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Columnas VÍA LIBRE

La complicada cuesta de enero

Los apuros están en otra parte. El mundo parece estar en vilo producto del clima guerrerista desatado en Asia luego del asesinato de un militar iraní de alto rango por el ejército norteamericano.

Las dificultades del arranque de año, al menos las que se aprecian a simple vista, no están relacionadas con la carestía que habitualmente se registra en estos días, o no se presentarán con la dureza del pasado pues no aparecieron nuevos impuestos y eso aligera los problemas de liquidez en las familias. Podemos adelantar que no será tan dura la cuesta de enero a propósito del incremento sustancial del 20% en el salario mínimo, sin duda una buena noticia para todos los asalariados del País.

Los apuros están en otra parte. El mundo parece estar en vilo producto del clima guerrerista desatado en Asia luego del asesinato de un militar iraní de alto rango por el ejército norteamericano. El hecho, como es sabido, desencadenó reacciones tanto del mundo financiero como del estrictamente político; las voces que discrepan con el atentado no sólo se encuentra entre las agrupaciones de musulmanes enemistadas con Estados Unidos sino incluso entre naciones neutrales que ven con preocupación que el conflicto pueda escalar a niveles incontrolables.

Imposible saber la evolución de los acontecimientos considerando que en la Casa Blanca habita un personaje a quien no lo distinguen la prudencia ni el buen tono en el trato con sus rivales. Al contrario, el polémico presidente de Estados Unidos puede en cualquier momento dar una orden poco razonada e incendiar no sólo la zona en tensión sino toda la región asiática. Por el bien del mundo, ojalá que la sensatez prive en este momento tan delicado. 

Más allá de lo que ocurre en aquella región, los aprietos al inicio del 2020 se aprecian en situaciones cotidianas. En materia de salud enero está plagado de acechanzas. Ahí está la desaparición del Seguro Popular y la puesta en operación del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi); mientras éste adquiera forma, muchos beneficiados del Seguro Popular tendrán que resolver sus problemas de salud como puedan, lo cual por supuesto les genera preocupaciones.

La salud es una asignatura pendiente en la agenda pública nacional. Lo es por la cantidad de personas que no tienen ningún tipo de protección, cerca de 65 millones de mexicanos. Esta carencia afecta la calidad de vida de la gente e inevitablemente su inserción en el mercado laboral, con el consecuente rezago en la competitividad del conjunto de la economía.

El Insabi probablemente mejorará la atención médica para esos millones de mexicanos y, si todo sale como se ha anunciado, pavimentará el camino para avanzar en un sistema universal de salud, que beneficiará sobre todo a los más pobres. En tanto madure seguramente se enfrentarán desafíos operativos que resentirá la población potencialmente beneficiada. 

Aunque de naturaleza distinta, son los mismos problemas que enfrenta el IMSS especialmente en cuanto a la pronta atención que merecen recibir sus millones de derechohabientes. Si por la víspera se saca el día y nos dejamos llevar por el servicio prestado al inicio del año, habría que decir que deja mucho que desear. Los pacientes que requieren una consulta o simplemente necesitan agendar una cita con el especialista están sufriendo en estos días. Así pude atestiguarlo al acudir a una clínica del IMSS a programar una consulta para un familiar cercano. El trámite se intentó el lunes y resultó imposible concluirlo ante lo interminable de la fila, que se extendía por más de 100 metros; al reintentarlo el martes la situación empeoró y el miércoles fue el acabose pues luego de cuatro horas y media de espera, una recepcionista tuvo a bien informar que solicitaba paciencia dado que el sistema se había caído.

Los rostros de los derechohabientes, la inmensa mayoría personas de la tercera edad, discapacitados, o jóvenes mamás amamantando, eran de decepción y frustración. A mi juicio, esta es la verdadera cuesta de enero para muchos mexicanos y sonorenses que tienen que hacer frente a la inoperancia del sistema sanitario nacional. Esto debe mejorar pues de lo contrario no logrará evidenciarse para qué sirve el cambio.

Alvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.

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