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Mexicali Un reducido espacio de menos de nueve metros cuadrados en el Centro Histórico de la ciudad podría ser la cuna de los primeros cócteles fríos en México

#Crónicas del Centro Puerto Ilusión, una isla en el Centro

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Por Saul D.Martinez

#Crónicas del Centro Puerto Ilusión, una isla en el Centro

#Crónicas del Centro Puerto Ilusión, una isla en el Centro

Con maestría y habilidad, Moisés toma una copa Chabela, abre la puerta del congelador le pone camarones, salsa con la receta familiar, pepino picado, cebolla, tomate y remata con una capa de aguacate. Todo en menos de dos minutos.

Una tras otra, despacha cócteles de camarón, callo, ostión y lonja de calamar. Los clientes comienzan a hacer fila y se impacientan, pero saben que la espera vale la pena. Ahora, el único temor es saber si van a alcanzar o no a degustar uno de los cócteles.

En un reducido espacio de menos de nueve metros cuadrados, sobre una zona del callejón Reforma que parece escenario de un barrio bajo, la marisquería Puerto de Ilusión es una isla exótica que recibe a los amantes de la comida del mar, con el gélido toque cachanilla.



En la barrita del local, se encuentran todas las culturas en forma de salsas para los cocteles, desde las tradicionales salsas picantes mexicas, la salsa de ostión, la salsa del “gallo” o salsa Sriracha, hasta la temible salsa de habanero.

Aunque es difícil de afirmarlo, se cree que en este pequeño local, abierto por una familia guanajuatense hace más de 50 años, se comenzó a servir el coctel frío, si no en México, al menos en la región.

De los 7 mares al Puerto Ilusión

La familia Ramírez cuenta con una tradición gastronómica. El abuelo llegó a Mexicali desde Pénjamo, Guanajuato, una ciudad no costera. Desde la década de los cincuentas, don Francisco Ramírez Canchola abrió un restaurante de comida mexicana.



Años después, se aventuró con los mariscos y comida del Mar de Cortez. Don Francisco es recordado, según cuentan sus clientes, por preparar una de las mejores “caguamas” en Mexicali. También trabajó con una receta para los cocteles en su marisquería “El 7 Mares”.

Su hijo, don Moisés Ramírez Molina, llegó a Mexicali a principios de los sesentas y siguiendo el culinario oficio de su padre, abrió un local también sobre el callejón Reforma, al que nombró “Puerto de Ilusión”, en una fecha desconocida de 1966.

La tradicional receta familiar comenzó con un sencillo toque. Después de cocido el camarón, lo ponía en hielo y luego lo servía en el cóctel. Un toque cachanilla, creen algunos.



No se sabe si el nombre tiene algo qué ver con La Paz o con la mítica canción de Chayito Valdéz. “Cansado de navegar, llegué a éstas playas tibias y claras, y anclé mis ansias para soñar”, así reza un verso de la canción, y tal vez así fue la vida de don Moisés.

El “7 Mares” cerró en 1992, cuando el edificio donde estaba el local cambió de dueño.

Tres generaciones

Don Moisés enfermó de cáncer en el 2009 y la enfermedad lo venció en el 2012. El Puerto de Ilusión quedó anclado en el Centro Histórico y su hijo heredó el timón del negocio familiar desde entonces. Un negocio que durante su infancia fue su segundo hogar.



“El Mois”, como le llaman sus amigos y clientes, un hombre de baja estatura y de gesto y actitud amable, camina de un lado a otro dentro del local preparando cócteles, uno tras otro. En una repisa conserva religiosamente dos fotos de su padre, una más reciente que la otra. La foto más vieja, es de don Moisés frente al Puerto de Ilusión.

Por más pequeño, el local parece tener siempre lugar para un adorno más. El Mois señala un barco de madera, unas campanas de viento o “chismes”, como se les conoce a las conchas colgadas en hilo de cáñamo, todas regaladas por algunos de sus clientes, algunos traídos de Acapulco.

De buen diente

Moisés Ramírez Hernández es dentista de profesión. Egresado de la UABC en el 2004, solo ejerció 5 años, hasta que su padre, don Moisés, enfermó de cáncer. Por al amor a la tradición familiar y lo redituable que era el negocio, decidió dejar de ejercer y seguir el legado.



No ha pensado en ampliar la publicidad ni abrir sucursales o siquiera cambiar el local a otra zona de la ciudad. El Puerto de Ilusión se ancló en el Centro Histórico. Por más precaria que el área pública sea donde se encuentra, tiene una abultada clientela.

Residentes de Calexico suelen cruzar los fines de semana a comer ahí, y tan solo los miércoles, decenas de motociclistas del club “Vagos”, atestan el lugar luego de sus reuniones. Es una zona de tránsito concurrida de peatones y viandantes del Centro Histórico.

Cae la noche y “Mois” recuerda los días en que el Puerto de Ilusión estaba abierto 24 horas, nutriendo el gusto por los mariscos a los mexicalenses que le daban vida de día y de noche al Centro. Ahora, la inseguridad y las horas bajas, limitan un breve horario vespertino.

Aun con ello, el “Mois” sigue dando vida a un legado y tradición que cumple 52 años en el Centro.

En una repisa del local, la foto de un hombre imponente de brazos cruzados y de semblante orgulloso posando frente a su nueva coctelería. Seguramente no sabía en ese momento que había iniciado un legado que sus clientes, con el paso de los años, siguen apreciando.


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