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Columnas VÍA LIBRE

Las asignaturas pendientes

En cuanto a la seguridad, los hechos están a la vista. Pese a que en varios indicadores hay buenas cuentas, las variables de impacto hacen pensar que en esa materia predomina el caos.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

Dos son las tareas en las que el Gobierno federal no ha dado los resultados que muchos esperaban: Seguridad y economía. Sobre esta última se ha hecho costumbre que los organismos internacionales, léase FMI o Banco Mundial, anuncien ajustes en sus previsiones de crecimiento; lo mismo está haciendo el área especializada de los bancos comerciales de México y también Hacienda, aunque, como tiene que ser, su estimación es más optimista: Mientras que las primeras adelantan que el crecimiento rascará el 0%, la SHCP confía en que se ubique en alrededor de 1%. No son números para presumir, pero si se considera la situación que prevalece en una buena parte de los países latinoamericanos, entonces el caso mexicano no resulta tan preocupante.

En cuanto a la seguridad, los hechos están a la vista. Pese a que en varios indicadores hay buenas cuentas, las variables de impacto hacen pensar que en esa materia predomina el caos. Ahí están las matanzas de Michoacán, Guerrero, Culiacán y ahora Bavispe con la masacre de una parte de la familia LeBarón.

Los detractores del Gobierno de la 4T le endosan el carácter de Estado fallido, dados los exiguos resultados alcanzados para contener la violencia nacional; como inútil, la califican en los asuntos económicos. Quienes así lo hacen tienen un común denominador: En general son periodistas que durante la campaña de 2018 y en años previos se distinguieron por vilipendiar reiteradamente las pretensiones presidenciales de AMLO. En la misma dirección apuntan los simpatizantes prianistas quienes estuvieron activamente involucrados en las campañas electorales y ahora se ponen el traje de ciudadano para, desde esa atalaya, sumarse al coro de críticos irreductibles. Están en su derecho, aunque no cuenten con una pizca de autoridad moral.

El problema es que esas mismas asignaturas pendientes las cargan los gobiernos estatales. En eso no reparan los criticones.

En Sonora, por ejemplo, las cifras oficiales ubican que, mientras la tasa de homicidios a nivel nacional ha crecido en 2% en lo que va del año, en la entidad el incremento es de 38%. Es de todos conocido que se requieren alrededor de tres mil policías más en el Estado, así que más vale que las autoridades locales se pongan las pilas frente a la delincuencia y dejen de pensar que todo lo tiene que arreglar la Federación.

Sobre los datos económicos de Sonora, se observa que en los últimos años tienden a ser desfavorables. El indicador trimestral de la actividad económica que elabora el Inegi así lo confirma: Desde 2017 son escasos los trimestres con un desempeño positivo: El primero y el segundo de 2017, con 2.7 y 2.6% de crecimiento, respectivamente. A partir de entonces la tendencia cambia radicalmente: Se acumularon cinco trimestres de crecimiento negativo: El más grave fue de menos 1.2%, conseguido en el tercer trimestre de ese año. Los datos disponibles para el 2019 son mejores, aunque no mucho:
En el primer trimestre la economía sonorense apenas creció 0.9%; en el segundo se expandió menos: 0.4. No ha sido suficiente para compensar la prolongada caída registrada en los trimestres anteriores.

En cuanto a la generación de empleos, en el Cuarto Informe de Gobierno se señala que en cuatro años se crearon casi 74 mil nuevos puestos de trabajo; nada mal tomando en cuenta la negativa coyuntura experimentada en 2019. Sin embargo, al hacer la comparación con el tristemente célebre sexenio padresista, resulta que se crearon más puestos de trabajo en ese mismo periodo.

Los problemas y asignaturas pendientes que tanto preocupan a nivel federal los sufrimos localmente. Vale la pena serenarse y no etiquetar irresponsablemente la calidad administrativa de un Gobierno a partir de unos cuantos números. Lo que procede es trabajar en equipo, tanto autoridades federales como regionales, a fin de sacar del bache a la sociedad y a la economía sonorenses. Ojalá sea posible.

Álvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía.

Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.

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