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Mexicali

#CrónicasdelCentro Presenta: Sazón desde Jalisco, sazón del Centro en Mexicali

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Por Saul D.Martinez

#CrónicasdelCentro Presenta: Sazón desde Jalisco, sazón del Centro en Mexicali

#CrónicasdelCentro Presenta: Sazón desde Jalisco, sazón del Centro en Mexicali



Flanqueando la otrora majestuosidad del Cine Reforma, sobre la avenida Obregón, se mantiene erguido un pequeño y estoico local que exhala aromas que bien recuerdan la hora de la comida en casa de la abuela o de mamá.

Tazas con sábilas jóvenes en las mesas, paredes con madera y decenas, si no cientos de fotografías, hacen sentir a cualquier persona en casa, sobre todo cuando se sirven los platos de comida.

Desde la cocina surgen olores a verduras hervidas, ajo, salsa, cebolla, consomé y de vez en vez se escucha el chirriar de la carne y de los huevos a la mexicana. Ataviada en una filipina y gorro francés verdes, doña Martha sale con platos y platos de guisados y caldos.



Bajita y de plática fácil, doña Martha Castellón Cortez se relacionó con la cocina casera desde que tenía doce años, gracias a su papá, don José Castellón, hombre nacido en Los Volcanes, Jalisco, que llegó a Mexicali hace más de 60 años.

Es él quien, tal vez sin saberlo, dio comienzo a un legado familiar en la cocina del Centro Histórico de Mexicali, primero con un pequeño puesto de madera sobre la avenida Obregón, donde proveía de comida buena y barata a cientos de jornaleros que trabajaban en el valle Imperial.

A partir de ahí, la historia y el propio talento gastronómico familiar, potenciado por la necesidad, se encargó de guardar un capítulo especial en la historia del primer cuadro de Mexicali para la Lonchería “El Pollo”, uno de los secretos mejor guardados del Centro.


Al mal tiempo

La familia Castellón migró a Mexicali hace más de sesenta años. Recién llegados a la capital bajacaliforniana, la desgracia los enfrentó a una nueva realidad, en una ciudad distante de su hogar.

La esposa de don José falleció súbitamente luego de ser diagnosticada con una enfermedad crónica. Le sobrevivieron niños y niñas, aún pequeños, entre ellos doña Martha, hoy de 64 años de edad.

Don José se vio obligado a potenciar un talento en su familia: la cocina. Alimentar a sus hijos lo llevó eventualmente a emprender en el negocio de la comida y sabía que el lugar ideal para ello era el entonces próspero Centro de Mexicali.

Aunque algunos de sus hijos volvieron temporalmente a Jalisco para ser cuidados por su familia, cuando don José se sintió capaz de salir a flote con ellos en esta norteña ciudad, regresaron a este terruño.



Los amigos de don José

En un caserón de la colonia Baja California, don José recibía a toda su familia, local y foránea. También aprovechaba para ponerlos a trabajar, recuerda doña Martha. Solía comprar semillas de calabaza o cacahuates, tostarlos y empacarlos en pequeñas bolsitas.

Sus hijos, sobrinos o cualquier pariente que se dejara, era equipado con una caja llena de estas bolsitas y cigarros sueltos, luego enviados a vender a los bares, cantinas, cines, tiendas, refaccionarias y cualquier comercio que no rechazara el comercio ambulante.

En 1965, en pleno auge del Programa Bracero, don José instaló un pequeño local de madera sobre la calle Obregón. El platillo principal fue la rabadilla de pollo, acompañada de arroz, frijoles y tortillas. El nombre del local era “El amigo de todos, Don José”.

Con la apertura de nuevos locales sobre la calle México, a unos metros de donde estaba, don José se instaló en el 208, a un costado del Hotel Kino, hoy Telas La Moderna. Para entonces, su apodo le dio nombre a la lonchería, “El Pollo”, oficialmente abierta en 1966.

Ahí duraron casi 50 años, hasta que el edificio de locales fue demolido. El 29 de septiembre de 2015, mudaron el negocio sobre la calle Obregón, de nuevo, al costado del hoy abandonado Cine Reforma. Don José murió en 1995. Doña Martha asegura que volvieron dónde todo comenzó.



Sazón de familia

Con los años muchas cosas cambian. La calle Obregón decayó y recientemente intenta renovarse. El Cine está abandonado, locales vacíos, calles solitarias, pero el rostro del local le da alegría a la zona.

Al frente del local tiene un estacionamiento para bicicletas, abunda la luz natural y las mesas recuerdan la casa de la abuela. Las paredes están cubiertas con un mosaico de historias contadas en imágenes. Lo más perdurable: el sazón de don José.

Joel, el hijo de doña Martha, a pesar de tener una especialidad como técnico en alimentos y bebidas, está obligado a respetar y mantener la sazón. Ambos cocinan y otro de los hijos de don José, Jesús, les ayuda a atender el local.

Once platillos caseros y dos tipos de desayuno son preparados diariamente, todo por un mismo precio. Se convierte en una opción innegable para una comida rápida, bien hecha y con el sabor de casa.



Fútbol, amigos y fotografías

Si algo caracteriza visualmente al lugar, son las fotografías en sus paredes. Es la historia familiar, puesta a la vista de los comensales. Desde imágenes de las antiguas y vigorosas calles del Centro, viajes por México, con artistas o personajes locales, todas reflejan años de historias.

Sobresale una en particular. El gusto de doña Martha por el fútbol y su amor por el Cruz Azul. Ella ríe cuando le pregunto si su afición es la misma de cuando empezó. “Me comenzó a gustar cuando eran buenos, antes de que inventaran eso de lo de cruzazulearla”.

Su historia con el fútbol es fortuita. No es un gusto meramente familiar. Una amiga suya, Soledad Salcedo, le pidió que la acompañara a entrenar fútbol, porque era la única manera que su padre la dejara ir. Ella aceptó y descubrió una nueva pasión.

Con el tiempo, formaron parte de las primeras mujeres en formar parte de los equipos de primera fuerza en la ciudad, con el Santa Clara. El uniforme lo bordaron ellas mismas, era rosa y tenía las mangas bombachas.

La amistad que forjó con sus compañeras trascendió los campos deportivos, pues aún se siguen frecuentando en su lonchería y han planeado una reunión para noviembre. Sus fotos y sus credenciales de las ligas se exhiben en las paredes del local.

Enrique Montaño fue su entrenador, aún vivo y lúcido. Doña Martha dice que fue como un padre para ellas. El equipo Santa Clara aún existe en la liga femenil y es dirigido por una familiar de doña Martha, Leticia Ramos.



La seguridad de la incertidumbre

Invadido de luces, con una fila interminable y en ocasiones con alfombra roja, es como doña Martha recuerda el cine vecino. Su rostro se ilumina y comparte sus mejores recuerdos de aquellos años, que contrastan con el abandono del edificio.

Recuerda a Rosa Gloria Chagoyán, conocida como Lola la Trailera, llegando al cine en un camión, o la Caravana Corona, cargada de artistas que amenizaban eventos en el cine Reforma. La última película que vio ahí fue “Los Caifanes”. Ella ríe pícaramente.

Su semblante cambia cuando compara esos años con la actualidad. Antes solía caminar por la zona con sus hermanos pequeños, sin el temor de que algo les pasara. El ir y venir a la entonces primaria Cuauhtémoc, hoy Casa de la Cultura, no suponía ningún problema.

Doña Martha y su familia ahora no solo deben lidiar con el abandono del primer cuadro de la ciudad, sino con la inseguridad que los golpea frecuentemente y no les ha dejado crecer. Los jala poco a poco al retroceso.

Su voz se serena, meditabunda. “Antes había mucha vida, ahora da tristeza y nostalgia verlo así”, dice. Como testigo del deterioro, le cuesta aceptar la nada agradable realidad, sobre todo para quien tiene sus lazos familiares profundamente arraigados a esta zona de la ciudad.

“Vienen comensales de fuera y buscan el centro, nos preguntan a nosotros cómo llegar y da pena decirles que ya están en él, que es esto que ven”, confiesa. El alma se le alimenta cuando llegan clientes a los que su madre los llevó de niños. Hay nostalgia y esperanza cuando le adulan la comida y le confiesan que les recuerda aquellos años de esplendor del Centro.

“Estamos aquí porque honramos y respetamos lo que nos heredaron y sobre todo porque hacemos lo que nos gusta, si no, ya hubiéramos tirado la toalla”, confiesa doña Martha.

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