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Columnas El Diván

Lánzame a los lobos y regresaré liderandola manada

En los momentos de adversidad es natural y es humano sentir sobresalto, impotencia y tal vez derramar algunas lágrimas.

Por Olga González


En los momentos de adversidad es natural y es humano sentir sobresalto, impotencia y tal vez derramar algunas lágrimas. Puede que esa “sacudida” haya llegado por azar, que sea una situación que esté fuera de nuestras manos y de la que seguramente habremos de aprender. Pero a veces, lamentablemente, puede que la adversidad haya sido causada por alguien a quien le moleste tu progreso, el ascenso hacia tu sueño, alguien que ignora tu esfuerzo y sacrificio y que, para sentirse mejor consigo mismo, para permanecer en su zona de confort, busque lanzarte al fracaso. En tiempos así, cuando parece que nos hemos quedado o que nos han dejado sin opciones, vale la pena recordar que nada ni nadie nos puede quitar nuestra fortaleza y que un antídoto contra los malos deseos es la buena actitud con la que afrontamos los contratiempos. Así es que:
•No olvides que siempre habrá alguien dispuesto a apoyarte. ¡No estás solo! 
•Enfócate en la solución, ya habrá tiempo para lo demás. 
•No caigas en la tentación del victimismo; los demás hacen las cosas por quienes son ellos y no por quien eres tú. 
•Hazte responsable de la parte que te toca: Transita por ese túnel de incertidumbre o tristeza con la actitud de aprender de los errores y regresa siendo una mejor persona de quien eras antes. 
•Haz equipo con quienes son, piensan, quieren o han pasado por lo mismo que tú. 
•Vuelve con fuerza y recupera tus sueños. Si lo haces así, te aseguro que nada ni nadie podrá detenerte.

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