No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Mexicali

#CrónicasDelCentro Presenta: La Calle de las Flores

Avatar del

Por Saul D.Martinez

#CrónicasDelCentro Presenta: La Calle de las Flores

#CrónicasDelCentro Presenta: La Calle de las Flores

Con una habilidad manual producto de décadas en el oficio y como si fuera una contrariedad, Rosa deshoja los tallos de un rosal para elaborar, en cuestión de minutos, unos arreglos que de ahí pasan al pequeño cuarto frío del local. Su nombre parece una intencionalidad y por ello parecía innecesario preguntarlo.

Al fondo de la florería, como en un trono, doña María, su madre, la observa trabajar en una mesa que ha visto pasar miles de arreglos florales, enviados por delante para pedir perdón, demostrar amor, expresar luto y pésame o para formar parte de la unión de dos personas.



A la cabeza de este negocio matriarcal, perfumado de flores desde la banqueta hasta su bodega, doña María González Montes, de 77 años, dirige monárquicamente las labores que sus hijos y nietos realizan mientras entran y salen de la florería La Violetera.

Desde hace medio siglo echó raíces en el Centro Histórico de Mexicali y desde hace 30 años está al frente de una de las florerías de tradición que ha logrado sobrevivir en esta zona de la ciudad.

En este tramo sobre la calle México, los aromas y perfumes de rosas, lilis, geranios, crisantemos, gladiolas, alcatraces y otras flores allanan el olfato entre la humedad circundante para el que ose pasar por sus banquetas.

Por años, estas florerías han sido testigos y cómplices de las historias más tristes, las más alegres y hasta cómicas de la relación entre los mexicalenses. La calle de las flores es una tradición que se niega a marchitar.



El brote de las florerías

La calle México no siempre vio en sus banquetas la venta de flores. Algunos consideran que se trata de una tradición relativamente joven. Otros más recuerdan que esos mismos locales tenían anteriormente otro giro.

Entre esos locales, para la década de los setentas, destacaba el de doña María. Taquería La Sorpresa, ubicada a un costado de la Mueblería El Campesino, a unos locales de donde hoy ubica su florería La Violetera.

Pocas florerías había para entonces, como la Florería Mexico, pues en esa misma calle había otros negocios como vidrierías, ferreterías, una librería y locales de comida casera, como el suyo, hasta que comenzaron a cerrar.

En cuestión de algunos años en esa misma década, las florerías comenzaron a multiplicarse y como una analogía del jardín, se fueron expandiendo y abarcando un buen trecho de la calle México, conocido entonces como la calle de las flores.



De los tacos a las flores

Doña María llegó junto con su madre y dos de sus hermanos a Mexicali en 1953. Nació en Cimarrón Chico, municipio de Mascota, en Jalisco. Tenía unos 12 años cuando llegó a la capital bajacaliforniana.

Poco tiempo atrás, su padre, propietario de una panadería, falleció. Su madre y sus hermanos decidieron, como miles de mexicanos, migrar a la frontera para buscar un futuro para sus familias. Así fue como llegaron y se instalaron en la colonia Zaragoza.

Cuando abrió su taquería en el Centro, una locataria cercana le trajo un sacerdote que bendijo el local. Esa locataria, que luego pasó a ser su comadre, era Aurelia Soto, la entonces propietaria de la florería que ahora dirige doña María.

Hace poco más de 30 años se retiró del negocio y sus hijos la llevaron a su natal Guanajuato, donde falleció. Desde entonces, doña María comenzó a echar raíz en una florería que ahora ya es base para gran parte de su familia.

Su entrega a este oficio la llevó a fundar la Unión de Florerías de Mexicali, de la que es presidenta.



Calamidad en el jardín

A pesar de haber sobrevivido décadas en la zona, las florerías deben de enfrentar todos los años los obstáculos que les pone el comercio ambulante y lo que doña María acusa como la falta de regulación y de protección a los negocios establecidos por parte del Ayuntamiento.

“Antes éramos los reyes, ahora tenemos que sobrevivir”, expresa con sinsabor. Aunque florerías comenzaban a brotar en otras partes de la ciudad, en el imaginario del cachanilla, había un sólido referente para encontrar las flores ideales en el Centro Histórico.

Ahora, deben lidiar con las calamidades de un centro de la ciudad deprimido económicamente, desdeñado y víctima de la indiferencia oficial que cada tres años promete lo mismo pero poco o nada cambia.

Aún con la llegada de fechas peculiares, como el Día de Muertos, las ventas no suelen mejorar, o al menos no son las mismas ventas de antes, dice doña María.

Jesús Orta, uno de los distribuidores de mayoreo de flores en esta zona, afirma que la mayoría de las ventas suelen ser para bodas y eventos similares, que comienzan a proliferar cuando comienza a ceder el calor en la región.

Mientras tanto, miles de flores que llegan en tractocamiones desde Ensenada son conservadas en cuartos fríos y bodegas, a la espera de dar alegría y solidaridad a alguien más.



El don de la flor

Doña María es una fiel practicante del dicho: Dígalo con Flores. Funcionan para todo, dice. Funerales, demostrar amor, pedir perdón o la mano de alguien, vestir el jardín para una boda y hasta para sentir la alegría que ellas transmiten.

En sus años como florista, ha sido testigo de varias historias. Personas en su peor momento buscando un arreglo para despedir a un ser amado o otros más buscando cómplices en medio de la noche para conseguir un arreglo floral que llegue contundente al corazón de otra persona.

Con esos casos es con los que se queda doña María. Recuerda que hace no mucho se las ingeniaron para enviar un arreglo floral cada hora a una mujer que cumple años el mismo día de Navidad. La festividad opacaba su natalicio.

Tuvieron que conseguir a diez personas diferentes para que hicieran las entregas y en cierta medida, se sintieron cómplices de un gesto de amor que un hombre había planeado para su desprevenida esposa.

Otras anécdotas tienen otro sabor. Hace unos 15 años, recuerda, vendieron una corona de funeral a un hombre apesadumbrado. La pidió para alguien que estaba internada en el hospital y que iba a morir.

Luego se enteraron que la persona del hospital salió y el cliente le disparó al salir de la Clínica 28 del Seguro Social. Al lado del cuerpo dejó la corona fúnebre que había comprado poco antes.



Volver a florecer y el amor al oficio

Para el oficio del florista se requiere de mano y alma. En una curiosa coincidencia, Rosa, a sus 55 años, trabaja con la flor que le da nombre. Como hija de doña María, vivió de cerca el oficio y tradicionalmente pasó a formar parte de la nómina familiar.

Se necesita creatividad pero sobre todo amor al oficio, dice. Hay que tener imaginación, sortear los altibajos del negocio y sobre todo ajustarse a los tiempos y preferencias de los clientes, cuyos gustos van evolucionando.

A las flores hay que hablarles, hacerles cariños, regarlas, mantenerlas bellas, dice con seguridad doña María. No cualquiera tiene mano para las plantas y es a través de su conservación y su venta que su familia ha salido adelante, por ello entendieron el trato que se les da a ellas.

Tan así que no cualquiera, dice, que en cuestión de días, un empleado que había contratado para labores generales, marchitó un pequeño bambú de agua con el que tenía años en el negocio y que le había dejado a cargo. Las flores sienten y perciben, asegura.

El negocio, completamente familiar, forma parte de esta unión que aglomera hoy a más de 24 florerías.

En algún momento, doña María intentó abrir una florería en otra parte de la ciudad, pero no funcionó. En el Centro Histórico está esa profunda raíz que, a pesar de los embates, parece tener la capacidad de hacer florecer este negocio.

En esta nota
  • Mexicali
  • calle
  • flores
  • #CrónicasDelCentro

Comentarios