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Columnas COLUMNA HUÉSPED

Comunidad, deporte y convivencia

El deporte ha sido una actividad comunitaria para los bajacalifornianos. Desde 1930 se organizaron competencias atléticas de distintos niveles.

Por Gabriel Trujillo

El deporte ha sido una actividad comunitaria para los bajacalifornianos. Desde 1930 se organizaron competencias atléticas de distintos niveles. Hay que destacar la trayectoria del tijuanense Pedro Zúñiga, con grandes cualidades como atleta, por su velocidad y resistencia. Representó a Baja California en diversas justas internacionales marcando excelentes tiempos para su época. En 1933 ganó el Maratón de Los Ángeles, California. Fue campeón nacional en los 800 metros planos y campeón en relevos 4x400 metros. En 1952, la tijuanense Ida Zonta, incluida en una delegación del estado que concurrió a los Juegos Nacionales de la Juventud, conquistó la medalla de plata en disco y el cuarto lugar en lanzamiento de bala; y Aurora Flores, logró plata en salto de altura. En años posteriores figuraron José Rincón, Rubén Chávez, Librado Zamudio, Pedro Acosta, Lauro Siqueiros, Guillermo Montes, Pablo Díaz, Manuel Bueno, Ciro Medina y Víctor Flores.

Habría que precisar también que a nivel escolar, las niñas no se quedaban atrás y participaban conformando equipos propios de voleibol, de basquetbol y de softbol, pero muchas veces había competencias mixtas dentro de las escuelas del Territorio Norte donde niñas y niños por igual demostraban su valía deportiva.  Y donde junto con un entrenador tan connotado como Teodoro Beltrán (Escuela Benito Juárez) siempre había una entrenadora de igual resonancia como Rosaura Valdez (Escuela Leona Vicario). Recuérdese que el deporte es un espejo comunitario de los mismos cambios de la sociedad fronteriza, que se significaba por una mayor liberalidad de usos y costumbres, y donde la mujer participaba en muchas actividades deportivas que en el interior del país eran impensables o causaban escándalo. En Baja California, la mujer deportista era una figura normal, común. Una participante que era valorada, por sus compañeros y por el público en general, por su desempeño en el deporte en que era integrante antes que por su sexo. Y eso habla de la importancia que las deportistas tuvieron para el desarrollo de nuestra entidad como comunidad en marcha.

Ya Rubén Castro Bojórquez, quien sería un deportista consumado y más tarde rector de la UABC (1979-1983), recuerda (El Río, julio-septiembre 2013) que los deportes iban tomando un espacio mayor en la vida estudiantil de los jóvenes bajacalifornianos de mediados del siglo XX, ya que si se practicaba en los recreos en las escuelas primarias, a nivel de la educación media, es decir, ya en las escuelas secundarias de la entidad, era una actividad primordial, como sucedió en la escuela secundaria #18 de Mexicali, donde afirma que “no todo era instrucción académica, el aspecto deportivo también era parte importante de la vida juvenil, que desbordaba los límites de la escuela, ya que en esa época no proporcionaba grandes estímulos en este campo.”

 A la vez, nuevos deportes, al menos para una entidad fronteriza como Baja California, se iban abriendo paso traídos por los mexicanos que llegaban, en grandes oleadas, pretendiendo emigrar a los Estados Unidos, pero que finalmente se quedaban a vivir en la frontera para obtener las ventajas del país vecino sin tener que sentirse ciudadanos de segunda. Y como dijimos párrafos atrás, las muchachas no se quedaban atrás en cuanto a la práctica de diversos deportes, entre ellos el voleibol y el softbol.

Lo importante de los años formativos del deporte bajacaliforniano, los que tienen la primera mitad del siglo XX como contexto histórico es que estas prácticas no sólo atemperaron las diferencias económicas y culturales de una población mayoritariamente migrante, proveniente de distintas regiones de México y del mundo, sino que ayudaron a conformar una sociedad donde buena parte de los conflictos internos se trasladaron a las competencias deportivas entre ciudades, barrios, colonias, escuelas, sindicatos, gremios, etcétera.

El deportista en lo individual tanto como el equipo en lo colectivo como medios para relacionarse por parte de sectores sociales que, de otro modo, no contaban con una estrecha relación entre sí. El que los niños y jóvenes salieran a competir a lugares fuera de su zona de confort fue un aprendizaje fundamental para conocer la entidad y verse como parte de la misma. Muchos de ellos y ellas salieron como representantes de un barrio o de una población pero terminaron como representantes de toda la comunidad bajacaliforniana. Eso fue básico para crear las bases de un estado libre y soberano a partir de su establecimiento en 1952. El deporte como un vínculo social que nos fortaleció, que nos dio la orgullosa camiseta de la identidad comunitaria.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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