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Mexicali El otrora emporio cachanilla de música y discos sobrevive en un pequeño local del Centro Histórico que funciona como un involuntario museo

#CrónicasDelCentro Discoteca Silvia y la nostalgia musical

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Por Saul D.Martinez

#CrónicasDelCentro Discoteca Silvia y la nostalgia musical

#CrónicasDelCentro Discoteca Silvia y la nostalgia musical

Dos ventanales tapizados con pálidos posters musicales reciben a los clientes. El ingreso se hace con cautela, pues se corre el riesgo de que, de no ser cliente frecuente, uno se sienta fuera de sitio o fuera de tiempo, como si hubiera entrado al lugar equivocado o sorpresivamente inesperado.

Pocos lugares en el Centro Histórico podrían causar tanta nostalgia como la Discoteca Silvia, el otrora emporio musical y de discos que ahora sobrevive como un involuntario museo de antigüedades, atendido aún por su propietario original.

Los estantes, mostradores, aparadores y repisas, aunque desempolvadas, lucen el paso de los años. También ocurre con algunas de las cintas y discos que muestra, nacidos en otra década, algunos en otro siglo. Pero siguen ahí.



Es inevitable percatarse de algunas ligeras telarañas, el polvo, las portadas de discos y películas ajadas por el Sol, el paso del tiempo y el menosprecio de los melómanos que han transitado sus pasillos.

En las paredes aún están empotradas cuatro bocinas que reproducían la música del momento a petición de los clientes. Hoy ni siquiera se encienden. Pero ahí siguen, en caso de que alguien quiera comprobar la fidelidad de la música que quiere llevarse a casa.

Por más exánime que el ambiente del local pueda parecer, el contraste lo hace don Gustavo Labrada Campos, célebre personaje del Centro Histórico, de holgada y gratuita sonrisa y de fácil conversación; testigo de la cúspide y el declive del corazón de la ciudad.

El Emporio Musical

Don Gustavo nació en el Centro de la ciudad, en una cuartería marcada con el 125 de la calle Hidalgo, un 22 de octubre de 1939, a las 8:50 de la mañana, dice con seguridad e inequívoca memoria. Hoy tiene 78 años, y su memoria a corto plazo ha resentido el paso de la edad.

Risueño, platicador y contador de oficio, llegó a trabajar para empresas transnacionales en la región, las cuales le ofrecieron gerencias que rechazó. Luego trabajó en el negocio de “Aparatos Musicales”, y ahí fue cuando se acercó a la industria.



Junto con tres hermanos suyos, emprendió el negocio Discotecas Silvia en abril de 1972, frente a la Catedral de Mexicali. Tres años después abriría el local que se encuentra sobre el bulevar López Mateos, también en el Centro Histórico, y que hoy es el único que mantiene abierto.

¿Quién es Silvia?, le pregunto. La plática con don Gustavo se interrumpe y su semblante se vuelve incómodo y trata de sortear la pregunta con una sonrisa. Era por una mujer cercana a él, cuya historia no se logró. Así decide no contar el origen del nombre.

Farándulas

El nombre comercial de Discotecas Silvia quedó plasmado en la memoria colectiva de Mexicali por la venta de boletos de artistas de renombre en México. Se convirtió en una suerte de eslogan. Gracias a él, dice don Gustavo, sus tiendas adquirieron mucha fama y popularidad.



Artistas como Menudo, Chayanne, Rocío Durcal o José José llegaron a vender sus boletos a través de las cinco tiendas que abrió don Gustavo. Era el “TicketMaster” de nuestros padres; un referente obligado para los eventos artísticos de altura en la región.

La memoria de largo plazo le ha perdurado bien a don Gustavo, al recordar que José José lo visitó por allá de 1977, también Juan Gabriel, Rocío Durcal y Rocío Jurado, con quienes entabló amistad.



Una de las anécdotas que recuerda es de cuando los integrantes de Menudo se alojaron en su casa del fraccionamiento Los Pinos, a la que fueron llevados en ambulancia por discreción, sin embargo, una vecina suya de 8 o 9 años, los vio y le habló a sus amigas por teléfono.

“Huy, se cerraron calles, los vecinos estaban todos sacados de onda, todos querían pasar a verlos y saludarlos, se armó un alboroto a las afueras de la casa, hubieras visto”, cuenta don Gustavo entre risas.



Nada discreto, don Gustavo declama su admiración por Libertad Lamarque, a la que llama la verdadera “Novia de América”. El gusto por su trabajo lo adquirió en su adolescencia. Su madre, a la que perdió a los 7 años, también le admiraba. “Dice mi abuela que ella me heredó ese gusto”.

En su oficina, atrapada en los ochentas, tiene una pared tapizada con una repisa de cassettes, coronada con una foto en blanco y negro, donde aparece junto a Libertad Lamarque, partiendo un pastel durante un evento en la disquera RCA Víctor.



“Me había invitado Chucho Ferrer y Guillermo Infante, en la Hacienda de los Morales, porque sabían que era mi artista favorita; ese evento fue cuando celebraron que ella tenía 50 años grabando con ellos”, comenta don Gustavo con voz y ojos llenos de nostalgia y melancolía.

A ella la vio actuar en Madrid, Buenos Aires, Ciudad de México y Nueva York. Su negocio lo llevó a viajar y conocer varias partes del mundo, codearse con gente de la industria musical y llenar de recuerdos su maleta.

Anacronismos

A pesar del declive de Discotecas Silvia, don Gustavo no tiene problemas económicos, pues supo invertir las ganancias durante los años nobles en que su tienda era un referente comercial en Mexicali y el Centro de la ciudad.



Don Gustavo supo invertir las ganancias de la discoteca en bienes raíces. Probablemente previó no poder adaptarse a la vorágine evolutiva de la industria musical y de la misma tecnología.

Por Discotecas Silvia conserva una afición o un romanticismo menospreciado en la vieja usanza de elegir un cassette a tocar, de evitar los rayones en los discos, elegir pistas y conservar la música en un objeto material.

“Desde hace tres o cuatro años ya no es negocio, pero yo creo que voy a cerrar cuando me muera, o cuando la salud no me deje venir a seguir atendiendo”, explica. “Pero esto es un negocio que no se va a acabar, fue muy noble por 25 años, pero ya ves, ahora la gente está volviendo a buscar los LP´s y los discos de pasta”, dice entusiasmado.



Las distribuidoras de las empresas musicales siguen levantando pedidos y llevando discos a la tienda de don Gustavo y algunos clientes de más de 40 años siguen llegando a comprar algo.

El actual estado que guarda la discoteca y su parálisis en la década de los ochentas, la ha convertido en un involuntario museo de antigüedades, curiosidades y hasta reliquias que pudieran tener un valor para los coleccionistas.

Discotecas Silvia rememora a algunos de los artistas que acompañó en su carrera, en sus años. Recuerda a aquel artista mexicano sobrepasado por el tiempo, sobreviviendo aferrado a su esencia, a su médula y a la añoranza.

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