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Columnas

El financiamiento público a los partidos

En una de sus elocuentes intervenciones el presidente López Obrador declaró desde Palacio Nacional el fin de la política neoliberal “aboliendo” de tajo el modelo y su política económica de pillaje, antipopular y entreguista, remarcó que el cambio de régimen significa un cambio profundo, la transformación y regeneración de la vida pública de México.

Por Gonzalo Llamas Bañuelos

En una de sus elocuentes intervenciones el presidente López Obrador declaró desde Palacio Nacional el fin de la política neoliberal “aboliendo” de tajo el modelo y su política económica de pillaje, antipopular y entreguista, remarcó que el cambio de régimen significa un cambio profundo, la transformación y regeneración de la vida pública de México. Ha venido destacando que su gobierno demostrará que la modernidad puede ser concebida desde “abajo” y con inclusión; que el desarrollo no tiene por qué ser contrario a la justicia social. Su modelo se sustenta en la honradez y honestidad como principios básicos, contrario a los valores de la época neoliberal. La austeridad republicana; crecimiento de la riqueza con distribución, pensando en el desarrollo; el humanismo, los derechos e igualdad, son características sustantivas del cambio de régimen.

Para cumplir con los objetivos de la 4T planteados desde su llegada a la presidencia de la república se comprometió a cambiar de régimen, un régimen que atendiera las necesidades de “primero los pobres”. Para este 2021 con un nuevo congreso federal impulsaría varias reformas a la constitución, a pesar de no contar con la mayoría calificada. La primera reforma sería para “fortalecer” a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que los usuarios domésticos paguen menos luz, la segunda sería incorporar la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional. Otra novedad es la ley electoral que insiste en que se tengan 200 diputados y 32 senadores menos y también eliminar la figura de los legisladores plurinominales e incluir además la reducción al dinero que reciben los partidos políticos, ya que se afirma que los comicios en México son los más caros del mundo.

Todas estas modificaciones a la constitución, dependen de que su partido logre sumar algunos votos del PAN, PRI o PRD, o de cualquier otro partido para alcanzar la mayoría calificada. Será una tarea difícil de negociar con la oposición ya que la coalición que encabezan estos tres últimos partidos ha firmado un acuerdo “parlamentario” para evitar que se aprueben estas iniciativas que presentó el presidente. Un tema delicado sin duda, será el relativo al financiamiento de los partidos políticos, por ley estos están considerados como entidades de interés público con personalidad jurídica y patrimonio propios, con registro legal ante el Instituto Nacional Electoral o ante los Organismos Públicos Locales y que tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática.

Una reducción a las prerrogativas que reciben los partidos políticos es casi imposible, si tomamos en cuenta que anteriormente han gobernado el PRI y el PAN y jamás lograron reducir o desaparecer este apoyo financiero. Indudablemente, se han creado vicios y algunos partidos se han constituido en negocios familiares, que viven del erario y que se han transformado en partidos “bisagra” que saben negociar y que pueden cambiar de color según les convenga para vender “caro su amor” al mejor postor. Sin embargo, sería muy riesgoso reducir el apoyo a los partidos ya que abriría las puertas a la entrada de recursos económicos de dudosa procedencia. En esta última elección, se dice y está documentado, que el crimen organizado tuvo mucho que ver en la definición de candidaturas y en algunos casos eliminó a candidatos no deseados, que también otorgó apoyos económicos para obtener triunfos.

El sistema de partidos está obligado a fortalecer la democracia y la competencia entre iguales, sin embargo, a Morena le conviene que los partidos reciban menos recursos ya que ellos disponen de todo el presupuesto que ejerce la administración pública y, además, el presupuesto destinado a los Ninis, adultos mayores y a personas con capacidades diferentes que se han convertido en “electores cautivos” para ganar elecciones. Hoy en día todos los cambios se realizan en función del interés del gobernante en turno, el partido, grupos fácticos que se benefician o perjudican con las grandes modificaciones, según sea el caso. De tal forma que todo es relativo que nadie tiene la verdad absoluta. Los cambios que se dan siempre buscan el interés particular antes que el colectivo. Debemos entonces evitar que las instituciones nacionales se conviertan en un “narcoestado” cuando se pretende eliminar o reducir las prerrogativas al sistema de partidos.

*- El autor es economista egresado de la UABC

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