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Columnas

Culiacán

Todo mundo habla de lo acontecido en Culiacán Sinaloa recientemente. Un operativo que puso en riesgo la vida de sus habitantes, evidenciando la nula planeación que los obligó a soltar a Ovidio Guzmán López.

Por Anita B. de Ochoa

Todo mundo habla de lo acontecido en Culiacán Sinaloa recientemente. Un operativo que puso en riesgo la vida de sus habitantes, evidenciando la nula planeación que los obligó a soltar a Ovidio Guzmán López. Acción que periodistas extranjeros han calificado como humillación y fracaso del actual gobierno.
Pero además del ridículo internacional de México, hay algo realmente preocupante. La liberación de Ovidio, al margen de las razones de López Obrador, da un claro mensaje a los grupos delincuenciales: Ellos tienen el poder.  Han comprobado que, sembrando terror pueden seguir haciendo lo que les de su gana, y hasta ser un factor decisivo de desestabilización del país.
¿Donde quedó la capacitación, organización y destreza que habían acumulado durante años las fuerzas armadas para combatir al narcotráfico? ¿Será que ha sido suplantada por la burla y simpladas banales como fuchi, guácala, pórtense bien, acúsenlos con su mamacita     ? Expresiones de López Obrador que aunque sus seguidores se las celebren, no solo son totalmente impropias de un presidente que, debiendo actuar con seriedad y responsabilidad, para el desarrollo y bienestar de su país,  pone en riesgo la vida de los mexicanos, al considerar que el trato con la delincuencia es como un juego y en éste caso, llevar a cabo un operativo chafa,  improvisado y mal planeado.
Ese jueves negro para Culiacán, donde el narco tomó el control, hubo de todo; fuga de  51 reos del penal, incendios, cierre de escuelas, negocios, bancos, horas de angustia al  escuchar las balaceras desesperación por encontrar a familiares,   una tragedia que no merecían los culiches, provocada por la ineptitud de un gobierno que esperó tres sexenios para gobernar y no ha tenido la capacidad de hacerlo.  
Pero como todo tiene su lado positivo, esto también lo tiene. Un residente de esa ciudad me escribió lo siguiente: “Cuando el servicio de camiones paró, varios autos se detenían en las paradas de autobuses, dando raite gratis. Varias personas ofrecían sus casas o departamentos céntricos a desconocidos para pasar la noche. Empresas como Coppel, Ley, Aurrerá, Waltmart, ofrecían café y bocadillos en su interior. Algunos durmieron en colchones -que ellos venden- adentro de las tiendas. Hubo oficinas que sus empleados ahí pernoctaron. Varios psicólogos estuvieron dando terapia telefónica gratis. Iniciaron cadenas de oración, varios grupos se activaron y hasta los más ateos rezaron.  Todos tuvieron alojamiento, hasta quienes duermen en la calle. Al otro día, el 90% de los negocios no abrieron para salvaguardar la vida de sus empleados.
Es decir, en medio del caos, hubo una sociedad solidaria, desinteresada, de apoyo y cariño. Y por toda esa gente que ofrece su corazón es que amamos a Culiacán. Nos duelen las vidas perdidas, pero estamos orgullosos de la solidaridad mostrada ante ésta tragedia. Lo mejor de Culiacán es su gente, que a pesar de estar aterrada, con lágrimas en los ojos, dio su mano y nos dio ejemplo.”
El panorama en general no es nada alentador,   ¡Preparémonos! oremos por México, y asumamos como mexicanos,  un compromiso serio de luchar por él.
¡Mujer Mexicana forja tu Patria ¡

* La autora es consejera familiar.

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