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Mexicali Errantes, ofuscados o taciturnos, decenas de hombres y mujeres en situación de abandono deambulan por las calles del Centro Histórico de la ciudad

#CronicasDelCentro Los Olvidados, “fantasmas” en el Centro

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Por Saul D.Martinez

#CronicasDelCentro Los Olvidados, “fantasmas” en el Centro

#CronicasDelCentro Los Olvidados, “fantasmas” en el Centro

Cleofas cruza la calle con la mirada desorbitada. A sus espaldas, el cielo comienza a pardear y lo domina un color naranja, ella probablemente no lo nota, porque de repente ve el pavimento, luego sus manos, la banqueta, sonríe y cambia sus gestos rápidamente.

En sus pies lleva un par de tenis sin agujetas, viste un pants gris y una sudadera, sin importar que sea pleno verano en Mexicali. Camina lento mientras cruza la calle Melgar, a unos metros de la garita internación con Calexico y el mítico Hotel del Norte.

Cleofas Chaparro dice tener 65 años y ser de Mexicali. Apenas controla los gestos de su boca y voltea el rostro de vez en vez con miradas que parecen esquizofrénicas. Confiesa que duerme a las afueras de un banco ubicado en la avenida Madero y todos los días sale a buscar algo de comer, casi siempre por caridad.



En medio del estridente tráfico y navegando por la banqueta entre algunos peatones, la mujer de grisácea y desaliñada cabellera sigue su camino, dejando a su paso un penetrante aroma a orines y sudor añejado.

Ella, como al menos unos sesenta hombres y mujeres, han encontrado un hogar en las calles, banquetas y callejones del Centro Histórico de Mexicali, que errantes, ofuscados o taciturnos, caminan durante el día pasando desapercibidos entre los viandantes y de autoridades.

Lechos de asfalto

Las historias de las personas en situación de calle y abandono en el primer cuadro de la ciudad son tan variadas como misteriosas. Mientras que algunos han sido deportados de Estados Unidos, otros más fueron abandonados. Algunos más no recuerdan cómo llegaron ahí, pero su memoria social los llevó a esta zona de Mexicali.

En las banquetas de la calle Melgar, la avenida Reforma, los camellones del bulevar López Mateos o los callejones de la zona sur del Centro Histórico, decenas de ellos duermen, comen o ceden a sus necesidades fisiológicas.



Han encontrado en el asfalto y unas cobijas impregnadas de grasa y polvo negro, una manera de pasar la noche. Una de ellas, conocida como “La Mamá”, se apropió de un espacio frente a unos locales en renta sobre la calle Melgar, acompañada de unas muñecas a las que llama por hijas.

Otros más han encontrado en las bancas de los parques, como el de la Plaza Santa Cecilia o el parque de los Niños Héroes, un sitio para pasar la noche, tomar algo de descanso y volver a deambular por las mañanas.

La Molestia

Para varios de los comerciantes del Centro Histórico, la situación de indigencia no pasa desapercibida. Es imposible. Algunos de ellos los apoyan con algo de comida, aunque, afirmen, sea perjudicial.

La caridad de propios y extraños ha mantenido un ciclo vicioso en el Centro Histórico. En los parques locales se congregan decenas de ellos, esperando un plato de comida o algo de beber, por parte de buenos samaritanos que acuden en jornadas recurrentes de apoyo.



Sin embargo, algunos comerciantes locales aseguran que esta situación solo agrava su condición, pues los impone a seguir mendigando y seguir habitando lo que antes fueron prósperos y boyantes espacios comerciales y sociales.

“No estamos en contra de los indigentes, estamos en contra de que no se les atienda como debe ser, en una zona adecuada en la ciudad, no en el Centro, para que se les oriente y apoye”, expresa un comerciante de artículos domésticos.

Nómadas

Pacientemente, Leo como pollo, arroz y frijoles en un plato de unicel mientras saca tortillas de maíz de una bolsa de plástico. Sentado con las piernas estiradas en una grasienta banqueta del callejón Chinesca, cuenta escuetamente su historia.

Llegó a Mexicali hace tres años, desde Apatzingán, Michoacán. Duerme en las calles, donde lo atrapa la noche. La comida, como el pollo que come este día, es casi siempre por caridad o por ayudar en algo en algún comercio.

Es de pocas palabras y distraído. No trabaja y no sabe de su familia. Luego de acabar la cena del día, deja todo dentro de la bolsa plástica y la recarga en un pilar. Se levanta y sigue su camino, sin despedirse.

Un hombre sin camiseta y con una botella de plástico con algo de licor, se pasea errante en medio de la calle, retando a automovilistas, incluso una vagoneta de la Policía Municipal. De pronto habla inglés, cita la Biblia o simula hablar con alguien en voz alta.

Momentos después, un hombre agitado, inquieto y apresurado, junta la basura que dejó Leo. Dice llamarse Armando Vargas, ser boxeador tener 18 años. Aunque presume algunas poses de lo primero, es notorio que su edad es superior a los 40 años. Con un trapo al hombro camina por las calles del Centro Histórico recogiendo basura y pidiendo algunas monedas.

A las afueras de un autoservicio, Luis Santos, de 52 años, también pide algunas monedas para comprar algo de comer, dice. Se recarga, irónicamente, en un letrero que recuerda la normatividad municipal que prohíbe mendigar y molestar a personas en la vía pública.

Mientras toma un refresco tibio, cuenta que es de Mexicali y no trabaja. Duerme donde la noche o el cansancio lo alcance. Algo parecido a lo que vive Fernando Cruz, un hombre entrado en años, robusto, quien duerme en una de las bancas del Parque de los Niños Héroes.

Este parque, que vio sus años de gloria mucho tiempo atrás, se encuentra en una aparente remodelación eterna. Por la noche, es habitada por indigentes y otros hombres que parecen gestionar el tráfico de migrantes a Estados Unidos. Es una zona caliente, dicen comerciantes locales.

Fernando se dice deportado y que estuvo en prisión en California. De repente hace referencias a la película Taylor Hackford, “Sangre por Sangre”. No recuerda su ciudad de origen ni el paradero de su familia, pero afirma tener miles de dólares en una cuenta bancaria, de la que retira efectivo para comprar aguardiente todos los días.

Solución o privación

Hablar de la reubicación de la población indigente del Centro Histórico no es fácil. Muchos de ellos han encontrado un modo de vida en el primer cuadro de la ciudad, otros más, no están conscientes siquiera de dónde están, pero saben que ahí, de alguna manera, encuentran alimento.

El Ayuntamiento ha iniciado con este proceso dando un primer paso. El alberque permanente para personas en situación de calle presenta un avance del 70% y podría comenzar a operar en un par de meses.

La inversión es de más de seis millones de pesos y podría atender a más de 90 personas diariamente, los 365 días del año, las 24 horas del día. El inmueble se construye cerca del Centro Histórico, sobre el bulevar Río Nuevo y la calle Ciudad Victoria.

Seguramente será cuestión de tiempo para saber lo que ocurrirá tras este primer paso. La situación de los indigentes es complicada y probablemente no todos querrán ir hasta allá. ¿Se les obligará a salir del Centro? ¿Se criminalizará su condición? Probablemente llegó el día de abrir la conversación pública ante la situación que vive el corazón de Mexicali.

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