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Mexicali

Jaime Raúl, un bolero con pies de plomo

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Por Raymundo García

Jaime Raúl, un bolero con pies de plomo

Jaime Raúl, un bolero con pies de plomo

Entre utensilios y cera para lustrar zapatos, es como trabaja Jaime Raúl de 54 años de edad, bolero del centro histórico de la ciudad, a quien el padecer una discapacidad, no le impide seguir adelante.

Pisando tierras cachanillas

Nacido en Ciudad Obregón, Sonora, a la edad de 8 años llegó acompañado de su madre a tierras cachanillas, quien en todo momento, sintió su apoyo incondicional.

El motivo de la llegada a Mexicali, fue porque les habían comentado que en la ciudad de Calexico existía una clínica ortopédica especialista donde podrían atenderlo.

Su discapacidad se originó cuando a la edad de 3 años, le cayó encima una rueda de tractor que originó el derrame de líquido sinovial en sus huesos.

Don Jaime reconoce que sus primeros años no fueron sencillos, pues el rechazo de la gente por su discapacidad fue constante, pero que una frase de su madre, fue lo que lo hizo ver la vida diferente.

“Hay personas que no miran más de su nariz, la discapacidad o la desgracia la traes en tu cabeza no la traes en tu físico, y si tú reconoces lo que tienes y luchas por seguir adelante, la vida no será un impedimento porque tú vales eso y mucho más”, comentó.



La primer boleada

Después de recibir esa lección de vida, mencionó que su madre fomentó en él desde muy chico, el amor por trabajar, llevándolo a donde sería, el inicio de su oficio.

“Desde niño aprendí a bolear, pues mi mamá me llevó a una bolería de color verde que estaba por el Nuevo Japón, para que me enseñaran el oficio”, explicó.

Aprender a “darle cepillo” al zapato, fue la primera lección de boleo que aprendió durante su niñez, la cual fue madurando gracias al aprendizaje de un oficio.

“Mi mamá me enseñó que el hombre siempre debe ser trabajador, no holgazán ni perezoso”, mencionó.



Pasos firmes

Aunque “bolear” formó parte de su infancia, durante su vida trabajó en distintos empleos donde su estancia duraba poco debido a su discapacidad.

“Trabajé en algún tiempo en una fábrica donde se hacían palos de golf, ahí aprendí a soldar y a pulir, y como era empresa americana, ayudaban mucho al discapacitado”, explicó.

Ante a esto, comentó que trabajar para él, ha sido sinónimo de seguir en búsqueda de su propia lucha.

“La verdad yo me siento muy contento cuando los clientes se van satisfechos con mi trabajo, porque yo procuro tener calidad y respeto en lo que hago” agregó.



En espera del cambio

Don Jaime expresó que aunque disfruta su trabajo y ya tiene sus clientes, el panorama en el centro histórico ha cambiado mucho, ocasionando que disminuya no solo su clientela, si no la de otros lugares.

“La Madero y la Reforma no es todo el centro histórico y nosotros como mexicalenses, nos merecemos un Centro digno”, señaló.

Aunado a lo anterior, finalizó diciendo esperar un verdadero cambio en la ciudad, que ayude a renovar el Centro y así regresarle la vida y el color que un día tuvo.




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