y otra de la ficción.

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