Columnas

Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

El padre Soárez platicaba con el Cristo de su iglesia. Le preguntó: -Señor: ¿Existe el infierno? Le contestó Jesús: -Antes de responder a tu pregunta permíteme contarte una parábola. Un niño pequeñito cometió una falta. Su padre lo encerró en un oscuro sótano. Todos los días lo sometía a torturas espantosas, a tormentos que no se pueden describir. Las penas y dolores que sufría la infeliz criatura no cesaban nunca. Y no cesó jamás el castigo que aquel hombre impuso al niño por la falta que a causa de su debilidad y su inconsciencia cometió. -Señor -habló el padre Soárez-. Con el debido respeto, me resulta muy difícil creer la parábola que me has narrado. No hay padre que castigue en esa forma tan cruel a un hijo suyo, por grave que haya sido la falta que cometió. Dijo entonces Jesús: -Soárez: Tú mismo acabas de dar respuesta a la pregunta que me hiciste. ¡Hasta mañana!...

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