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Columnas Proyecto Puente

El monstruo que dejaron crecer

Hay hechos inobjetables que desnudan el origen de este punto de quiebre en el que nos encontramos en México. Pero es necesario entender la dimensión y visión internacional del problema.

Por Luis A. Medina

Hay hechos inobjetables que desnudan el origen de este punto de quiebre en el que nos encontramos en México. Pero es necesario entender la dimensión y visión internacional del problema. El pasado jueves 8 de noviembre estuve en el programa de la amiga periodista Ruth del Salto, en su noticiero matutino en Bogotá, Colombia. ¿Por qué López Obrador no tenía seguridad en la zona de Sonora donde ocurrió el asesinato a la familia LeBarón? Me cuestionó al aire. “En Colombia se le llaman departamentos, a los gobiernos estatales, y cada uno debe tener seguridad en sus estados y municipios. También seguridad federal. Corresponde primero a los estados y sus municipios. Ahora hay una mesa de seguridad que coordina esfuerzos estatales”, le argumenté. La imagen de que todo lo tiene que hacer el Gobierno federal es equivocada. Es una responsabilidad compartida. Ese mismo día Denise Marker cuestionó en su noticiero “Atando Cabos”: “Lo que me puedas contestar, Luis Alberto, ¿pero es falta de capacidad o miedo del Gobierno del Estado lo que está pasando en Sonora? “Creo es que es miedo”, contesté. En 2007 ocurrió algo similar y el Gobierno de ese entonces, Eduardo Bours lo encabezaba, sí combatió a los delincuentes, le comenté, y asintió.
¿Por qué no vino Alfonso Durazo a Bavispe y sí fue el canciller Marcelo Ebrard? Me preguntó Ana María Salazar, especialista en seguridad nacional, nuestra colaboradora y amiga en su programa Gabinete de Seguridad en “El Financiero Bloomberg”:
“Alfonso Durazo tenía el día de la tragedia la comparecencia, al siguiente día, en el Senado. Estuvo en la conferencia mañanera con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Dio la cara. Estuvo y está, desde el primer momento coordinando los operativos. Al entrar Estados Unidos en el debate y pedir su intervención, la presencia de Marcelo Ebrard obedece más a un mensaje político para Estados Unidos”, le dije.
Hasta el tercer día de la tragedia, por presión de medios nacionales, se presentó la fiscal de justicia, Claudia Indira Contreras, en Bavispe. Y fue por la presión de Javier Risco y Gabriela Warketin en W Radio: Le reclamaron en entrevista por qué no había comunicación eficiente en el lugar y si ya había acudido al lugar del asesinato. Ese día, miércoles 6, fue la fiscal. Bien por la gobernadora Claudia Pavlovich, que fue al funeral. De eso se trata: Apoyo moral. Ya habrá el momento en que se diga la verdad de lo que ocurre en Sonora. Hago estas referencias para entender la visión de la esfera internacional y nacional de lo que ocurrió. Aunado a que la mayoría de medios en Estados Unidos y su clase política está indignada por lo que sucedió. Ayer la Revista Proceso detalló cómo opera y desde cuándo la red criminal de grupos del narcotráfico en Sonora. AMLO no habla lo que los medios queremos. No seguirá la línea de la confrontación de carteles. Tampoco sería sano que dijera la estrategia y qué viene. Es advertir a los delincuentes. Es momento de retomar la obra de Diego Enrique Osorno, “El Cartel de Sinaloa”, para comprobar cómo “los gobernantes han usado políticamente el supuesto combate a las drogas para enriquecerse y legitimarse y que, al mismo tiempo, provocan asesinatos, desapariciones y zozobra en nuestros pueblos y ciudades”, señala Osorno en la reedición de este material. Hace 13 años se inició la cuestionada guerra contra el narcotráfico, con Felipe Calderón. El Gobierno de Enrique Peña Nieto tuvo de asesor al ex jefe de la Policía Nacional colombiana, Óscar Naranjo, uno de los mejores del continente que recomendaba atacar con una estrategia regional, no nacional, al crimen. Nada se hizo ni se exigió a gobernadores actuar. Todo lo contrario: Crecieron los cárteles de la droga. Hace 10 años en París, Francia, en febrero del 2009, me tocó escuchar en una reunión en el Consulado con la comunidad mexicana al entonces secretario de Economía de Calderón, Gerardo Ruíz Mateos: “Evitamos que el siguiente Presidente fuera un narcotraficante”, dijo al justificar la guerra. Sí, pero se olvidaron las causas y pedir mayor responsabilidad a los gobiernos locales. Es imposible que en un año se den resultados y se mate a un monstruo alimentado por décadas. Sólo se hará con responsabilidad compartida. ¿Y cuándo se le exigirá a Estados Unidos? Ya que extienda la mano para colaborar al menos es ventaja. Hay que pedir a las autoridades de todos los niveles su responsabilidad en la seguridad porque el ciudadano no distingue entre negros y blancos. Sólo quiere tranquilidad.

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