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Columnas VÍA LIBRE

Aquí nadie se aburre

El esfuerzo por copar el espacio opositor a la 4T, justifica la actitud de oponerse por oponerse, así sea a costa de la decencia política.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

Si el ambiente social y político pudiera medirse en grados Celsius, diríamos que en estos días la temperatura rebasó los 45 grados y, dada la altísima humedad, la sensación térmica supera con creces los 50 grados.

Muchos son los acontecimientos que traen “con el Jesús en la boca” al ciudadano promedio y sobre todo al político wanabe que confía en que el calendario electoral pueda obsequiarle nuevos espacios de proyección.

Los adversarios a la 4T se ceban un día si y el otro también en la peregrina idea de que la gobernabilidad está por los suelos. La acusan de que ha configurado un escenario típico de “Estado fallido”, inepto y autoritario; en el torneo descalificador participan casi todos los afectados por el cambio de régimen y desde luego aquéllos que no despistan que los cambios en el proceso les provocan “ñáñaras”.

El desbarajuste registrado en el nombramiento de la “ombudsperson”, la masacre de Bavispe, los ecos del “culiacanazo”, el asilo a Evo Morales, que si esto que si aquello, todo cabe en la narrativa descalificadora de los opositores a AMLO. Quieren capitalizar el descontento natural que en cualquier régimen democráticos existe.

El esfuerzo por copar el espacio opositor a la 4T, justifica la actitud de oponerse por oponerse, así sea a costa de la decencia política. Me tocó anteayer, por ejemplo, ver de casualidad parte del debate que sostenían Morena y el PAN en el Cámara Alta a propósito del nombramiento de Rosario Piedra como presidenta de la CNDH. Pude observar en tiempo real la postura, comprensible aunque algo injustificable, de los panistas; por más que los senadores de Morena explicaban lo improcedente de los razonamientos blanquiazules, éstos, “montados en su macho”, no reconsideraban ni un centímetro su posicionamiento. Las posiciones eran irreductibles y nada ni nadie las haría cambiar; los panistas estaban en lo suyo: Ser oposición a toda costa, aunque ello implicara hundirse en provocaciones, como la perpetrada por Xóchitl Gálvez al senador Salgado Macedonio. Al final, cuando el consenso resulta imposible, se procede a la votación y ahí la mayoría manda: Ganó, como era de esperarse, Morena, con el apoyo de casi todos los senadores presentes. Sin embargo, los blanquiazules consiguieron su propósito: Deslucir la toma de protesta de una intachable activista por los derechos humanos como lo es la hija de Rosario Ibarra de Piedra.

Este debate fue menor en comparación con la controversia desatada luego de la oferta de asilo político que el Gobierno mexicano hiciera a Evo Morales. La decisión, entre diplomática y política, generó que se desbordaran las pasiones y cada quien agarró para donde le indicaban sus prejuicios ideológicos: En el bando progresista se formaron los que, independientemente de las circunstancias que dieron pie a la defenestración de Evo como presidente, argumentaban que merecía el asilo. En el bando contrario se aglutinaron quienes lo reprochaban, bajo el argumento de que no fue golpe de Estado sino una revuelta popular contra un dictador con 14 años en el ejercicio del poder. Desde luego estas posiciones no están exentas de matices, pues hay viejos conservadores que estuvieron de acuerdo en el asilo y progresistas que se pronunciaron en contra, lo que evidencia que las aguas están muy movidas.

Por si faltaran motivos para la preocupación y en medio de ese debate, se le ocurre a la Policía Federal cerrar vialidades cerca del aeropuerto de la CDMX, en un hecho que llamó la atención pues no pocos conservadores vieron en ello la chispa para encender la pradera; no prendió, porque la pradera no está seca.

Cuando todos parecen estresados por los avatares de estos días, el Presidente, justo en su cumpleaños 66, en su enésima mañanera, sale y lanza el comentario: “Nadie podrá decir que estos días son aburridos”. Su parsimonia nos hace recuperar la certeza de que el País vive cambios radicales y que las tormentas, aunque fuertes, son parte consustancial de esa transformación.

Álvaro Bracamonte Sierra. Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.

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