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Columnas

La felicidad

Hoy es sábado 23 de mayo. Para que se publique esta columna será miércoles próximo. Y más retraso en este comentario: el día 21 en sus mañaneras el presidente Obrador dijo que de hecho no cree en la medición de la pobreza a través del Producto Interno Bruto en las naciones; que es como los tecnócratas neoliberales; -no fueron exactamente sus palabras desde luego-, miden la felicidad del pueblo. Dijo que él, cree más en la felicidad de la “gente”, por otros medios al margen de la medición de la pobreza por los neoliberales.

Hoy es sábado 23 de mayo. Para que se publique esta columna será miércoles próximo. Y más retraso en este comentario: el día 21 en sus mañaneras el presidente Obrador dijo que de hecho no cree en la medición de la pobreza a través del Producto Interno Bruto en las naciones; que es como los tecnócratas neoliberales; -no fueron exactamente sus palabras desde luego-, miden la felicidad del pueblo. Dijo que él, cree más en la felicidad de la “gente”, por otros medios al margen de la medición de la pobreza por los neoliberales. Debo reiterar que, toda esta forma mía de filosofar no fueron sus palabras pero sí su idea expresada, misma que  a este comentador le cayeron como anillo al dedo  para  hablar de Andrés Manuel López Obrador, nuestro presidente.

He aquí, lo más importante: afirmó que se dará a la tarea de definir; de encontrar el secreto de la felicidad, y, que desde luego hará de todo esta investigación, una especie de tapa bocas a los teóricos economistas. Que el Producto Interno bruto para medir la pobreza, es teoría de neoliberales y que, su percepción; su  idea  de La Felicidad, naturalmente será muy diferente a las categorías de estos  analistas neoliberales. Que en eso ocupará parte de su tiempo: en busca de La Felicidad, con mayúscula.

Como si la felicidad fuera una especie de creencia religiosa; igual que los aleluyas o los grupos de la hermandad religiosa creyente en Cristo fuera la clave. Pudiera ser Vea usted -Yo en verdad no he visto personas, familias más contentas consigo mismas que los llamados hermanos en Cristo. Posiblemente esta sea la felicidad; esta forma de estar contento con la vida, en la que cree Obrador. Y si así fuera, en realidad nada tendría de malo. Con frecuencia además, la felicidad, como la ética  o la verdad etc.,  es tema que forma atarte de mi interés durante el trayecto de mi vida, mucho me ha servido en este galimatías, ser testigo de la pobreza en que llegaron al Valle Imperial campesinos de Jalisco; parte de mi familia entre tantos más, y al final de sus vidas el sistema de “ayudas” del gobierno de Norteamérica les entrega una “ayuda” mensual de más o menos 900 dólares y con ello medio viven felices, hasta morir. Me pregunto a la vez si Obrador cree que  con dos o tres mil pesos trimestrales una familia en México pudiera ser feliz; y esto le ha producido cientos de miles de aplaudidores que en todas las consultas a que convoca, votan invariablemente a su favor. Que, nuestra mandatario filósofo cree que es todo lo que el pueblo requiere;  el pueblo sabio. No tengo la menor idea hacia dónde va nuestro Presidente en busca de la felicidad; como si esta idea estuviera por allí escondida en alguna esquina o en algún altar y que a la vez fuera algo tangible, medible, como se mide un litro de leche o dos metros de mezclilla.

Pero, aun hay más. Siempre pongo como ejemplo al respecto de un pueblo feliz, por su manifiesta alegría: Cuba, en los mejores tiempos de Fidel Castro. Aquellas multitudes reunidas en el centro de La Habana para escuchar los discursos de Fidel. Por sus aplausos, por su alegría manifiesta, por sus gritos de aprobación de todo lo que Castro les decía, se pudiera creer que aquel pueblo cubano era definitivamente feliz y, a la vez me pregunto si  estas multitudes se acercan de alguna forma a lograr la felicidad de los mexicanos a través del  liderazgo de Obrador. Ya que es obvio: el “arrastre” de nuestro presidente. Se aproxima en buena parte a aquellas multitudes gritando muera el capitalismo. Pero, regreso: 900 dólares mensuales de los gobiernos capitalistas para cualquier trabajador de los campos agrícolas de California, al llegar a su vejez es un apoyo nada despreciable. Naturalmente, dista enormemente de tres mil pesos bimestrales o trimestrales para los más pobres de México, caso que a la felicidad se pudiera llegar por estas dádivas. Lo cierto: la aceptación de Andrés Manuel López Obrador ante un altísimo porcentaje  de mexicanos es sin duda reconocible por sirios y troyanos.

Hoy nuestro presidente además de ser un hábil, casi experto en el manejo de las multitudes que lo siguen ciegamente en todas sus consultas se podría convertir  a la vuelta de los años en un extraordinario filósofo. Así de simple.

* El autor es artista plástico.

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