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Más poder a los militares: ¿Por qué?

¿Quién iba a pensar que un gobierno como el de Andrés Manuel López Obrador, que se asume como progresista y de izquierda (aunque no lo sea).

Por Benedicto Ruíz Vargas

¿Quién iba a pensar que un gobierno como el de Andrés Manuel López Obrador, que se asume como progresista y de izquierda (aunque no lo sea), sería el que le entregara amplias porciones del poder al Ejército y a los militares en general? Es algo absolutamente inconcebible, pero eso es lo que está sucediendo en nuestro país.

Como lo han señalado varios otros analistas, no hay ningún fundamento legal ni de ningún otro tipo para hacer esto. Todos los argumentos que ha esgrimido AMLO son falsos o tienen muy pocos asideros, como en muchas otras políticas adoptadas en estos cuatro años de obradorismo.

Cito uno de ellos, al que recurre con mayor frecuencia para justificar el nuevo papel que el presidente le está asignando a las fuerzas armadas: que el ejército mexicano no es igual que otros; que el nuestro es producto de una revolución; que no es un ejército de la oligarquía (como en otros países); que este ejército es “pueblo uniformado”, integrado por campesinos y obreros; y que siempre ha sido leal a México y al poder civil. Etcétera.

¿Podríamos calificar esta visión como ingenua, retórica, producto de la ignorancia o simplemente como un intento de manipular o tergiversar la realidad? Digamos que es una mezcla de todas, porque está elaborada principalmente para escamotear la verdad. Es decir, para no revelar cuál es la verdadera intención de empoderar al ejército como lo está haciendo AMLO.

López Obrador habla del ejército como si hace una semana sucedió la “batalla de Puebla”, o los soldados mexicanos apenas se están quitando el polvo de las luchas por la independencia del país. Para hacer que encaje la realidad con su narrativa se salta varias décadas y establece una continuidad entre el pasado y el presente, diciendo que este ejército viene desde allá, que es el mismo.

Después de hacer esto, como en toda la narrativa de la 4T, el presidente lanza una pregunta al aire: ¿Cuál es la fuerza más preparada, más disciplinada y entrenada, menos incorruptible, para hacerse cargo de la seguridad del país y de otras funciones económicas que le corresponden al Estado? Claro que el ejército, responde.

Ante la desconfianza del presidente en los otros entes, el ejército está a cargo de los aeropuertos, de las aduanas, de la construcción del Tren Maya y de muchas otras actividades, pero sobre todo de la seguridad pública, aunque sus resultados no hayan sido tan efectivos a lo largo de los últimos 15 años.

En aras de que el ejército tenga facultades meta-constitucionales, por lo menos hasta 2028, AMLO ha recurrido a los viejos métodos del régimen priista que conseguía decisiones mayoritarias a través de extorsionar o amenazar a sus adversarios, como lo ha hecho ahora con el PRI y con otros miembros de otros partidos.

¿Qué es lo que explica todo esto? ¿Cuál es la verdadera razón para darles todo el poder a los militares? Desde mi perspectiva, la razón principal tiene que ver con la debilidad del país y las condiciones en que López Obrador se lo va a entregar a su sucesor, que lo más seguro es que sea de Morena.

Explicado de otra forma esto quiere decir lo siguiente: el gobierno de AMLO no ha obtenido ningún cambio sustantivo en ningún rubro de importancia. Ha sido un gobierno de fuegos artificiales y de aspectos simbólicos, pero no hay nada en cuanto a, por ejemplo, el modelo económico (¿es menos neoliberal ahora?), en cuanto a la pobreza y las oportunidades para los jóvenes.

¿Tenemos ahora un mejor sistema educativo o de salud, una mejor distribución de la riqueza social, mejor impartición de la justicia, un país más incluyente desde el punto de vista de las oportunidades? ¿Durante el gobierno de AMLO ha mejorado nuestra democracia, las libertades, hay mayor tolerancia hacia las críticas y las ideas contrarias? ¿Se respira mayor libertad y una mejor convivencia entre los mexicanos?

No hay nada de esto y el gobierno está a punto de terminar en medio de una ola de crímenes y de violencia por todo el país. Todo está sostenido con alfileres. AMLO tiene el respaldo de la gente, pero no a su gobierno. La gente apoya al personaje pero ya muy poco las acciones del gobierno.

AMLO se extravió y en lugar de sentar las bases de un cambio profundo en el país, se dejó guiar por su odio a los que en algún momento lo obstruyeron para conseguir el poder: los Salinas, los conservadores, la burguesía, los intelectuales orgánicos, los periodistas, algunos académicos, etcétera.

El país no ha sufrido ninguna “transformación” positiva, algunos reciben más que antes pero a costa de destruir las pocas instituciones que sostenían el tejido social y la débil convivencia política. Ahora todo está roto. Para impedir una debacle mayor, Amlo necesita el ejército. Así ha sucedido en los países donde hay dictaduras.

*El autor es analista político

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