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Mexicali El mantener una calidad de vida alta lo llevó a estar por 3 meses en la cárcel de Imperial

“Pollero” una amarga experiencia

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Por Nicolle De León

“Pollero” una amarga experiencia

“Pollero” una amarga experiencia

Como toda historia relativa a la migración, todo nació de la necesidad de un joven mexicalense, quien optó por el camino del dinero que no resultó tan fácil como creía, conociendo la amarga experiencia del tráfico de personas que lo llevaron a perder la libertad.

A sus 25 años, José Corral, laboró como “pollero” y sobrevivió a la penitenciaría estadounidense, el día hoy comparte su historia con el fin de que no caigan más personas en su error.

Con un semblante risueño, Corral confía su experiencia aún con incredulidad, su piel es muy morena después de años de haber trabajado en el campo, perdió un considerable porcentaje de su peso, luego de haber estado encerrado sumergido en la depresión.

A inicios del año 2016 se acabó el trabajo en el “field”, donde trabajaba de ilegal con una visa de turista, se acostumbró a ganar bien, así que buscó algo que le diera la misma remuneración.

Por medio de Facebook, encontró un anunció en un grupo llamado “Adictas a las compras y ventas”, en el que simplemente ofrecían dinero inmediato con el único requisito de tener visa.

El perfil que ofrecía el dinero fácil tenía una foto de payaso de terror, Corral le mandó un mensaje, donde rápidamente le contestaron que tendrían que verse en persona para contarle detalladamente.

“El trabajo en California me dejaba 4 mil pesos libres a la semana para mi familia, miré ese anuncio y me dije, ahí está la feria, y me animé, le dije a mi mujer, ella se negó y me advirtió que no sería nada bueno, pero a mí se me hizo fácil”, explicó.

A pesar de la desaprobación de su esposa, se citó en el Centro de Mexicali, justo en las escaleras de la Garita, con el sujeto del que nunca supo su verdadero nombre, quien le dijo sin rodeos que el trabajo era de “pollero”.

“Me explicó ‘la cosa está bien fácil, te vas a ir de pollero, sabes manejar y tienes visa, sabes cuál es el ocho’, le dije que sí, y me dio las llaves de una camioneta Expedition con el tanque lleno”, recordó.

Le instruyó que cuatro personas estaban esperándolo en el desierto, y que no había riesgos porque sería justo en el momento de cambio de turno de la Policía de Migración, la misión terminaba al dejarlos en el Centro, California.

Corral lo vio como un raite por el que le pagarían 1 mil 500 dólares, pero la cantidad se la darían al concluir la misión, previo, sólo le dieron 50 dólares para que desayunara, después se dio cuenta que era muy poco el pago.

“Por cada persona que cruzan les cobran entre 1 mil 500 a 2 mil dólares por persona, me estaban dando una baba, pero pues con los 1 mil 500 en un ratito, ¿qué no andas haciendo en un Mexicali?, me apend... la verdad”, relató.

Le dieron un teléfono por donde le daban todas las instrucciones y el ticket del estacionamiento Colorado Parking, donde se llevó la camioneta verde, y así recoger a los migrantes.

Ya en el camino, salieron cuatro personas que se subieron al auto, uno de ellos lo lideraba y les dijo que se agacharan, de pronto los alcanzaron dos patrullas, lo detuvieron y les pidieron que bajaran de la camioneta.

“Me pararon y me pasó por la cabeza que entre todos le diéramos algo, le dije que si cómo nos podíamos arreglar, no me contestó nada, sólo me esposó y me subió a una camioneta donde traían a perros que buscaban narcóticos en mí y la camioneta, pero no había nada”, dijo.

Había muchos policías festejando, pensando que se trataba de un pez gordo, lo vio un filipino, y le dijo que le iban a dar como diez años, le cerró la puerta, él pensaba que sólo le iban a quitar la visa. Uno de los agentes comenzó el interrogatorio, advirtiéndole que estaba en un problema fuerte, y que probablemente estaría diez años encarcelado, en ese punto mantuvo el llanto contenido.

No se explicaba cómo es que lo habían descubierto, los policías le dijeron que pensaron que llevaba droga porque vieron bultos, eran los migrantes agachados, si hubieran ido bien sentados no los habrían detectado, argumentó Corral en tono arrepentido.

Llegó a un lugar que le dicen la hielera por el frío intenso que se siente, ahí les dieron unas cobijas que de poco sirven, le pusieron ropa azul de recluso y “tocó el piano” (le tomaron las huellas digitales), junto a varios hondureños y mexicanos.
“A las 2:00 de la mañana me dieron una galleta, un jugo y una crema de cacahuate, fue todo lo que comí en todo ese transcurso de tiempo”, mencionó.

Lo mandaron llamar con el titular de la oficina, un hombre grande de estilo caucásico, lleno de tatuajes, con una actitud hostil, pues estaba por terminar su turno y quería despacharlo rápido.

“Aquí más vale que me digas la verdad, que tú traías a la gente y que eres el chilo, para hacer las cosas rápido”, le dijo el agente a Corral; él le contestó que la verdad era que él no sabía nada del negocio y que lo había contactado por facebook, pero que no era de ninguna organización delictiva.
El policía incrédulo le dijo que si así habían sido las cosas que le mostrara sus mensajes de facebook, Corral hasta ese momento, recordó que había borrado todo para que su esposa no lo descubriera, complicándose la situación.

El agente le dio una última oportunidad, apenas diez minutos para encontrar el perfil que lo llevó a cometer el delito, faltando segundos para que se acabara el tiempo, encontró el perfil, y sus lágrimas brotaron, ya que de eso dependía que lo encerraran o no por diez años.

Los agentes corrieron los datos en el sistema, rápidamente dieron con las fotografías y expediente del cabecilla de la organización delictiva, que confirmó la versión de Corral.

“En ese momento el agente volteó a verme, y me dijo con una sonrisa, no sabes de la que te salvaste muchacho, entonces me llevaron a Imperial Detetion MTC, estuve tres meses para ver mi estatus migratorio, aun así era un golpe fuerte”, platicó.
Lo condenaron a tres meses en la cárcel, llegó a las llamadas barracas, donde le hicieron ponerse un traje color naranja, al estilo de la serie “Orange is the new black”, describió.

Cuando entró a los cuartos, las cosas no eran tan crueles como creyó que serían, se encontró con personas que estaban encerradas por tratar de vivir en el País extranjero de forma ilegal, y ahí valoró lo que tenía viviendo en México.

No obstante, él era el único que tenía traje naranja, el resto portaba uno azul, lo que indicaba que había cometido un delito de mayor gravedad, eso le dio una ventaja, ya que todos por temor o por respeto, lo trataban con cuidado.

Lo apodaron “mafia”, creyendo que era el cabecilla de alguna organización delictiva, describió que dentro de la cárcel existen divisiones por nacionalidades, tanto mexicanos, salvadoreños, chinos, entre otras.

“Aproveché que de cierta forma me respetaban por traer traje naranja, agarré trabajo en la lavandería, al día me pagaban un dólar y compraba galletas u otras cosas, pero ese trabajo me ayudó a hacer trueques y empezar a tener cierta ventaja para conseguir cosas”, declaró.

Los chinos son los que tienen más dinero, pero los indios, son quienes tenían más beneficios, ya que en el desayuno les daban crema de maní, Corral aprovechó para intercambiar cosas por dichas cremas, ya que eran muy cotizadas.

Dentro de la cárcel escribió y reflexionó sobre su vida, el 8 de julio salió de su encierro, el momento en que le dieron exactamente su misma ropa con la que cometió el delito, fue impactante, desde entonces no la ha vuelto a usar.

Nadie lo esperaba al momento de su liberación, llegó a su hogar y se dio cuenta de que la vida había seguido sin él, ahora valora como nunca la libertad, sin embargo cuando la relación con su esposa ya no fue la misma y se separaron, llevándolo a una profunda depresión.

Con el paso del tiempo logró rehacer su vida, mira hacia atrás y se da cuenta que pecó de ingenuo, por lo que decidió compartir su historia con el fin de que no caigan más personas en las manos de la delincuencia.
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