No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Desarrollo urbano

En México en el año de 1976, la subsecretaría de Bienes  Inmuebles y Urbanismo, dependiente del a Secretaría de Patrimonio Nacional (SEPANAL)

Por Jaime Navarro

En México en el año de 1976, la subsecretaría de Bienes  Inmuebles y Urbanismo, dependiente del a Secretaría de Patrimonio Nacional (SEPANAL) elaboró una primera metodología para la realización de Estudios y planes de Desarrollo urbano elaborando los 3 primeros en la historia del país, se escogieron a las ciudades de Ensenada, B.C., Tecate B.C. y Cozumel, Q.R. Baja California desde entonces cuenta en todos sus municipios con planes de desarrollo urbano de  centro de población, (PDUCP), en donde se establecen los límites de la ciudad, la matriz de usos de suelo, se definen muy claramente las zonas residenciales, la convivencia entre los usos de suelos mixtos (comercial y habitacional), usos comerciales, uso industriales y las zonas de uso industrial de alto riesgo.

A raíz de la elaboración de dichos planes, se formaron institutos municipales de investigación y planeación urbana, (IMIP o IMPLAN) a través de los cuales se diseñarían, coordinarían, promocionarían e instrumentarían las políticas, planes y programas de desarrollo urbano municipal, dentro de sus jurisdicciones territoriales.

Estos institutos al estar ciudadanizados lograrían un desarrollo sustentable en base a criterios técnicos y científicos actuales, buscando fortalecer el desarrollo urbano estableciendo la continuidad de los proyectos estratégicos a largo plazo, buscando siempre el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Un plan de desarrollo que no se vigila y que no se controla no sirve, es necesario tener un sistema normativo para el control, vigilancia y administración del mismo con la única finalidad de mejorar el ámbito urbano y la calidad de vida de los habitantes del Municipio.

Como muestra basta un botón, en Mexicali no se ha tenido un férreo control sobre lo que se encuentra planeado, es muy común ver que una calle recién pavimentada se vuelva un corredor comercial, muchas veces contraviniendo lo establecido en los planes de desarrollo urbano y sus usos de suelo. Nuestra ciudad sufre de la falta de control urbano y de usos de suelo, en una zona residencial de repente se aparece (avalada por la autoridad municipal) una tienda de conveniencia entre dos residencias de alto valor comercial y en donde se supone que solo debe haber casas-habitación, fraccionamientos como Jardines del Lago, Los Pinos, Jardines del valle, Insurgentes, Maestros Estatales y la Colonia Nueva son víctimas de esa falta de control, de la noche a la mañana aparecen espectaculares, talleres mecánicos, boutiques, zapaterías, loncherías, farmacias, herrerías, etc.

Todos al margen del reglamento de la ley de edificaciones, principalmente en lo que a estacionamientos se refiere y por supuesto con las consecuentes molestias a los vecinos que ocupan sus casas habitación. Cada tres años a los municipios del estado llegan funcionarios al área de control urbano con muchos ánimos de que las cosas mejoren, pero a los tres meses ya se los comió la burocracia y la prepotencia, se vuelven expertos en desarrollo urbano y dueños de la verdad.

Utilicemos a los organismos ciudadanos para exigir un buen control urbano, no sujeto a caprichos y a malas decisiones de funcionarios sin capacidad para ocupar los puestos claves en el desarrollo de las ciudades.

El control urbano no debe ser un ente meramente recaudatorio, nuestra ciudad está llena de anuncios espectaculares que la afean, el reglamento de imagen urbana no ayuda en nada a que nuestra ciudad sea agradable a la vista, ya es tiempo de cambiar de estrategia para que Mexicali se vuelva una ciudad de primer mundo, juntos debemos hacerlo, los tres niveles de gobierno deben ser facilitadores para ese cambio y dejar de lado su visión recaudatoria, a la cual nadie se opone, siempre y cuando no esté sujeta a caprichos o a malas interpretaciones de la ley.

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

 

Comentarios