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Mexicali

#CrónicasdelCentro Presenta: Música y relojes; un revolucionario en el Centro Histórico de Mexicali

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Por Saul D.Martinez

#CrónicasdelCentro Presenta: Música y relojes; un revolucionario en el Centro Histórico de Mexicali

#CrónicasdelCentro Presenta: Música y relojes; un revolucionario en el Centro Histórico de Mexicali

La noticia inundó con pesadez la radio y la televisión de ese entonces: Pedro Infante había muerto. La conmoción traspasó fronteras y el cine mexicano se declaraba en duelo por la pérdida del artista. Miles de mexicanos le lloraban.

Su avión se había estrellado en Mérida, Yucatán, un 15 de abril de 1957. Su cuerpo fue identificado por un anillo que llevaba sus iniciales “P I C”, por Pedro Infante Cruz. Para aquellos años, eso bastó para saber que se trataba del gran artista mexicano.

Pocos saben que ese anillo con el que se le identificó fue elaborado trece años antes de su fallecimiento, en una joyería de Mexicali y que le había sido regalado por su propietario, Benjamín Sánchez Ayala.

Las historias comienzan a tornarse interesantes. Don Benjamín, mexicalense por adopción, aparece en una de las más famosas fotografías de la Revolución Mexicana, en la que Emiliano Zapata y Francisco Villa se dejan ver sentados en la silla presidencial en la Ciudad de México.

En ella aparece un Benjamín de unos 13 años de edad, asomándose entre las sillas de ambas figuras de la Revolución. Su hija la menor, tiene hoy más de 80 años de edad. Lo recuerda como el general más joven de esa época.

Las vicisitudes por las que termina en Mexicali forman parte de la historia familiar, una que doña Rosa, su hija menor, su última descendiente, cuenta con orgullo, dentro de un local que aún oferta joyería como instrumentos musicales, una pasión que viene de estirpe.

Es así que Pedro Infante y la Revolución Mexicana tienen un episodio de sus historias en el primer cuadro de Mexicali, donde sobrevive de manera sigilosa en un local comercial que para muchos ha pasado desapercibido.



El general

Benjamín nació en la capital homónima de Colima en 1901. Su infancia transcurrió durante la Revolución Mexicana. No hay mucha información sobre cómo llegó a las filas de los villistas, pero seguro aparece en esa memorable fotografía de 1943, donde su general se encuentra con Zapata en la Ciudad de México.

Concluida la etapa bélica de la Revolución, le dijo a Francisco Villa que debían irse del país, ante el riesgo de que los mataran o desaparecieran, pero el revolucionario no le tomó importancia.

Finalmente, el pequeño Benjamín logra un trato. Sería enviado a Suiza, donde estudiaría relojería y después de un tiempo volvería a México, donde, como retribución, debía instalar una escuela de este arte. Y así fue.

Doña Rosa muestra una pequeña foto enmarcada donde aparece el primer reloj que su padre fabricó, con su nombre grabado en la carátula y fechado 1928 con la ubicación Zurich, Suiza. A México regresó poco antes de 1940, a cumplir con su parte del trato.



Iris

Don Benjamín instaló una escuela de relojería y joyería en la Ciudad de México a su regreso de Europa, cuando las revanchas, disputas por el poder o cualquier represalia de la Revolución Mexicana se habían apaciguado.

En su ir y venir en el oficio, conoció a quien sería su esposa, Catalina Alós, una tabasqueña que trabajaba en una de las tiendas que surtía los materiales que se requerían los trabajos de relojería.

A principios de la década de los cuarentas, ambos decidieron venir a vivir a Mexicali, donde se decía que había prosperidad para el comercio y los negocios, alejados de la capital del país.

Con la época de oro del cine mexicano en su esplendor, en todo el país proliferaron salas de proyección de películas y Mexicali no fue la excepción; tampoco resultaba extraño que artistas visitaran la ciudad en los estrenos.

Uno de los cines de esa época, el Iris, es el que le da el nombre a la joyería que don Benjamín fundó en 1943 en Mexicali.



Época de Oro

Enclavado en un otrora próspero Centro de la Ciudad, sobre la ampliación de la calle Reforma, don Benjamín manejaba uno de los negocios más briosos de la zona, la Joyería Iris.

Un recorte de periódico de 1944 da cuenta del festejo del primer año de aniversario, en el que el invitado especial fue Pedro Infante, quien se encontraba en la ciudad para el estreno de una de sus películas.

Con su modo de ser, don Benjamín consiguió que el ídolo mexicano fuera a la joyería para amenizar el festejo. Ambos entablaron una frugal amistad y en esa ocasión, le regaló el anillo de oro con sus iniciales, con el que lo reconocerían el trágico día de su muerte.



Forjador

La joyería Iris perduró a pesar de los embates económicos, sociales y políticos que han apabullado al Centro Histórico de Mexicali. En plena década de los ochentas, cuando esta zona de la ciudad aún irradiaba vida, don Benjamín falleció, a los 82 años de edad, rodeado de su familia.

Años antes de morir, se desconoce la fecha precisa, el entonces secretario de la Defensa Nacional, Hermenegildo Cuenca Díaz, tijuanense, le reconoció el grado de general por su servicio durante la Revolución Mexicana.

Bromista, enamorado, dicharachero, amante de la música mexicana, disciplinado. Su hija lo recuerda como todo un caballero. Tal vez un poco más de eso, pues también recuerda como un día le sorrajó un balazo a un estadounidense que se atrevió a coquetear con su esposa y tuvo la osadía de tocarle el mentón.

Ideático, don Benjamín se hizo sacar un buen día todos los dientes de manera heterodoxa, pues luego de sufrir un dolor de muelas pensó que sin dientes no habría más dolores.



Un legado

La joyería pronto tuvo que comenzar a ofertar otros productos. Tuvo que diversificar para sobrevivir. A finales de los noventas, un asalto acabó con el sueño de mantener solamente la venta de joyas.

Don Gerardo Zamora Padilla, esposo de doña María Sánchez Alós, recuerda lo ocurrido ese día y aunque lograron detener al responsable, fue muy poco lo que pudieron recuperar.

En medio de esto, comenzaron a llegar las plazas comerciales y el Centro comenzó a quedarse cada vez más solo.

Además del negocio, don Benjamín les heredó el gusto por la música vernácula. Uno de sus hijos, José Antonio Sánchez, hoy fallecido, fundó el mítico Centro Musical Sánchez. Doña Rosa, en el local que ahora es propiedad de su hijo, también comenzó a vender instrumentos musicales.

Kathy Zamora, nieta de don Benjamín, fundó el Mariachi con Mujeres Voz de América, quien además da clases de música. La familia compró, acondicionó y puso en renta otros locales de la zona, para darle vida nuevamente. Su amor por el Centro Histórico de la ciudad es patente.

“Aquí estamos y aquí seguiremos. Tengo fe en que esto florezca, no lo pueden dejar morir así”, dice don Gerardo, en el momento en que, poco a poco, su local comienza a llenarse de clientes.
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