No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Mexicali

“Vivo esperando que mis hijos me visiten”: Don Humberto festeja el Día del Abuelo con sus compañeros en el Asilo Canseco del Valle de Mexicali

Avatar del

Por Nicolle De León

“Vivo esperando que mis hijos me visiten”: Don Humberto festeja el Día del Abuelo con sus compañeros en el Asilo Canseco del Valle de Mexicali

“Vivo esperando que mis hijos me visiten”: Don Humberto festeja el Día del Abuelo con sus compañeros en el Asilo Canseco del Valle de Mexicali

La mayor añoranza de don Humberto es ver entrar por la puerta del asilo a sus hijos, quienes dice, son el mejor regalo que la vida le podría dar.

Sin embargo, desde hace años sólo al dormir puede encontrarlos en los sueños que le llevan a su pasado.

Luis Humberto López es un abuelito que pasa su vejez en el asilo para ancianos en abandono “Doctor Carlos Canseco”, ubicado en el ejido Janitzio del Valle de Mexicali, donde este 28 de agosto celebrará con sus 64 compañeros el Día del Abuelo.

Con el característico tono de la nostalgia, Luis Humberto platicó que desde hace poco más de dos años fue deportado de Estados Unidos, donde vivió gran parte de su vida, dejando a su esposa, hijos y nietos en Indio, California.

Sentado en su silla de ruedas, la que considera su única herencia, platicó que pasa el tiempo realizando artesanías como palmas tejidas con perlas de plástico y tela, además de pintar y labrar crucifijos de yeso que decoran el asilo.

Humberto agradece que la vida lo haya llevado a un sitio seguro y tranquilo, ya que su suerte no fue muy buena antes de deparar en el asilo; cuenta cómo vivió en una casa donde lo alimentaban con comida llena de gusanos.

Aunque tiene mucha habilidad con sus manos y abundante creatividad, don Humberto se ve limitado en su caminar, ya que sufrió un accidente hace dos años, cuando se cayó de un árbol que estaba podando, relató.

“No le miento, yo he peleado con los perros por comida como pedazos de pollo, fue una temporada difícil, ahora estoy muy bien, tengo buena comida, amistades, pero me hace falta mi esposa y mis hijos, todos los días lloro porque los extraño”, compartió entristecido.

A sus 72 años dice estar satisfecho con la vida, por lo que a veces le pide a Dios que se lo lleve, mientras tanto, aprovecha el tiempo poniendo buena cara en el asilo, siempre sonriendo y platicando con el resto.

Sobreviviente de guerra

En el año 1966, Humberto se enlistó en el Ejército. El único requisito para ir a la guerra entre Estados Unidos y Vietnam era haber ido a la escuela, por ello fue enviado varios meses a pelear.

Una experiencia traumática que ha dejado secuelas en Humberto, pues asegura que el sonido de las balas lo desestabiliza y lo transporta a esa época de violencia de la que aún no entiende cómo sobrevivió.

“Oía uno los balazos y te tirabas debajo de la cama o lo que hubiera para protegerte, yo no se cómo salí de ahí sin quedarme loco, nomás porque tuve suerte”, comentó don Humberto.

Aún los espera

Después de tantos años, Humberto asegura que todavía ama a su esposa, con quien tuvo conflictos de pareja antes de ser deportado. Sin embargo, insiste en que nunca defraudará el juramento que le hizo al casarse.

“Nunca me divorcié, todavía con los problemas, porque pienso respetar el juramento que le hice, vivo esperando diario, diario quisiera verlos y empiezo a llorar”, declaró Humberto con mirada reflexiva.

Humberto y su esposa tuvieron seis hijos, sus nombres son: Guadalupe, María Luisa, Marco Antonio, Maribel, Fernando y Juanita, todos ellos de apellidos López Pacheco, precisó.
En esta nota
  • Día del Abuelo
  • Asilo para ancianos

Comentarios