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Columnas

Larga senda de cruces

Sobrevinieron muchos años de frecuentes asesinatos de mujeres antes que la autoridad judicial o legislativo se pronunciara, así fuera de lengua, sobre un abominable asunto considerado, escuchado y atendido por el régimen Prianista de forma mezquina.

Por Antonio Medina de Anda

Sobrevinieron muchos años de frecuentes asesinatos de mujeres antes que la autoridad judicial o legislativo se pronunciara, así fuera de lengua, sobre un abominable asunto considerado, escuchado y atendido por el régimen Prianista de forma mezquina pues aparte del desdén dedicado a los denunciantes por rutina, de manera expresa, terminaban responsabilizando a las víctimas de incitar  su propio exterminio por concurrir a lugares no “aptos” para damas, vestir “inapropiadamente” o no advertir a tiempo los “impulsos coléricos” del marido, pareja o novio.

Ejemplos de ministerios públicos y gobernantes de actitudes similares, impunes y corruptas sobran descollando, por su cantidad y dramatismo, lo acontecido durante lustros en Chihuahua cuyo silencio y complicidad de políticos locales y federales perduró hasta convertirse en investigación pruebas y denuncias reveladas por organismos de Derechos Humanos y medios extranjeros permitiéndole, a la opinión nacional e internacional, tener certidumbre sobre las hasta entonces encubiertas y desvalorizadas muertas de Ciudad Juárez, su rapto, ejecución y sepulcro clandestino que, repito, ninguna autoridad investigó hasta no tropezar con un largo sendero de cruces que los dolientes sembraron como mudo testimonio.

Posturas infames asumidas por funcionarios y cuerpos policiacos inducidos por conductas discriminatorias y despreciativas (sexistas) hacia  mujeres consideradas, de parte de dichos sujetos cerriles, como cosa intrascendente o poco dignas de tomarse en cuenta excepto para cocinar, parir y satisfacer –con o sin deseo- los instintos carnales del macho dueño del alma, cuerpo, pensamiento y vida del etiquetado sexo débil a quien desde la cima del poder se denigra y fomenta: “viejerio” llamó el decrépito Diego Fernández de Cevallos a las críticas del corrupto panista en tanto, el desquiciado Vicente Fox, las denigró nombrándolas “lavadoras de dos patas” lo cual de inmediato fue festinado por infaltables mercenarios de prensa, radio y televisión.

Con actos y antecedentes del estilo y proceder antes plasmados, la clase política y sus usufructuarios  lejos de legislar en prevención, derecho y abrigo de las mujeres proporcionalmente en merecido castigo de sus recalcitrantes vapuleadores, dejaron pasar una tras otra agresión antifeminista hasta el surgimiento del común y corriente feminicidios que antes ensayó con rutinaria violencia en casa, puñetazos, patadas o abandono de hijos donde un crudo testimonio lo personifican decenas de miles de Jefas de familia responsabilizadas de mantener y cuidar el hogar lo que estudios sociológicos  indican las hace más vulnerables frente a la carroña que las hostiga por “ solitarias y desatendidas”.

Por supuesto; después de un virulento y prolongado vía crucis que aún se ensaña en contra de las mujeres mexicanas, la batalla y resistencia organizada por las mismas gradual y firmemente va en ascenso a pesar del viento y marea en contra que a veces cínica, quizás oportunista y en ocasiones fascista; más temprano que tarde habrá de conquistar la verdadera nivelación por encima de la capirotada leguleya y falaz traducida como lo “equivalente en puesto de elección”, “igualdad de género”, derechos parejos” y poses aproximadas.

Sobra decir que la presente y futura lucha es de toda la sociedad…

* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

 

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