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Mexicali

#CrónicasDelCentro La inacabada dinastía del Dragón mexicano

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Por Saul D.Martinez

#CrónicasDelCentro La inacabada dinastía del Dragón mexicano

#CrónicasDelCentro La inacabada dinastía del Dragón mexicano

Atraído por la filosofía implícita en las artes marciales, Carlos Valencia se inició en el Judo y las pesas, pero su hambre de conocimiento no se sació. Por necesidad, trabajó como muchos mexicalenses de aquel entonces, los campos agrícolas en California.

Aprovechando las corridas que tomaba en el valle Imperial a distintas ciudades, aprovechaba para ingresar a los dojos y gimnasios de la región a la que le tocaba laborar, como Salinas, San Diego o Los Ángeles, en California, o en Phoenix, en Arizona.

En cada ciudad era diferente; kenpo, karate koreano, tae kwon do, tang soo do, entre otros estilos fueron los aprendidos en cada estadía. Nunca perdió su tiempo, pues a la vez que trabajaba, se dedicaba a entrenamientos y formaciones de distintas culturas.



El trabajo en el campo y su interminable inquietud por aprender las artes marciales y su filosofía, culminaron en uno de los sistemas de karate que han generado campeones en las últimas décadas y que es nacido en México: el Kofuja Do, un sistema para adaptar, innovar e interceptar estilos.

Bajo este esquema fundó un gimnasio y comenzó a formar a sus discípulos bajo una filosofía para el combate y para la vida, una doctrina que ha marcado a cientos de mexicalenses desde hace más de tres generaciones.



Don Carlos llegó de Mazatlán, Sinaloa, cuando tenía apenas cuatro años. Por adopción se hizo mexicalense y por orgullo siempre presumió ser de Pueblo Nuevo. Fue en el Centro Histórico de Mexicali donde, sin saberlo, comenzó su legado y su dinastía.

Centro de disciplina

Rodeado de indigencia, calles severamente dañadas y ominosos espacios públicos dominados por el vandalismo, el gimnasio del Maestro Carlos Valencia muestra el tamaño de su resiliente músculo.

Por años, miles de mexicalenses han visto ese anuncio al fondo de la calle Juárez, con la leyenda “Karate”, abierto en donde anteriormente era la Joyería Central. Otros cientos lo conocen por dentro, y sobre todo, unos cuantos lograron conocer a la leyenda.



El Gimnasio, abierto desde hace 1968, se ubicada inicialmente en la planta alta de un edificio de la avenida Azueta, donde funcionó hasta 1994, cuando se cambiaron a la ubicación en que se encuentra hoy.

En el Centro Histórico de Mexicali ha dejado una huella intangible formando disciplina, carácter, fortaleza, lealtad, rectitud. Queremos formar campeones de vida, dice el heredero de la dinastía Valencia, quien ahora administra el modesto lugar.



La intrínseca relación binacional de la región a partir de la agricultura, el ímpetu deportivo de Carlos Valencia y la curiosidad por explorar los diferentes estilos de artes marciales, dieron como resultado uno de los sistemas que hoy en día sigue formando campeones a nivel mundial.

Probablemente pocas personas saben que don Carlos era muy buen amigo de Chuck Norris, y que en la década de los setentas visitó Mexicali para entender el nuevo estilo mexicano del karate. Por algo, don Carlos se ganó rápidamente su título de Maestro, así, con mayúsculas.

La huella del dragón

Con el tiempo, la dedicación, disciplina y fortaleza, el gimnasio de don Carlos Valencia se ha formado un nombre a nivel nacional, pues hoy por hoy es considerada la quinta mejor escuela de artes marciales a nivel nacional.

El karate llevó a don Carlos a conocer a figuras destacadas de este campo, como Chuck Norris, quien visitó Mexicali a finales de los setentas y en 1982 lo acompañó a Hermosillo, Sonora, para un evento deportivo.



Su amistad con él era tal que llegó a invitarlo a Hollywood al rodaje de dos de sus cintas, en los que aparece en algunos cameos, como en Eye for an Eye y A Force of One. Ambos formaron parte del consejo directivo de la United Fighting Arts Federation (UFAF) en los ochentas.

Detrás de la formación de don Carlos se encuentra también Robert Trias, fundandor de la primera escuela de Karate Japonés; Iván García; Thomás Connor, primer cinta negra de Ed Parker, considerado el padre del Kenpo en las artes marciales; o Ed Rivera, el creador de la unión de las tres escuelas china, japonesa y coreana.

Quizá igual que Chuck Norris, don Carlos le debió gran parte de su formación a Byong Young Yo, “El Tigre de las Artes Marciales”. De él aprendió el Tae Kwon Do y la aceptación, pues fue de los primeros en aceptar a afroamericanos en sus clases.



Es en 1978 cuando comienza a estructurar todo lo aprendido. Cinco años después, acuña el término Kofuja Do, como el arte de interceptar y combinar estilos. En 1984, este sistema ve la luz a nivel mundial, nacido en Mexicali.

Cuna de campeones

Entre gritos y katas, la figura de una adolescente sobresale del fondo del gimnasio. Aunque todos los alumnos del día son jovencitos de entre los 5 y los 10 años, la joven muestra liderazgo y ellos obedecen.

Los gritos de guerra de este entrenamiento llevan cargado el carácter y la voluntad. La joven es Fanny Aguirre, una de las karatecas que representarán a México en Atenas, Grecia, durante una competencia internacional que se llevará a cabo en octubre de este año.



Mientras termina su entrenamiento, Brisa Aguirre, su madre, hace lo propio dominando a un inquieto Kenneth, un pequeñito de tres años de edad con una “mohawk”, asegura que seguirá los pasos de su hermana en el karate.

El Sistema Kofuja Do, creado por don Carlos Valencia, ha formado campeones y atraído las miradas del mundo. Su hijo espera que algún día, este sistema pueda ser difundido en otros países, particularmente de Centroamérica.

No se trata solo de golpes, guardias y patadas. El sistema está enfocado en crear campeones de vida, dice Carlos Valencia hijo. “Cualquier pelea ni ganada es buena, pero sí puedes defender tu vida o la de alguien más con esto, si en algún momento de tu vida lo necesitas”.

Una dinastía

Aunque por su cabeza ha pasado mudar el gimnasio a otro punto de la ciudad, el gimnasio de los Valencia tiene un arraigo especial en el Centro Histórico. Fue aquí incluso donde su padre comenzó a entrenar, por motivación de uno de sus tíos quien pagó las primeras mensualidades.

Para don Carlos, este sistema fue su vida. Afectado por un evento vascular cerebral, se vio impedido de seguir dando clases. Aún así, solía acudir con frecuencia a los entrenamientos en el gimnasio.

Las secuelas le impidieron luego acudir al gimnasio y luego se fue a retirar a Fresno, California. Don Carlos, el Maestro Valencia, tenía 66 años ese 25 de enero de 2013, cuando la flama del dragón se apagó.

Uno de los primeros alumnos de este sistema, Carlos Quiroz, continúa enseñando a niños esta filosofía que su Maestro desarrolló. Siempre que se refiere a él, lo hace con un respeto y en ocasiones con reverencias.

Sobre los hombros del heredero de esta estirpe recae medio siglo de formación en artes marciales. En su hijo, Carlos Valencia III, está la decisión se continuar con el linaje y la dinastía de los Valencia.

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