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Columnas

En el Día de la Mujer

¿La evolución que a lo largo de la historia hemos tenido, ha sido para bien o para mal? ¿Hemos avanzado o retrocedido? Después de años de lucha por los derechos de las mujeres, ¿Vivimos mejor que aquellas que nos antecedieron? Veamos: 

Por Anita B. de Ochoa

Hoy es el Día Internacional de la Mujer, y en este marco, hagámonos estas preguntas: 

¿La evolución que a lo largo de la historia hemos tenido, ha sido para bien o para mal? ¿Hemos avanzado o retrocedido? Después de años de lucha por los derechos de las mujeres, ¿Vivimos mejor que aquellas que nos antecedieron? Veamos: 

Hace tres generaciones, las mujeres nacidas en los años treinta, raramente trabajaban o estudiaban. Se casaban a los 14 o 15 años, dedicándose a su casa, esposo e hijos, que en promedio eran entre ocho y diez.  

Con las mujeres que nacieron en los años cincuenta se inició el cambio. Salimos a trabajar, a estudiar, y pudimos votar. Se incrementaron las oportunidades en los ámbitos político, laboral, económico y social. Se redujeron los hijos a cuatro o cinco, y con el movimiento feminista, la mujer compaginó familia y trabajo.  

Hoy día las mujeres estudian una carrera, maestría, doctorado, trabajan, no quieren casarse a temprana edad y saben cuántos hijos tener, dos a tres máximos, aunque muchas solo uno o ninguno. Su vida es muy diferente a las de sus abuelas o sus mamás.  

El día típico de una mujer profesionista, casada y con responsabilidad empresarial, es muy estresante. Inicia desde temprano, terminando a veces hasta la noche, incluye viajes, cenas, juntas, y disponibilidad cuando se necesite. Y aunque estas mismas actividades se den para los hombres, a la mujer se le suman el atender su hogar, el esposo, los hijos, y a veces hasta a sus propios padres.  

Esta es la vida de miles de mujeres queriendo ser buenas profesionistas, esposas madres, amigas, hijas, buscando también estar en forma, guapas, bien arregladas, que, por supuesto terminan agotadas, estresadas y a veces hasta deprimidas por tanta carga.  Esta es la realidad del cambio de la mujer. Por una parte, es positivo tener más oportunidades que antes, pero por otro corremos el riesgo de caer en un desequilibrio que nos haga descuidar nuestra esencia como mujeres, esposas y madres. 

Una amiga me pregunto: ¿Quién inventó eso del feminismo? Antes estábamos tan contentas, disfrutando en casa de nuestros hijos y ahora resulta que debemos ser súper mujeres, hacerlo todo y hacerlo bien. Y aunque la liberación femenina trajo beneficios, también se han perdido cosas importantes, tener tiempo libre, serenidad, paz y vivir con más alegría y sencillez.  

¿Dónde quedó aquella mamá tranquila y en paz que encontrabas en casa por las tardes? ¿Dónde esa esposa, pendiente de las necesidades del esposo? ¿Dónde aquella que vivía feliz y serena, educando a sus hijos?  

No queremos regresar a los tiempos de antes, sino vivir en equilibrio, que implica realizarnos como mujeres en lo laboral, pero también en el campo familiar y personal, sin permitir que este dizque feminismo nos llene de ideas absurdas como sentirse inferior por ser portadoras del milagro de la vida, o competir y estar enfrentadas con el hombre.  

Sentirse protegida por el hombre no es señal de debilidad, dejémonos consentir y conquistar por ellos, comprobaremos cuánto más felices seremos, viviendo plenamente nuestra feminidad que tanta falta hace hoy en el mundo.  

¡Mujer mexicana forja tu Patria ¡ 

* La autora es consejera familiar. 

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