Columnas

¿Ni una coma?

Habrán pasado unos siete envíos a La Crónica cuando mandé una columna con el título de “Ni una coma”.

Habrán pasado unos siete envíos a La Crónica cuando mandé una columna con el título de “Ni una coma”.

Hoy, por los misma problemas en que ha caído la culminación en los respectivos Congresos, Senadores y Diputados, en torno a la aprobación final de la Reforma Educativa, (nota reciente de los últimos de abril), me permito, una vez más, tocar el tema.

La reforma peñista contiene o contenía varias virtudes o aciertos.

Para empezar, el enfoque del gobierno de Peña Nieto atacaba de fondo; de raíz; de manera sustancial el verdadero problema en México en referencia a la educación de la juventud y niñez mexicana.

La reforma del anterior presidente no se andaba por las ramas ni con posturas ideológicas y por la tanto demagógicas.

La reforma del anterior mandatario iba al fondo al problema de la educación en nuestro País. No era acomodaticia a el gusto de los maestros, ni buscaba, para quedar bien con los profesores, su complacencia.

Esta reforma de Enrique Peña Nieto respondía no al mando de los organismos internacionales sino a las encuestas reales, específicas, contundentes de la deplorable, insuficiente y mala educación de nuestros niños, con un promedio, en las estadísticas   de los últimos más mal educados en el concierto internacional, fuentes de la ONU ante todo, entre otras.

Sería muy positivo, ya de perdida, “un perdido a todas va” en la reforma Educativa del actual gobierno obradorcista. Que pase la orden en el sentido de que el “50% de las plazas del magisterio nacional se le entregará al SNTE, o incluso la CNTE.

He aquí el riesgo inminente de la corrupción por parte de los sindicatos en el manejo de estas plazas, pero a la vez no tengo la certeza de que esta canonjía a los profesores será en verdad una realidad.

Me queda claro, que de acuerdo con los últimos pronunciamientos del gobierno, las plazas de los maestros sólo serán manejadas por la Secretaría de Educación, Hacienda e incluso de Gobernación, y que por lo tanto el supuesto 50% para el magisterio, no es verdad.

Si así es, en buena hora que el gobierno de AMLO se ha fijado el cinturón, es decir, no ha cedido a chantajes o a las presiones de los sindicatos.

López Obrador no debe ceder al chantaje de los profesores. Y si estos en sus reclamos cometen ilícitos de cualquier índole, no se les debe perdonar, o no sé por qué motivos, mostrarse blandido el Presidente; e incluso liberarlos de su detención por delitos cometidos.

Naturalmente que esto no es lo correcto, a no ser que sea por quedar bien con los profesores. Ojos vemos, corazones no sabemos.

México entero está de acuerdo con este escribidor: quizá la excepción son las multitudes morenistas incondicionales generalmente al Presidente.

Esta columna es al margen de todas las cosas buenas que está haciendo Obrador. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

* El autor es artista plástico.
 

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