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Columnas

El curioso acelere por la sucesión

   El secretario Meyer no será candidato, pues “adolece” de no encajar con el formato de la escuela política con la que sí se criaron quienes lleguen a la final.

Por Jesús M. Acuña Méndez

He visto con un dejo de entretenimiento el fenómeno de aceleramiento entre varios de los personajes recientemente señalados por el Presidente, para sucederlo. Con la pícara malicia que lo ha caracterizado siempre, el mandatario lanzó algunos nombres para mantener distraída (por enésima ocasión) a la comentocracia y a sus adversarios.

Algunos han señalado que nuestro Presidente es “una mente brillante” para la comunicación y el monopolio de la narrativa; no es que le quiera restar méritos, pero creo que su control de la conversación se debe realmente a la honda mediocridad de sus oponentes. Los trae locos no por la altura, la sofisticación o la implicación histórica de la situación que se esté discutiendo… sino porque los que tiene frente a él, están francamente desarmados. Vaya tragedia nacional.

            Pero regresemos el tema inicial; de los mencionados, realmente dos tienen el calibre propio para llegar a una final: Ebrard y Monreal. Con excepción de De la Fuente, las otras figuras que fueron nombradas porque su presente político se debe (como tantos y tantos otros en México) a la cercanía que tienen con el Presidente: En otras palabras, si por alguna tragedia el tabasqueño llegara a faltar, hasta ahí iban a llegar políticamente. Ya será materia de amplias discusiones en un par de años más, conocer a detalle el perfil de este par de lobos de mar; por lo pronto, quiero enfocarme en dos cuestiones que me llaman la atención.

            Primero, cuando una figura política es sumamente poderosa y fuerte, no se habla (prematuramente) de sus sucesores. Es cierto, la conversación inició porque AMLO la provocó, pero el descomunal acelere posterior de los pre-ungidos, en comidas y eventos, quizá apunta a otra dirección. López Obrador actúa, en gran medida, apegándose a los más estrictos cánones de la escuela política donde se formó: El PRI de la década de los setenta. En ese sentido, sería imperdonable para un potencial sucesor, andarse precandidateando a medio sexenio. Por eso aludí a la malicia (vagancia, le dicen en “sonorense”) presidencial de este episodio… en la reacción de los nombrados, sabrá el Presidente de quién debe estar muy al pendiente.

            El segundo punto, quizá más importante que el primero, gira en torno a quienes no fueron señalados. Es cierto, evidentemente no gozan de la proyección de los primeros, pero conociendo el colmillo presidencial, podría haber alguien interesante que podría sorprender a los más desinformados. Después de Ebrard (a quien el Presidente le ha confiado, de facto, las riendas de varias secretarías, en momentos clave) y de Monreal (el principal operador político de la 4T en el Congreso), el miembro del gabinete que más se me hace interesante, es uno de los que menos ruido hace en el mundo de la politiquería: Román Meyer, quien encabeza la Sedatu. Todo se debe al enfoque que este servidor público -que aun no cumple los 40 años- decidió darle a la dependencia que encabeza, pasando de ser una entidad encargada de resolver y atender sólo problemas de índole territorial, a ser el mecanismo con la propuesta más interesante para revertir el severo problema del desgaste del tejido social en México. Ahora, la Sedatu se enfoca políticas de recuperación de espacios públicos, con impacto en movilidad y hasta en salud pública. Por años he venido explicando cómo es que, de la mano de una serie de políticas transversales, estratégicas y de corte social, se puede efectivamente abatir el fenómeno de la ilegalidad (tan enraizado actualmente)… y aunque lo que se hace desde la secretaría dirigida por el hijo de Lorenzo Meyer, en ese sentido no cubre todas las áreas necesarias (además, no puede hacerlo porque no está diseñada estructuralmente para ello), creo que hoy es el referente más claro de un esfuerzo encaminado en esa dirección. Lamento que desde otros aparatos, primeramente Desarrollo Social (ahora “Bienestar”) y Educación, no hayan mostrado el ingenio para trazar rutas distintas, que inevitablemente provocarían resultados sociales más interesantes que hoy siguen claramente pendientes.

            El secretario Meyer no será candidato, pues “adolece” de no encajar con el formato de la escuela política con la que sí se criaron quienes lleguen a la final… pero creo que el trabajo que realiza da una pincelada de la manera en la que se puede emparejar la política y la eficiencia programática en el servicio público. Como ya lo he desarrollado ampliamente en otros artículos, hay clara evidencia de que fenómenos como el desarrollo o la criminalidad, tienen un origen eminentemente local. Por supuesto que hay dinámicas trasnacionales donde el crimen organizado se conecta entre Polanco, Badiraguato, Chicago, Beijing y Moscú… pero la ilegalidad que más nos afecta, encuentra en la descomposición local, a su terreno más fértil. Por eso Sonora está como está.

            Ojalá los gobiernos locales entiendan esto y estén dispuestos a rediseñar sus aparatos de desarrollo social con enfoque a resultados en seguridad y bienestar. Traer más policías y más soldados no será la solución de fondo. Es elemental: Para lograr resultados distintos, se requiere hacer cosas distintas con gente distinta. Ahí está el ejemplo de Meyer.

El autor es Presidente Fundador de Creamos México A.C. y especialista en políticas públicas por la Universidad de Harvard. jesus@creamosmexico.org

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