Columnas REFLEXIÓN UNIVERSITARIA

Los flancos abiertos de AMLO

Muchos teníamos la esperanza de un cambio verdadero en nuestro país, necesitábamos ver cambios políticos que vinieran a renovar el paradigma tradicional de hacer política.

Muchos teníamos la esperanza de un cambio verdadero en nuestro país, necesitábamos ver cambios políticos que vinieran a renovar el paradigma tradicional de hacer política. La sociedad estaba harta de tanta corrupción y tenía sed de justicia, se esperaba que con la llegada de López Obrador hubiera un líder que cambiaría en favor de los que menos tienen. Pero lo que se ha visto hasta ahora, es lo mismo de siempre, aunque a él le enoja que lo compares con sus antecesores. Ha estado insistiendo en cambiar la forma, pero el fondo sigue siendo el mismo. Al igual que los políticos tradicionales está pensando en la próxima elección y no en la próxima generación, prueba de ello es la orientación del gasto público con fines electorales. El apoyo a las personas de la tercera edad, discapacitados y a los jóvenes estudiantes no es otra cosa que hacer futurismo político. 
La sociedad pensó que por fin había llegado al poder un estadista que cambiaría todo de fondo, pero hoy percibimos con desánimo que este cambio fue pura simulación. López Obrador ha insistido que cambiaría de régimen, es más ya decretó la desaparición del modelo neoliberal de nuestro país, cosa más absurda, porque los cambios en la sociedad y en la forma de hacer política no se dan por decreto, es la sociedad la que los empuja y deben venir de abajo hacia arriba como ha ocurrido en todas las revoluciones. El cambio de régimen implica la renovación de un conjunto de normas o reglas, que nos pueden llevar a un "régimen constitucional, absolutista o comunista", y al parecer, el que ha escogido es el régimen absolutista, por la forma en que está gobernando. No estamos viviendo un estado de derecho, estamos a capricho de un solo hombre que concentra todo el poder y las decisiones y que ha menospreciado a las leyes e instituciones.
Aunado a lo anterior, cada día se incrementan los “flancos abiertos” con proyectos de dudosa implementación, sus diferencias con el sector privado le han venido acarreando desgaste en su popularidad que para el mes de julio llega al 43% de aprobación, cuando a principios de su administración había estado entre 70% y 80%. Enemistarse con el sector empresarial es funesto para su gobierno ya que las expectativas de crecimiento económico disminuyen a diario y ponen en riesgo la gobernabilidad, las diferencias con el sector privado en nada coadyuvan a su gobierno y a la sociedad en general. Para abatir el desempleo y la disminución en el crecimiento económico es necesaria la inversión privada nacional o extranjera. El estado es el encargado de generar las condiciones para que el capital invertido genere además valor agregado e impuestos para el gobierno. 
En lugar de conciliar y convocar a la unidad se ha dedicado en las mañaneras casi todo el tiempo en dividir. Otro asunto que ha puesto en estado de alerta la seguridad del país es la Policía Federal, quienes se niegan a integrarse a la “Guardia Nacional” argumentando pérdida de prestaciones, antigüedad y otras ayudas, además de que no desean pertenecer al cuerpo militar. Otro tema, que vulnera el estado laico es el involucramiento de más de 10 mil evangélicos que predicarán la cartilla moral de AMLO, poniendo en alerta a la cúpula católica del país y generando un sentimiento de rechazo, ya que México es el segundo país más católico del mundo, solo superado por Brasil. Por último, el sector salud es otro de los renglones torcidos de AMLO, no hay medicamentos en los hospitales, por decir lo mínimo, pero ya les prometimos a los migrantes empleo, salud y educación que miles de mexicanos no tienen.


*El autor es economista egresado de la UABC

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