Tendencias
Cintilla de tendencias

COVID-19

Cecyte

Cahova

Violencia de género

Autos chocolate

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Cruzar a Estados Unidos sin pasaporte

Gran revuelo ha causado entre los cachanillas la noticia de la próxima apertura de la garita internacional que divide Mexicali de Calexico en noviembre.

Por Beatriz Limón

Gran revuelo ha causado entre los cachanillas la noticia de la próxima apertura de la garita internacional que divide Mexicali de Calexico en noviembre. Ha sido una larga espera y los mexicanos están ansiosos de hacer filas de hasta tres horas por ir a visitar la tienda de saldos Ross y las hamburguesas del Jack in the Box.

Pero hubo un tiempo muy diferente al viacrucis que se ha vuelto el cruce al gabacho, muy distante a las exhaustivas revisiones, el tráfico de drogas, los polleros, las políticas racistas, las prolongadas demoras a pie y en auto.

Me contaba mi abuela Esther Grosso, que allá por los años veintes, no había necesidad de mostrar el pasaporte, el oficial ya conocía a las personas que iban a trabajar “al otro lado”. Así que mi abuela solo saludaba al guardia de migración cuando cruzaba a Calexico para laborar en la conocida tienda Sam Ellis.

La garita tenía horarios donde cerraban a temprana hora, así que los jóvenes que se quedaban en Mexicali por andar en la fiesta o visitando a las novias, brincaban sin ningún problema por un pequeño puente de madera un canal que dividía la frontera.

También los gabachos tenían un megáfono al que llamaban “La Vaca”, por el sonido similar, y me relataba mi abuela que cuando escuchaban esa bocina, fuera la hora que fuera, tenían que evacuar Mexicali porque era señal que el Río Colorado se había desbordado y se avecinaba una inundación.

En esos impetuosos años veintes, los casinos proliferaron por la Ley Seca, y Mexicali era la frontera ideal para que miles de turistas disfrutaran de las noches de diversión desenfrenadas en casinos como El Gambrinos y El Tecolote.

En ese tiempo, los cachanillas también solían cruzar por la única caseta que fungía como garita, ya que en Mexicali no había cines, mientras Calexico contaba con dos salas El Azteca y el Fox. El primer cine en Mexicali fue el Rex y se apertura en la década de los treintas.

Poco a poco las cosas en el cruce internacional fueron cambiando, las medidas se hicieron más estrictas y el flujo de peatones y autos fue en incremento por las avenidas Colon y Melgar.

Allá por los cincuentas, esas populosas calles contaba con establecimientos como el restaurante chino Changrila, uno de los más representativos en esa época, ambientado con detalles orientales y visitados por turistas californianos.

En la esquina del Hotel del Norte estaba el famoso Gato Verde, donde aseguran un día llegó el actor norteamericano Marlo Brando, y le dio dólares a cada bailarina del lugar, ya corrían los años sesenta.

En los setentas me tocó vivir la efervescencia del “centro” o “pueblo”, como se le conocía a esa zona, tiendas como el Galerón y La Más se abarrotaban por la cantidad de gente en su trayecto hacia las garitas. Recuerdo que en el pasaporte de mi madre solo aparecía su foto y los nombres mío y de mi hermano.

Así cruzábamos, con la palabra de que yo era Beatriz y mi hermano Alejandro, sin hologramas, códigos de seguridad, datos personales almacenados en sofisticados sistemas, huellas digitales. Así fue hasta que cumplí 14 años y obtuve mi pasaporte propio en el famoso “Caracol”.

Así era el cruce antes, sencillo y honorable.

Por si alguien lo recuerda, aquí les dejo este manojo de memorias.

Y si no son tan de antaño, para que conozcan un poco de nuestra historia.

¿Se imaginan hoy en día? Cruzar a Estados Unidos sin pasaporte.

*Periodista independiente para la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ por sus siglas en inglés).

Comentarios