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Mexicali Una taberna sobrevive discreta y cautivante en el Centro Histórico, mientras sigue albergando historias al calor de las maltas

#CrónicasDelCentro La Cantina más vieja de Mexicali

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Por Saul D.Martinez

#CrónicasDelCentro La Cantina más vieja de Mexicali

#CrónicasDelCentro La Cantina más vieja de Mexicali

Sobrevivir más de sesenta años al vaivén económico, a la dispersión de la ciudad y la amplia oferta económica en otras zonas de Mexicali, requiere de tener una raíz muy profunda en el lugar donde comenzó todo.

La cantina El Campesino, abierta desde 1945, ha resistido todo eso, además de dos incendios que han puesto a prueba la resiliencia de este concepto, nacido en el Centro Histórico de la ciudad, hace ya 73.

Apostada en el 103 de la calle Juárez, la cantina más antigua de Mexicali sobrevive discreta y cautivante, albergando historias al calor de las maltas espumosas y frías desde hace más de medio siglo.



El cráneo de un toro y la cabeza taxidermizada de un venado en sus paredes complementan el cliché norteño y arrojan su vista sobre un galerón ampliado que hoy es El Campesino.

Esta taberna, administrada y atendida por el heredero del dueño anterior, ha logrado con los años lo que algunos nuevos negocios no han sabido capitalizar: crear una comunidad de clientes que se han convertido en amigos.

La raíz del campesino

Manuel Corral Pedroza llegó de Chihuahua a Mexicali, donde participó en la fundación de la colonia Progreso. Agricultor de vocación, vivió una de las etapas más copiosas de la región con el cultivo de algodón.

Cuando el Centro Histórico era el punto de referencia para todo en la capital, don Manuel visitaba una cantina que se atestaba de trabajadores del campo en los “días de raya”.

Al dueño original, del que se sabe poco, don Manuel le ofreció comprarle la cantina, mientras jugaban al cubilete. El propietario aceptó, y la cantina El Campesino, pasó a propiedad suya, con todo y sus trabajadores.



Marco Antonio Corral, de 48 años y actual administrador, cree que el nombre de El Campesino era en alusión a los clientes que frecuentaban el lugar, cuando acudían al centro de Mexicali para abastecerse.

La hermandad del dominó

A partir de 1950, cuando El Campesino pasó a ser administrado por la familia Corral, don Manuel optó por mantener el nombre, los empleados de aquel entonces y el concepto.

Según recuerda hoy su hijo, Marco Antonio, y de acuerdo a lo que su padre le contaba, todas las mesas se llenaban de jugadores de dominó. Las pláticas se opacaban cuando el Mariachi Campesino comenzaba a tocar.

La melodía diaria de la noche era el sonido de las fichas de marfil chocando entre sí, los tarros durante el brindis, las risas, la plática, la expresión más ruidosa de la camaradería, de una cofradía que veía en esta taberna un templo para relajar la moral.

El sonido de los dados batidos dentro de un vaso de cubilete dominaba el azar sobre la barra de El Campesino, obligando a algunos a pagar las rondas de cerveza para amigos y extraños.

Alma norteña

La firma de El Campesino son las cervezas bien frías, las botanas picantes y, más recientemente, las jarras preparadas; una suerte de Chabelas con una mezcla particular de sazonadores.

Aunque por cerca de 20 años regalaba palomitas que elaboraba con una vieja máquina palomera, ya jubilada por compasión, hoy ofrece botanas que ha personalizado, como los chicharrones bañados en una mezcla de salsas.

Carne seca, papas fritas, cueritos de cerdo, frituras o simples mitades de limones salpimentados se convierten en excelentes acompañantes de un tarro entumecido y escarchado.



Todo el menú no puede estar mejor planeado para el disfrute de juegos de béisbol, fútbol o básquetbol que religiosamente se proyectan en las pantallas del bar, o bien, para que acompañe a los clientes de las nuevas generaciones que conviven con celular en mano.

Para todos

Esta taberna se convirtió en un sitio obligado para trabajadores de la construcción, de la central de abastos, de carpinteros, electricistas y de quienes ayudaron a forjar los cimientos del Centro Histórico de Mexicali.

Muchos clientes viejos, que conocieron a don Manuel, ya murieron, comenta Marco Antonio, un hombre robusto que se impone detrás de la barra que contrasta con su amplia sonrisa da la bienvenida a todo cliente.

No es un lugar con exclusividad, pero sí con una filosofía muy peculiar de atención al cliente para ofrecer entretenimiento, un buen rato y bebidas y botanas norteñas a un precio justo, comenta.

Al Campesino bien entran trabajadores de la construcción, maestros, abogados, profesionistas o jubilados. Mientras más tiempo te quedes, es mejor, dice Marco Antonio.

De las cenizas

En octubre de 2012, un incendio en el edificio donde se alberga la cantina lo obligó a cerrar por seis meses. A pesar de que en los noventas un incendio similar también les afectó, éste último si generó más daños.

Como si fuera un borrón y cuenta nueva, Marco Antonio renovó el local, pero mantuvo la filosofía del concepto, aún con el dolor de haber sufrido de robos durante el lapso que cerró, en los que se llevaron reliquias de valor histórico y sentimental.

Hasta hace poco, un almanaque de 1951 que creyó perdido en este incendio, resultó estar enmarcado y bajo resguardo de un maestro del valle de Mexicali, a quien don Manuel se lo había regalado años atrás.

Esta cantina, a la que don Manuel le guardó mucho aprecio y en la que entabló incontables amistades, debía resurgir, y su hijo logró renovar ese espíritu que enamoró a su padre.

Los tiempos de abundancia y copiosidad ya no son los mismos, pero el Centro Histórico es fértil para quien cree en él y Marco Antonio es uno de los practicantes de esta filosofía.
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