No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Triunfo y derrota de Morena

Los resultados de la elección pasada son paradójicos para Morena, pues por un lado gana 11 de las 15 gubernaturas en juego, pero por otro pierde varias alcaldías en la Ciudad de México, así como también pierde más de 50 escaños en la cámara de diputados, por lo que difícilmente alcanzará la mayoría calificada.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Los resultados de la elección pasada son paradójicos para Morena, pues por un lado gana 11 de las 15 gubernaturas en juego, pero por otro pierde varias alcaldías en la Ciudad de México, así como también pierde más de 50 escaños en la cámara de diputados, por lo que difícilmente alcanzará la mayoría calificada.

¿Cómo explicar lo que ha sucedido? Para empezar, esta elección nos refleja con mayor claridad la distribución real del poder en México, a diferencia de la de 2018 que dio la sensación de un nuevo partido que arrasa con todo, pero en realidad no es así. Esta elección nos indica que Morena es una fuerza mayoritaria, pero no es hegemónica, salvo en algunas entidades.

Si bien se ve impresionante que Morena haya ganado en 11 estados, para sumar casi la mitad de ellos gobernados por ese partido, lo cierto es que al interior de esas mismas entidades hay una pluralidad de fuerzas y algunas de ellas van a gobernar capitales y ciudades importantes. Al parecer, lo que está sucediendo es que Morena está desplazando al viejo PRI en algunas de ellas (siete estaban gobernadas por este partido), generando procesos de alternancia y de cambio.

Lo que estamos viendo es una mutación de las fuerzas políticas a partir de dinámicas locales y diferenciadas en cada entidad, mostrando un país heterogéneo y no homogéneo como a veces se cree o lo ven los gobernantes. Hay estados que ya van en su tercera alternancia mientras otros están saliendo apenas del dominio de un solo partido político.

En la mayoría de estos estados hay un desplazamiento de la vieja clase política, especialmente la del PRI, y su sustitución por otra como Morena, pero no porque se vea como la mejor alternativa sino porque no hay más, y los otros partidos están muy desprestigiados o en decadencia.

Entonces, el avance de Morena es muy relativo. Refleja más un reacomodo de grupos y electores, una diferenciación entre zonas urbanas y rurales, así como el desplazamiento de la vieja clase política que ha estado gobernando durante los últimos 50 o 60 años en la mayoría de los estados. Con todo, no deja de ser relevante.

Sin embargo, al lado de estas victorias Morena sufrió una gran derrota en la CDMX al haber ganado sólo siete alcaldías de 16, mientras la oposición se quedó con nueve y ganó escaños en el congreso local. La derrota tiene una carga simbólica de enorme importancia, por muchas razones. Porque la Ciudad de México es el corazón político del país, porque ha sido el reducto principal de Morena y de las fuerzas de izquierda desde hace tiempo, y porque en gran medida lo que sucede ahí irradia al conjunto del país.

La derrota en la Ciudad de México es la llamada más fuerte que ha recibido el presidente López Obrador, no las autoridades locales, sobre su gestión y sobre la orientación de algunas de sus políticas. Nos guste o no, la población de la capital es la más politizada, la más activa y crítica de los gobiernos, y ahora ha marcado su raya con respecto a Morena y el presidente.

La segunda gran derrota que ha sufrido Morena en esta elección es el no haber podido lograr la mayoría calificada en la cámara de diputados, ni sumando sus aliados como el PT y el PVEM. No es fácil entender esta nueva situación, incluso para algunos panistas, pero significa algo muy simple: que la Cámara está en mejor condición de jugar un papel de “contrapeso” frente al poder ejecutivo.

Claro que el presidente va a seguir intentado construir una mayoría calificada para ciertos puntos, pero ya no va a ser igual. La cámara, a pesar de este precario balance, va a ir reflejando cada vez más la pluralidad del nuevo mapa político del país. Que es en el fondo lo que se buscaba restablecer en esta elección, no parar o frenar al gobierno obradorista.

El balance general, en suma, nos indica que hay un país diversificado, plural, que camina a ritmos distintos según las entidades y que no hay o no puede haber un sólo proyecto de cambio encabezado por una sola y única fuerza política. El mensaje es clarísimo.

En el caso de Baja California, sobre el que volveré después, Morena ganó de nuevo todos los cargos, pero en el fondo perdió el morenismo y con el triunfo de Marina del Pilar le abrieron la puerta a una vieja clase política, que le entregará el poder a una parte del panismo corrupto y a otra del priismo transfigurado. La mayoría de los votantes no saben esto, porque sólo les interesa darle su apoyo al presidente.

En esta entidad, la fuerza de Morena descansa en la profunda miseria en que cayó el panismo a lo largo de sus gobiernos, pero el nuevo partido no constituye una alternativa porque los que realmente van a gobernar vienen del mismo tronco de ese árbol que se pudrió en los últimos años. Aquí no hay nada que festejar.

*-El autor es analista político.

Comentarios