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Fernanda Trías: "Todas las generaciones han tenido un fin del mundo pendiendo sobre sus cabezas"

Poco antes de que comenzara la pandemia, la escritora uruguaya creó la novela "Mugre Rosa" y con ella se anticipó a mucho de lo que iba a suceder.

BBC News | Mundo

Si el fin del mundo comenzara en algún punto concreto del mapa, es muy probable que no sea en la tranquila y resguardada capital de Uruguay, Montevideo.

Lo saben sus habitantes y sin embargo, es allí donde la escritora uruguaya Fernanda Trías, consciente de la ironía, decidió comenzar la distopía en que se desarrolla su última novela, "Mugre Rosa".

Lo que Trías no sabía cuando finalizó la escritura, en 2019, es que mucho de lo que se había inventado tendría paralelos con la realidad.

En "Mugre Rosa", una catástrofe ambiental en forma de tormenta misteriosa enferma a quienes entren en contacto con el viento. Los habitantes tienen que huir de la ciudad y los pocos que se quedan sufren el encierro, la escasez de alimentos y la amenaza constante.

Mascarillas, pacientes aislados, hospitales llenos, conferencias de prensa, encierro, noticias falsas y una amenaza invisible: mucho de lo que sucedió con la pandemia de coronavirus en 2020 estaba escrito ya, en esta novela.

Trías recuerda las palabras de su maestro, el escritor uruguayo Mario Levrero: "Cuidado con lo que escribís, se puede volver realidad". Y cuando la pandemia llegó, creyó que la realidad le había arruinado la ficción.

Lo que nunca pensó es que la novela le serviría a muchos lectores para encontrar las palabras para lo que sufrieron durante la pandemia. Y que, además, le traería premios y reconocimientos (el último, el Sor Juana Inés de la Cruz 2021 de la FIL de Guadalajara), al punto que ya está en marcha su traducción a ocho idiomas y su adaptación a guion para cine.

Con motivo de su participación en el Hay Festival Cartagena, Trías habló con BBC Mundo.


¿Qué lleva a tu imaginación prepandémica a predecir, de alguna manera, lo que vino unos años después?

Sentía que era un futuro posible. Uno de los temas que yo quería plantear en la novela es que el ser humano tiene un mecanismo de negación, en el que no ve lo que ocurre en la dimensión de lo que es.

Cuando leés la novela vos decís: "Esto es terrible, se está derrumbando el mundo entero". Y ellos siguen hablando de nimiedades. Porque en realidad, cuando se está en el ojo del huracán no se dimensiona lo que está pasando.

No era tan difícil de imaginar esto. La confusión con la información, el "no se sabe", el papel de los medios, cada uno defendiendo sus intereses. O las autoridades tratando de quedar bien porque están pensando en las próximas elecciones, cuando realmente ni siquiera se sabe si va a haber un mundo en las próximas elecciones.

Todo eso me parece un poco irónico y un poco patético, también. Había momentos en que me reía sola porque, si no, lloraba.

¿Mientras lo escribías o después?

Mientras lo escribía yo veía que había un humor negro. Mío, por lo pronto.

Está todo el mundo preocupándose por cosas que no tienen ningún sentido, porque no sirven si no hay mundo. Como el tema de la acumulación del dinero de la protagonista. Esta seguridad imaginaria que le da el hecho de que tiene tanta plata guardada, y que ese es su salvoconducto. Cuando no hay mundo, la plata va a ser papel, nada más.

Y así todas las partes de esta gran debacle, todos mirando un futuro muy pequeño, muy cercano, con poca perspectiva del absurdo de la situación.

Siento que en la naturaleza humana hay una necesidad de ser ciegos a una cantidad de cosas. Porque si no sos ciego a eso no podés vivir.

La negación y las noticias falsas: ¿hablan de una necesidad de crear una realidad diferente?

Yo me amargué. Incluso conozco gente que fue a la universidad, que no es ignorante, que tiene una educación, y que fueron completamente tragados por la negación, por las conspiraciones y las noticias falsas.

Entonces tenía dos opciones: una es pensar que son tontos, ese es el discurso de los "bienpensantes". Pero yo después descubrí que la gente antivacunas, la que creía que con la vacuna se les insertaba o un chip o que se les modificaban los genes, no era gente sin educación. No toda.

Mi teoría es que hay un miedo tan atroz, que el hecho de negar la pandemia desde las teorías conspirativas da una sensación de control sobre la realidad. Vos vivís mucho más tranquilo si creés que las vacunas no se necesitan y que el virus no es nada. Vivís más tranquilo que alguien que como yo, se preocupó por el virus. Yo me encerré, tenía miedo de que a mi madre le diera el virus.

Vi que, si empezaba a entender a esa gente como gente que en el fondo está dominada por el miedo, que es una emoción que yo también tengo, entonces podía empatizar. Porque, si no, son simplemente necios, mala gente, y ahí se corta toda comunicación humana posible de entendimiento con el otro.

Y a su vez, al culpar a un otro, el mal aparece en un punto concreto, no está en el aire.

Yo desde "La Azotea" (2001) estoy trabajando con el tema del miedo al otro. Acá es otro tipo de amenaza, pero al final siempre es el tema de "el otro".

Eso se ha ido agudizando, con el muro de (Donald) Trump, con todo lo que pasó después de las Torres Gemelas en 2001. Esta ha sido la marca de nuestros tiempos, y desde que yo empecé a escribir desde en los '90 para acá eso sólo ha empeorado.

La generación millennial (y los nacidos un poco antes también), es la primera en crecer con las catástrofes medioambientales como algo real y no hipotético. ¿De qué manera te parece que eso define la forma en la que actuamos y pensamos?

Mi teoría es que todas las generaciones han tenido un fin del mundo pendiendo sobre sus cabezas. Hubo un fin del mundo cuando la Guerra Fría, cuando estábamos siempre al borde de que explotara todo porque cualquiera de los dos bandos iba a apretar el botón de la bomba nuclear. Yo llegué a vivir un poco de ese miedo cuando era chica.

La frustración que genera, que a mí me la genera muchísimo, es la sensación de estar en manos de un grupo de poderosos, que son los que toman las decisiones, y estar en manos de ambiciones económicas.

Pero el hecho de que sea ambiental, ¿cómo nos define?

Cómo cada generación lucha o aprende a lidiar con eso es el misterio que no hemos resuelto. No sabemos todavía cómo esta generación va a lidiar con esta angustia existencial.

Por lo pronto, yo con esta angustia existencial escribí el libro. Eso es lo que pude hacer, porque ya llegaba un punto en el que tenía pesadillas.

El libro permite esta conversación, es un tema urgente y creo que cada vez más eso va a estar presente en el arte. Es el signo de nuestros tiempos.

Tus protagonistas son los olvidados. Te paraste en medio de esos que parece que no se salvan. ¿Cómo lo comparaste después con lo que sucedió en la realidad?

Ahí yo estaba haciendo un comentario sobre el neocapitalismo tardío, en el que ningún ser humano que no pueda producir y consumir sirve. Y por desgracia, fue demasiado parecido a la realidad.

Los enfermos, las personas con discapacidades… yo siento que la pandemia reveló una cosa que ya estaba ahí, solo que mejor no la mencionábamos. Ya todo el mundo mostró la hilacha de lo que verdaderamente piensa: "Que no nos vengan a entorpecer nuestra vida y así seguimos yendo a restaurantes y al cine, porque es importantísimo".

"Hay que seguir viviendo", es el eslogan. Y a mí me hace pensar en qué consiste seguir viviendo. ¿Cómo vive esta gente? Porque yo he sido de las que más se ha encerrado y en ningún momento sentí que dejé de seguir viviendo, y viví muy intensamente estos dos años.

La pregunta es qué es vivir, en qué consiste vivir para cada uno de nosotros.

Hay una frase en la que la narradora dice : "Cualquiera sabe que el miedo es contagioso y va pasando de uno al otro como las fichas de un dominó cuando se caen. La única manera de detenerlo es hacer algo radical, un corte drástico". ¿Qué podemos aprender del miedo de esos personajes?

El miedo es una emoción que me interesa muchísimo. Está ahí para encender una señal de alerta y que la señal te lleve a protegerte del peligro. Entonces el miedo como pulsión va a generar una determinada respuesta que va a ser pelear, huir o congelarse (del inglés: fight, flight, freeze).

Me obsesiona como todas las decisiones que tomamos en la vida surgen a partir de un miedo a algo. Ya sea "me caso o no me caso", "tengo un hijo o no", "dejo este trabajo seguro por otro inseguro". Simplemente no lo estamos notando.

El miedo como motor de acción.

A mi lo que me tranquiliza es pensar con perspectiva histórica: siempre hubo momentos en que parecía que peor no se podía estar, en que hubo que tocar un fondo, a veces de manera sorpresiva.

Todavía quiero creer en la capacidad creativa del ser humano para crear soluciones.

Te resistes a que se hable de "boom" de mujeres escritoras. Entonces te pregunto: ¿Qué está pasando en este momento con la literatura escrita por mujeres latinoamericanas?

La literatura latinoamericana está atravesando un momento riquísimo. Estaba faltando lo que la otra mitad de la población tenía para decir. Y todas estas nuevas voces tuvieron la posibilidad, no solo de que se las editara, sino que se las leyera. Porque se editaban escritoras aquí y allá. Pero si no se las leía porque no tenían la visibilidad, no estaban a la vista de la misma manera.

Yo estoy leyendo muchísima literatura latinoamericana y un gran porcentaje de voces de mujeres.

¿Podrías recomendar algunas?

Sí, las tres últimas que leí, que me encantaron. Tres truenos, de Marina Closs, Furia, de Clyo Mendoza, y Casas vacías, de Brenda Navarro.

Este artículo es parte de nuestra cobertura del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza del 27 al 30 de enero de 2022.


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