Columnas El futuro del País sigue aquí

De Política y Cosas Peores

Por Catón .

La trabajadora social interrogaba a la señora. “¿Cuántos hijos tiene usted?”. “Diez” –responde ella. “¿Cómo se llaman?”. “Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan, Juan y Juan”. La visitante se asombra. “¿Por qué todos llevan el mismo nombre?”. Explica la señora: “Porque cuando andan jugando en la calle lo único que tengo que hacer para que todos vuelvan es asomarme a la ventana y gritar: ‘¡Juan!’”. “Entiendo –dice la trabajadora–. Pero ¿cómo le hace para llamar a alguno en especial, sin que vengan los otros?”. Contesta la señora: “Entonces lo llamo por su apellido. Los 10 tienen apellidos diferentes”... (Caón, al paso que llevaba, la tremenda señora iba a cubrir todo el directorio telefónico)... El joven ejecutivo le daba todos los días 10 pesos de limosna al pordiosero que pedía caridad a la puerta del edificio de oficinas. Un día le dio 5 pesos nada más. “¡Hey! –salta el pedigüeño–. Siempre me da 10 pesos. ¿Por qué ahora me da solamente 5?”. “Perdona –responde el muchacho, divertido–, es que me acabo de casar, y tengo nuevas necesidades que cubrir”. “Mire usted –le dice el indigente con severidad–. Si quiere mantener a una mujer, manténgala. Pero no con mi dinero”... (Caón, muchas veces la indigencia culpable y la exigencia descarada van de la mano)... Recientemente dije en mi columna que nuestro País está sufriendo una sangría de la cual no nos hemos percatado. Miles de jóvenes empresarios, intelectuales y científicos salen de México por causa de la crisis económica, o de la inseguridad, y van a enriquecer con su talento y su trabajo a otros países. Recibí a ese propósito la carta de una inteligente lectora, también joven, que me dice: “Soy una de sus cuatro lectores, y me atreví a escribirle para pedirle que no se me desanime. Es cierto que mucho talento está emigrando en busca de mejores oportunidades, pero también es cierto que muchos jóvenes luchadores hemos decidido quedarnos y enfrentar la situación adversa que estamos viviendo. A lo largo de varios años sus palabras me han servido de aliento. Ante la posibilidad de caer en un caudillismo (con López Obrador), usted escribía mensajes de esperanza, y al final tuvo razón. Ante la crisis económica usted nos transmitió su teoría de que una de las claves era mantener las necesidades básicas, y no crear otras superfluas. Ese consejo me ha servido mucho. Su experiencia, sus palabras alentadoras, positivas, transmiten un mensaje que tranquiliza y da esperanza. Por eso me atreví a escribirle, para recordarle que somos muchos los jóvenes trabajadores, responsables, honestos, que, forjados en la adversidad, estamos sembrando el cambio de México. Creo que, después de todo, el futuro sigue aquí”. Expresiva y bella es esa carta, que te agradezco, Mónica. Me has enseñado una lección de amor a México; de fe en lo que somos y podemos hacer; de esperanza en el porvenir de este País hermoso y grande. Es nuestra Patria; no tenemos otra. Su futuro, en efecto, sigue aquí: Está en los mexicanos como tú, que en medio de todos los males y maldades siguen luchando por hacer de México un mejor lugar para vivir... Un grupo de damas voluntarias hacía un recorrido por el reclusorio de la ciudad. El director les dice: “Lo que tratamos de hacer aquí es rehabilitar a los internos”. Ante el asombro general sugiere una de las señoras: “Denles Viagra”. “¿Viagra? –repitió el funcionario–. ¿Por qué Viagra?”. Replica la señora: “Mi marido tomó esa pastillita, y se rehabilitó”... (Caón, ahora el señor tiene seis rehabilitadas por semana: Una para el consumo doméstico, y las otras cinco para el departamento de relaciones exteriores)... FIN. Catón es Lic. en Derecho y en Lengua y Literatura Españolas/cronista de Saltillo.

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