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Columnas

Cuernos importantes

Me refiero a los apéndices de los borregos cimarrones. Como las vacas, cabras y ovejas, el animal los porta durante toda su vida.

Por Alberto Tapia

Me refiero a los apéndices de los borregos cimarrones. Como las vacas, cabras y ovejas, el animal los porta durante toda su vida. Los venados por el contrario, los mudan cada año. Los cuernos están conformados de keratina, la misma materia que nuestras uñas y no dejan de crecer mientras el animal viva. En los cimarrones, su esqueleto deja de crecer alrededor de su cuarto año de edad, el organismo ya maduró, aunque son capaces de reproducirse desde años atrás.

Pero los cuernos son tan importantes para los borregos que les crecen durante toda su vida, con pausas durante los inviernos, quizá en recuerdo de pasadas épocas gélidas que los animales gastaban toda su energía para defenderse del frío. Cada pausa deja una huella en el cuerno del cimarrón. La cuarta es la más marcada, los llamados “anillos de crecimiento” se distinguen de las arrugas que caracterizan a estos apéndices porque circundan todo el cuerno. Con un poco de entrenamiento el observador puede estimar la edad de un cimarrón con precisión.

Ha habido borregos que en cautiverio alcanzaron los 18 años de edad, pero en vida silvestre viven menos. En medio siglo de observar el fenómeno nunca he encontrado a un cimarrón de más de 12 años de edad. Los más viejos revisados, de cornamentas encontradas o que fueron cazados, andan entre los nueve y 11 años de edad. Pero un borrego adulto de seis o más años y con una cornamenta de más de tres cuartos de vuelta, es un digno representante del sexo de su especie. En Arizona y Nevada no se cazan cimarrones de menos de ¾ de vuelta.

Pero tampoco son muchos aquellos animales que alcanzan la vuelta completa, más bien son excepciones. Y en esta característica tiene mucho que ver su conducta. Los machos cornudos pelean entre sí dándose de topes y en ocasiones se astillan o rompen las puntas de sus cuernos. Pero también los utilizan como herramientas. Se les ha visto y fotografiado derribando biznagas con ellos, para comerles la raíz y eventualmente toda la pulpa jugosa a falta de agua disponible en su árido hábitat. Los guías borregueros los buscaban localizando biznagas partidas a la distancia con binoculares, se ven muy blancas en las laderas del desierto que habitan.

Pero los cuernos ovinos tienen otra función vital. Con ellos, los machos de mayor vigor descartan a competidores inferiores a base de topes y se ganan el derecho de heredar sus genes a la nueva generación. Los humanos hemos elaborado el discurso de que la hembra intuitivamente sólo se deja cargar por estos machos dominantes, aunque hay jóvenes traviesos que las montan mientras los grandes pelean. Para los cimarrones sus cuernos son tan importantes que en su organismo les dedica el 10% de su peso, es decir, un cimarrón de 90 kilos porta cuernos de nueve. Como a sus hembras, a los humanos también nos deslumbran sus apéndices. Reflexiones sobre mi nuevo libro ¡BorregoS! Historias Cimarronas.

* El autor es investigador ambiental ENCERRADO.

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