No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Mexicali Son uno de los platillos más sencillos que componen la amplia oferta gastronómica del Centro Histórico de Mexicali desde hace más de medio siglo

#CrónicasdelCentro Tradicionales flautas, la delicia mejor guardada del Centro

Avatar del

Por Saul D.Martinez

#CrónicasdelCentro Tradicionales flautas, la delicia mejor guardada del Centro

#CrónicasdelCentro Tradicionales flautas, la delicia mejor guardada del Centro

Doradas o blanditas, con aguacate o sin él, con salsa de la que pica o no pica, las flautas del Centro Histórico de Mexicali son un platillo que ha trascendido generaciones y sigue encantando a propios y extraños.

Se trata de uno de los platillos más elementales que componen la amplia oferta gastronómica del corazón de la ciudad, abierto a comensales convencionales, noctámbulos, estudiantes, empresarios, taxistas, trabajadores y un largo etcétera.



Repollo picado, aguacate y salsa de tomate se combinan en una exquisitez de la gastronomía urbana de Mexicali. Se dice que, en la mayoría de los casos, el secreto está en la salsa que baña este platillo.

No es fácil que un restaurante en la actualidad sobreviva, a menos que sea de una reconocida cadena, pero cuando se tienen raíces tan profundas en el corazón de Mexicali, las vicisitudes parecen fáciles de superar.

Desde 1953, en el 131 de la avenida Juárez, se despachan unas de las mejores flautas de la capital bajacaliforniana, un negocio que no pasa de moda.

Tradicionalmente

Cuando recién abrieron, en la década de los cincuentas, solían llamarse “El Despacho”. El negocio era administrado por cuatro empresarios y se dice, uno venía de Oaxaca. Decidieron entonces, vender flautas en el entonces boyante Centro Histórico de Mexicali.



No fue difícil prosperar en la zona, donde se asentaban diversas cantinas que diariamente expulsaban a clientes y clientes hambrientos, luego de un buen rato de farra, juego y cervezas.

Guadalupe Navarro Machado, uno de los trabajadores de esta flautería, se familiarizó tanto con el negocio que la evolución natural fue que, tras un incendio de los locales en 1993, los dueños del edifico decidieron rentarle el espacio a él, para continuar con esta tradición.



Desde entonces, dirigió el negocio, ahora como propietario. Don Lupe falleció en el 2012, para dejar a cargo a su hijo, Cuauhtémoc, quien desde entonces encabeza las flautas Las Tradicionales, y que ese año pasó una de las pruebas de fuego para el local.

Familia y vocación

Sentado en un banquito, al final de la barra, don Alejandro Espinoza Villela enrolla con agilidad las tortillas de maíz a las que pone unas hebras de carne, para finalmente darle la estocada con un palillo de madera.

Pasan los minutos, y comienza a elaborar docenas de ellas, listas para conocer el aceite hirviendo. Es una habilidad que tiene y que, a sus 70 años, sigue haciendo más por vocación que por necesidad.



A los 14 años trabajó junto con Don Lupe, cuando las flautas costaban a cuatro por un peso. Fueron amigos por mucho tiempo, y luego él se fue a Estados Unidos a trabajar. En el 2012, con la muerte de Don Lupe, regresó, ya pensionado, a un arte que lo esperó por años.

Aún recuerda los locales cercanos, como el Tío Sam, el Caballo Blanco, La Mina, que generaban la atracción de parroquianos que eventualmente debían comer, y encontraban el bálsamo perfecto en las flautas, que sin importar hora, estaban listas para el antojo de cualquiera.

“Pues son las mejores flautas, y eso lo dice la gente, no uno”, dice con una sonrisa don Alejandro, hombre rollizo de amplia sonrisa y mirada bondadosa tras unos lentes gruesos, y casi siempre con una cachucha.

Tendencia gastronómica

Don Alejandro asegura que con el éxito que siempre tuvo el local, un restaurantero chino del Centro Histórico que era conocido suyo les dijo: “Un día voy a poner unas flautas, vas a ver”. Y sí, muchas de ellas, son las que ahora se encuentran en plazas comerciales, alejados del Centro.

Esta tendencia comenzó a multiplicarse, utilizando la misma fórmula culinaria, y por ello, asegura que la fórmula original, se encuentra en “Las Tradicionales”.



En el 2012, el año en que falleció Don Lupe, un incendio en un local vacío cercano afectó la flautería, poniendo a prueba a su hijo, nuevo propietario. Aunque estuvo cerrado un par de meses, las Tradicionales resurgieron, románticamente, de entre las cenizas.

Con patita

Para el cliente promedio, mancharse los dedos es parte del proceso de deleitarse una docena de flautas mexicalenses. En realidad no es problema cuando chuparlos lo soluciona todo.

Además de que todo plato se limpia con una cuchara que ayuda a recuperar la mezcla de ingredientes que cayeron en él, justo para cerrar el manjar.



Doradas o blanditas son los únicos términos para servir un platillo cuya simpleza podría ser en realidad el secreto de su exquisitez. La pata de puerco marinada en escabeche es uno de los platillos imprescindibles para los comensales y representa un elemento casi para maridar.

Experiencia y tradición

Una repisa en la pared presume los trofeos que han logrado en el balompié local como patrocinadores, al lado de latas de chiles en escabeche, servilletas y fotografías en blanco y negro.

Si algo caracteriza a los comercios del Centro Histórico, es que todos mantienen una tradición de revivir su historia a través de las fotografías y postales de otros tiempos; un recuerdo de años mejores.



Entrar a las Tradicionales es una experiencia que se vive con todos los sentidos. Su aire invadido de un sutil olor a fritangas, sentarse en sencillos bancos frente a barras forradas en lozeta y sentir entre los dedos la salsa que baña a las flautas son pericia infravalorada.

En ese pequeño espacio para comer en la barra es ineludible la convivencia con tu vecino de mesa, al son de las “cocas de vidrio” y el constante pedir de servilletas, atendidos por meseras con mejor memoria que una libreta de comandas.



Las Tradicionales son la parada perfecta para el viandante del Centro Histórico que busca la experiencia de la cocina mexicalense urbana, un negocio cuyo éxito contrasta curiosamente con el equipo de fútbol mexicano favorito de la familia Navarro, el Cruz Azul.
En esta nota
  • Crónicas del Centro
  • #CrónicasDelCentro

Comentarios