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Columnas

Cobardes ejecuciones

Esta semana que pasó fueron ejecutados dos jóvenes de menos de 25 años, en dos lamentables sucesos.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.

Esta semana que pasó fueron ejecutados dos jóvenes de menos de 25 años, en dos lamentables sucesos. Uno de ellos fue asesinado cuando hacía fila para ir a trabajar a los Estados Unidos, como a las cinco de la mañana, y el otro, también de madrugada, pero cumpliendo con su trabajo como chofer de una Uber. En ambos casos, los jóvenes estaban iniciando sus actividades diarias de trabajo, y su familia no esperaba que algo del tamaño de esta desgracia les iba a cortar su existencia.

 Asombra la frialdad de las ejecuciones, la tranquilidad con la cual se desplazaron los asesinos y la calmada reacción de las autoridades, por establecer una línea limítrofe entre la violencia y el orden social. Hace algunos meses fue asesinado una madrugada, un taxista joven al estar ofreciendo un servicio que le fue solicitado. Era padre de dos niños y comenzaba su jornada diaria, misma que nunca llegó a finalizar.

La delincuencia, la violencia y las ejecuciones externas a las promovidas por el crimen organizado, se incrementan de manera alarmante. La sociedad tecatense está consternada y nerviosa. El hecho de que haya patrones similares en estos tres hechos muestra que, quién los llevó a cabo, podría estar dentro de una conducta delincuencial específica. Los tres asesinatos fueron de madrugada, las víctimas eran jóvenes y, salvo uno de los casos, el crimen fue en una zona con la presencia de mucha gente a bordo de sus automóviles.

Cuando suceden eventos fatales, las familias incrementamos nuestra ansiedad, los padres de familia vivimos y sufrimos momentos frecuentes de zozobra, y no descansamos hasta que llegan nuestros hijos a casa. El estrés que nos provoca una situación así se agrava, con los efectos que nos ha prodigado de manera abundante, la pandemia. En contraste, no vemos que haya una reacción de parte de las corporaciones policíacas, que siguen haciendo de las suyas con los ciudadanos.

 Dos ejecuciones de jóvenes trabajadores por semana son muchas, por lo que urge que se determine una estrategia de contención. En otras regiones del país, los ciudadanos han estado combatiendo la delincuencia con sus propios medios. Si bien esto no es lo ideal y es una reacción ilegal, es también efectiva, en el orden de establecer perímetros de control de la inseguridad. Cuando quienes son los encargados de combatir la delincuencia, investigar, aprehender y procesar a los delincuentes, no hacen su trabajo, entonces le toca al pueblo tomar medidas.

La paciencia de los ciudadanos llega a un límite y después de allí, comienza otra etapa en la cual las acciones sociales son de denuncia, manifestación y agresión abierta. En muchas ciudades de los Estados Unidos, el Japón, Inglaterra y otros, la sociedad está en las calles protestando. Esto puede llegar a suceder en Tecate como una reacción hacia la violencia y las ejecuciones. Aunque las corporaciones policíacas no son las diréctamente culpables, sus inacciones las proyectan como omisas, al menos, de esta ola de violencia. Tecate, siendo una ciudad media, está siendo violentamente golpeada en su más preciado bien: la juventud. No deberíamos sufrir esto sino estar empleando nuestros esfuerzos en desarrollarnos más. No deberíamos sufrir en la zozobra, pero no tenemos cómo proteger a nuestros hijos, mientras son diezmados implacablemente. Vale.

* El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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