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Columnas

AMLO y la tragedia nacional

La alerta no ha terminado. Las vacunas están en camino, pero no son una realidad en nuestro País.

Por Martín Holguín

El 28 de febrero del 2020 se registró el primer caso oficial de Covid en México. Había nerviosismo mundial. Países como España, Italia, Francia, analizaban la posibilidad de cerrar las escuelas e iniciaba un confinamiento leve. El Gobierno de México cometió el primero de una serie de errores que desembocaron en la enorme tragedia nacional: Se minimizó el problema, el Presidente asumió que los mexicanos éramos resistentes, que nuestras raíces nos hacían inmunes y que teníamos (literal) a los mejores científicos del mundo.

 

El resultado: 366 días después, al cumplirse un año (2020 fue bisiesto) nos encontramos con la dura realidad de 185 mil 715 mexicanos fallecidos de manera oficial. Extraoficialmente son decenas de miles más, pero eso lo sabremos hasta que el Inegi nos informe la realidad, basado en las actas de defunción.

 

¿Quién falló? Sin duda el presidente Andrés Manuel López Obrador. No tuvo la claridad para ver que se trataba de algo tan terrible como inesperado. Algún espacio de su inconsciente (si nos remitimos al aparato síquico desarrollado por Sigmund Freud) le dijo que lo evadiera y se dedicara a negarlo hasta hacer realidad su percepción.

 

En todo este tiempo arengó para que los mexicanos siguiéramos saliendo, aunque los muertos empezaran a acumularse. Nos aseguraron que no pasaríamos de los 6 mil muertos en todo el País porque nos protegería la superchería que tanto le gusta. Que si los “detente”, un trébol de cuatro hojas o hasta un billete de dólar.

 

Decidió que Hugo López Gatell y era la máxima autoridad del mundo en una materia que ni las mentes científicas más preparadas del mundo alcanzaban a comprender. Estábamos ante la pandemia más letal de la historia moderna y él pensaba que se trataba de una gripe sin importancia.

 

¿Qué le costaba haber sobreactuado en el inicio? Cuando la alemana Angela Merkel prevenía que el 70% de sus compatriotas se enfermarían, Gatell le decía que él tenía la “fuerza moral” y, por lo tanto, ya todos éramos inmunes. Mientras en Italia y España cerraban hasta los accesos a la colonia vecina, él se paseaba por el País, saludaba de mano a la mamá del "Chapo" Guzmán e invitaba a ir a comer en familia, sobre todo a fondas pequeñas.

 

Un día se dieron cuenta que los muertos se acumulaban y salieron con que el escenario catastrófico sería si llegábamos a 60 mil muertos. Se burlaron de una proyección que hizo el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) donde apuntaba a que México llegaría a 132 mil muertos. Desgraciadamente hasta el MIT se quedó corto, muy corto.

 

Idearon un semáforo que no sirvió para gran cosa porque nadie se atrevió a tomar medidas extremas. La soberbia desde la presidencia nos salió muy cara. Hoy somos el tercer país del mundo con más muertos si damos como válidos los números oficiales, pero cuando el humo se disipe veremos que superamos hasta a Brasil, que ahora es el segundo.

 

La alerta no ha terminado. Las vacunas están en camino, pero no son una realidad en nuestro País. La buena noticia es que los científicos hicieron un trabajo sensacional y en menos de un año el mundo tiene vacunas con 100% de efectividad en el renglón de las hospitalizaciones y fallecimientos.

 

Pero no han llegado para todos los mexicanos. Va muy lento el proceso. La pésima noticia es que, ahora, el Gobierno federal quiere sacar beneficios políticos de la catástrofe y han llenado de burocracia un procedimiento de vacunación que debería ser expedito. La idea es dejar muy en claro que la vacuna se la debemos a ellos, como si la estuvieran pagando de sus bolsillos. Muy bien, le diría al Presidente: ¿Y los muertos a quién se los abonamos?

 

185 mil 715 muertos en 366 días. Cada día, desde que se detectó el primer caso, han fallecido 507.5 mexicanos en promedio. Mientras el señor, en su mañanera que dura dos horas en promedio, nos decía que “el escudo contra el coronavirus es la honestidad” estaban falleciendo 42 mexicanos (21 cada hora).

 

En los primeros 366 días, el coronavirus mató a un mexicano cada tres minutos. Pero desde Palacio Nacional nos han dicho, de manera irresponsable, que todo está controlado como unas 47 veces. Una irresponsabilidad enorme. Y a la fecha de niega a usar el cubrebocas.

 

Cuando todo pase dirá que es responsabilidad de nosotros, los ciudadanos. Un poco, sí… pero porque nunca nos habló con la verdad.

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